
Retrato imaginario del rey Juan II de Castilla de Francisco Prats y Velasco. Museo del Prado
El 10 de junio de 1431, procedente de Córdoba, el ejército castellano del rey Juan II llegó a la vega granadina con el fin de sitiar Granada. A los pocos días, el condestable Don Álvaro de Luna entró en territorio granadino por Alcalá la Real, atacando a los defensores de la ciudad y continuando su campaña por las tierras de Granada y Málaga. Los enfrentamientos por el control de Granada entre Muhammad IX y sus oponentes favorecían a los castellanos. Mientras Muhammad IX se reunía con los alcaides de los distintos distritos para organizar la defensa de la ciudad, Juan II de Castilla negociaba con el príncipe Yusuf Ibn al-Mawl. Los conspiradores, encabezados por Ridwan Bannigas, marcharon a la corte castellana de Córdoba, donde se encontraba Juan II, para ofrecerle su apoyo en el ataque a Granada.
Una vez preparada la campaña militar, el 28 de junio de 1431, el rey castellano entró en la vega granadina, obteniendo un suculento botín y destruyendo alquerías y cortijadas hasta llegar a la torre de Pinos Puente. Allí, Ridwan Bannigas y los demás conspiradores lo esperaban para pasarse a sus filas, lo que facilitó el avance de los castellanos, que no encontraron gran resistencia. Así, el 29 de junio comenzaron las primeras escaramuzas contra las tropas andalusíes. Al inicio de estos combates, el infante Yusuf y Bannigas permanecieron en el campamento que Juan II de Castilla había instalado en el Pago de Marichuchit, cerca de lo que después sería Elvira, con su correspondiente empalizada entre Atarfe y Pinos Puente.
Tras varios enfrentamientos menores y reconocimientos del terreno, el 1 de julio de 1431 se desencadenó la Batalla de la Higueruela, en la que los granadinos sufrieron una gran derrota, perdiendo gran parte de su ejército. El nombre de la batalla hace referencia al lugar donde se desarrolló, donde, al parecer, había una pequeña higuera regada por un nacimiento natural de agua. La batalla se prolongó hasta bien entrada la noche, como recogen algunos cronistas, y se saldó con la victoria de Juan II de Castilla, cuyas tropas lograron concentrar a los granadinos en una zona de fácil ataque. Aunque las crónicas apenas mencionan las bajas castellanas, se supone que fueron numerosas, dado el alto nivel de instrucción de la caballería granadina.
La victoria castellana permitió el reconocimiento de Yusuf IV como nuevo sultán de Granada, convirtiéndose en vasallo de Juan II. A Yusuf IV no le resultó difícil consolidar su control sobre el reino, ya que derrotó a un pequeño ejército que apoyaba a Muhammad IX, quien tuvo que huir y refugiarse en Málaga. Sin embargo, su acceso al trono tuvo un alto coste: como parte de su alianza con los castellanos, tuvo que cederles varias localidades estratégicas, entre ellas Jimena, Huéscar, Benamaurel, Benzalema, Huelma, Galera y los dos Vélez. Con estas pérdidas, el norte de la provincia volvía a separarse del reino de Granada. Además, la conquista castellana solo sirvió para respaldar un gobierno que apenas duró unos meses y en el que la economía granadina no logró recuperarse. Soledad Carrasuilla Caballero, sccc.-