
En 1976, la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre (FNMT) de España realizó, por encargo del correo paraguayo, una singular serie filatélica dedicada a la obra pictórica de Julio Romero de Torres, uno de los grandes maestros de la pintura española del siglo XX. La emisión estuvo compuesta por dos sellos que reproducían sendas obras emblemáticas del pintor cordobés: Naranjas y limones y La nieta de la Trini.
Esta iniciativa se inscribía en una tendencia muy marcada entre finales de la década de 1960 y buena parte de los años setenta, cuando numerosos servicios postales de distintos países comenzaron a emitir sellos con pinturas de desnudos o figuras femeninas sensuales, aprovechando el atractivo artístico —y también comercial— de este tipo de imágenes. Paraguay fue uno de los estados que se sumaron a esta moda, recurriendo incluso a talleres extranjeros de prestigio, como la FNMT española, para la impresión de sus emisiones.
Este tipo de emisiones generó una notable polémica en el mundo de la filatelia. Muchos de estos sellos pasaron a engrosar las llamadas listas de emisiones prohibidas elaboradas por la Federación Internacional de Filatelia (FIP). Según este organismo, se trataba de emisiones especulativas, destinadas más al mercado de la notafilia (coleccionismo temático) que al uso postal real.
Como consecuencia, estos sellos quedaban excluidos de las exposiciones oficiales y eran ignorados o tratados de forma marginal por los grandes catálogos internacionales, que en ocasiones se limitaban a mencionarlos sin numeración ni reproducción gráfica. Con el paso del tiempo, la propia FIP dejó de publicar estas listas, quizá porque, aplicando los mismos criterios, una parte muy significativa de las emisiones filatélicas contemporáneas tendría que ser igualmente cuestionada.
Estas obras son símbolo, memoria y sensualidad. La obra La nieta de la Trini surge como homenaje a La Trini, una de las cantaoras más célebres de la historia del flamenco. Su vida estuvo marcada por el éxito artístico, pero también por profundas tragedias personales. En el cuadro, Julio Romero de Torres logra transmitir esa mezcla de belleza, melancolía y experiencia vital tan característica de su pintura. La mirada de la joven protagonista condensa, como se ha señalado en numerosas ocasiones, “todo el sabor de haber vivido”, una expresión que define a la perfección la intensidad psicológica que el pintor imprimía a sus modelos femeninos.
Naranjas y limones, por su parte, es una obra cargada de simbolismo. Concebida inicialmente como un bodegón, la composición evoluciona hacia una representación en la que las frutas —naranjas y limones— se transforman en metáfora visual de los senos de la joven, integrando naturaleza, erotismo y tradición simbólica mediterránea.
Como en otras muchas obras de Romero de Torres, el cuerpo femenino se convierte en lenguaje alegórico, donde sensualidad, identidad andaluza y carga emocional conviven en equilibrio.
Ambas pinturas se conservan hoy en el Museo Julio Romero de Torres de Córdoba, institución fundamental para la preservación y difusión de la obra del pintor. La emisión filatélica paraguaya de 1976, más allá de la polémica que la rodeó, constituye un curioso testimonio de la proyección internacional de la pintura de Romero de Torres y de la relación entre arte, coleccionismo y cultura visual en el siglo XX.
Los sellos, impresos por la FNMT, se han convertido con el tiempo en piezas buscadas por coleccionistas especializados, no solo por su valor filatélico, sino también por su conexión con la historia del arte español. Soledad Carrasquilla caballero. sccc.-
