
La Casa del Bailío se encuentra en la parte alta de la cuesta del mismo nombre, una zona con gran importancia histórica en la ciudad de Córdoba. Su origen se remonta al reparto de tierras realizado por Fernando III tras la conquista castellana de la ciudad en 1236. En este reparto, las tierras fueron adjudicadas a Bartolomé Corbacho, cuyos descendientes recibirían posteriormente autorización del rey de Castilla y León para usar el apellido Córdoba, pasando a ser conocidos como los Fernández de Córdoba, una de las familias más influyentes de la nobleza andaluza.
Se desconoce el nombre original del enclave cuando aún era un conjunto de casas andalusíes situadas cerca de un gran terreno y junto a un pequeño arco en la muralla, que permaneció en pie hasta 1711. En documentos de finales del siglo XIV, aparece mencionada en esta zona una entrada conocida como “portillo de Ferrant Yñeguez”, que los historiadores identifican con el actual Portillo del Bailío. Esta vía ha sido tradicionalmente un punto estratégico de conexión entre la parte baja de la ciudad, la Axerquía, y la parte alta, llamada Medina, atravesando la muralla de origen romano y remodelada en época andalusí.
Desde entonces, la casa fue la residencia solariega de la familia Fernández de Córdoba. Se tiene constancia de que en ella crecieron personajes ilustres como Alonso de Aguilar, Gonzalo Fernández de Córdoba (conocido como el Gran Capitán) y Leonor de Arellano, protagonistas en la historia militar y política de la Corona de Castilla.
El nombre de Bailío se debe a Pedro Núñez de Herrera, hijo bastardo de Alonso de Aguilar, quien participó en la campaña de Nápoles junto al Gran Capitán y llegó a ser gran bailío de Lora dentro de la Orden de San Juan. En la Edad Media, los bailíos eran altos funcionarios encargados de la recaudación de impuestos y del ejercicio de la justicia en nombre del monarca, lo que les otorgaba un gran prestigio y una posición privilegiada dentro de la nobleza.
El palacio pasó posteriormente a manos de los Marqueses de Almunia, quienes en 1710 vendieron parte de la propiedad al Obispado de Córdoba. En este espacio se construyeron dos importantes edificios religiosos. El Hospital de San Jacinto, destinado a la asistencia de enfermos y pobres y la Iglesia de Nuestra Señora de los Dolores, un templo que se convirtió en un punto de referencia espiritual para la ciudad.
Durante los siglos siguientes, la Casa del Bailío sufrió varias modificaciones y tuvo diversos usos. Entre ellos, sirvió como sede de la Administración de Correos y oficinas de Obras Públicas durante el siglo XIX y principios del XX.
En la actualidad, el edificio está dividido en dos partes con funciones distintas: La Biblioteca Viva de Al-Andalus, gestionada por la Fundación Roger Garaudy, que alberga una colección de libros, documentos y estudios dedicados al legado andalusí y el hotel Palacio del Bailío, un establecimiento que ha recuperado la belleza y el esplendor del antiguo palacio.
La Casa del Bailío es un ejemplo sobresaliente de la arquitectura civil cordobesa entre los siglos XVI y XVIII. Su fachada renacentista, atribuida al arquitecto Hernán Ruiz II, combina elementos clásicos con influencias locales, reflejando la evolución artística de la época.
Entre los elementos más destacados de su interior se encuentran, pinturas murales con escenas de la vida del Gran Capitán, lo que evidencia la vinculación del edificio con la familia Fernández de Córdoba, una sala neoárabe, diseñada por los artistas Mateo Inurria y Julio Romero de Torres, donde se fusionan la estética mudéjar con elementos románticos del siglo XIX.
Arcos, patios y galerías que conservan parte de la estructura original del palacio.
El 1 de febrero de 1982, la Casa del Bailío fue declarada Bien de Interés Cultural, lo que garantiza su protección y conservación como parte del patrimonio histórico de Córdoba. Soledad carrasquilla caballero. Sccc.-
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