
San Juan Bautista. Leonardo da Vinci. Pintado de una forma muy original por el de Anchiano, donde el promotor del bautismo, adopta la figura de un hombre ambiguo, andrógino, en nada parecido a la figura tradicional de un santo católico. Oleo sobre tabla. Museo del Louvre.
Cada 24 de junio, la cristiandad celebra el nacimiento de Juan el Bautista. También conocido como Yahia ibn Zakariya en la tradición islámica, Juan fue un predicador judío coetáneo de Jesús de Nazaret, nacido a finales del siglo I a. C., y es venerado como una figura clave en varias confesiones religiosas: el cristianismo, el islam, el drusismo, la fe bahá’í y el mandeísmo, donde se le considera incluso como mesías. Todas estas religiones lo reconocen como profeta, y en muchas ramas del cristianismo es proclamado santo.
Juan es el único santo —junto con Jesús y María— cuyo nacimiento se conmemora litúrgicamente. Según el Evangelio de Lucas, Juan nació seis meses antes que Jesús, dato que se deduce del relato de la Anunciación, cuando el ángel Gabriel le revela a María que su prima Isabel ya se encuentra en el sexto mes de embarazo. La fecha del 24 de junio, próxima al solsticio de verano, se superpuso a festividades solares precristianas, lo que explica su rica presencia en el folclore de muchos países de tradición cristiana.
Juan el Bautista, llamado Yahia en el Corán, nació milagrosamente de padres ancianos: su padre fue el profeta Zacarías, tío de María, madre de Jesús. Según la tradición islámica, Yahia llevó una vida ascética y pura, consagrado a la oración, la justicia y el respeto a sus progenitores. En el islam, es uno de los profetas mencionados con mayor dignidad, y se considera que su tumba se halla en la Gran Mezquita de los Omeyas, en Damasco, donde aún hoy se le venera.
Tanto para Yahia como para Jesús, el bautismo tenía un sentido de ablución purificadora, más cercano al lavado ritual prescrito en el islam (wudu) que al sacramento desarrollado posteriormente por el cristianismo paulino. El Evangelio narra cómo Jesús aceptó ser bautizado por Juan en el río Jordán, hecho que marca simbólicamente el inicio de su vida pública. Por ello, algunos estudiosos sostienen que ambos formaban parte de un movimiento común: la secta de los «bautistas».
Juan comenzó a predicar en el desierto de Judea durante el imperio de Tiberio, en tiempos de Poncio Pilato y Herodes Antipas. Denunciaba la corrupción, el formalismo religioso y llamaba al arrepentimiento, exhortando a “preparar el camino del Señor”. No actuaba en el templo ni como sacerdote levita, sino desde los márgenes, atrayendo multitudes con un mensaje directo y profético. Se definía como “la voz que clama en el desierto”, evocando al profeta Isaías.
Uno de los pasajes más impactantes de su vida es su muerte. Fue encarcelado por Herodes Antipas en la fortaleza de Maqueronte por denunciar su unión con Herodías, esposa de su hermano. Según los Evangelios, fue decapitado a petición de Salomé, hija de Herodías. Su cabeza fue presentada en una bandeja, en uno de los episodios más conmovedores del Nuevo Testamento.
Juan no dudó de la autenticidad de Jesús, aunque desde la prisión envió a dos de sus discípulos a preguntarle si realmente era el Mesías. Jesús respondió con una alusión profética: “Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son curados, los sordos oyen, los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia el Evangelio”. Luego afirmó: «En verdad os digo: entre los nacidos de mujer no ha surgido nadie mayor que Juan el Bautista» (Mateo 11:11).
Muchos investigadores han vinculado a Juan con la comunidad de los esenios de Qumrán, grupo apocalíptico que vivía en torno al mar Muerto. Practicaban una vida austera, esperaban a dos mesías (uno sacerdotal y otro real) y realizaban abluciones similares al bautismo. Aunque no hay pruebas concluyentes, se ha sugerido que Juan pudo haber sido influido por ellos o incluso haber formado parte del grupo. A diferencia de los esenios, Juan se centró en la predicación y la conversión popular, más que en el estudio de la Ley.
En el Corán, Yahia aparece en repetidas ocasiones como un joven lleno de virtud, sabiduría y pureza. Fue un profeta justo, respetuoso con sus padres, y ejemplo de integridad. En el viaje nocturno del Profeta Mahoma, conocido como el isra’, se afirma que encontró a Yahia junto a Jesús en uno de los cielos. Esta imagen refuerza el papel de Juan como figura de conexión entre los profetas y como precursor del Mesías también en el relato islámico.
La figura de Juan el Bautista representa una voz de conciencia, de denuncia del poder injusto y de preparación espiritual para lo nuevo. Su legado ha traspasado las fronteras religiosas y culturales para convertirse en un símbolo universal de pureza, coherencia, humildad y compromiso con la verdad. En un mundo de incertidumbre, su vida sigue inspirando a quienes buscan autenticidad y justicia. Soledad Carrasquilla Caballero. sccc.-

.Fotografía de la reliquia del brazo derecho de San Juan el Bautista, que utilizó para bautizar a Jesús que se encuentra en el palacio de Topkapi en Estambul. La capilla de la catedral dedicada a San Juan Bautista en Siena (Italia) también afirma poseer el brazo derecho del Santo.

Fotografía de la reliquia de parte del cráneo de juan Bautista que se encuentra en el palacio de Topkapi en Estambul.

Maqueta de la Mezquita de los Omeyas en Damasco donde hay un monumento conocido como la tumba de Juan. Se dice que su cuerpo fue enterrado allí, mientras que su cabeza fue enterrada en el barrio al-Zabadani de la ciudad. Sala de las reliquias de palacio de Topkapi en Estambul