[REQ_ERR: SSL] [KTrafficClient] Something is wrong. Enable debug mode to see the reason. José Penso de la Vega Passariño – Cosas de Cordoba

José Penso de la Vega Passariño

El banquero y su esposa. Oleó sobre tabla de Marinus van Reymerswaele. Primera mitad del siglo XVI. Museo de Bellas Artes, Valenciennes.

«Otro que fue al ser expulsado empobrece nuestro pais para enriquecer otro».

José Penso de la Vega, el cordobés que inventó el lenguaje de la Bolsa

El 13 de noviembre de 1692 fallecía en Ámsterdam José Penso de la Vega Passariño, nacido en Espejo (Córdoba) en 1650, en el seno de una familia de conversos andaluces que aún conservaba, en secreto, la fe de sus antepasados judíos. Este cordobés del Siglo de Oro, criptojudaizante, polígrafo, comerciante, pionero del pensamiento financiero moderno, representa una de las figuras más singulares de la diáspora sefardí en Europa.

Su padre, Isaac Penso Félix, fue arrestado por la Inquisición y permaneció un año en prisión. Logró escapar milagrosamente y, tras huir con su familia, se estableció primero en Amberes y luego en Ámsterdam, donde la comunidad judía sefardí disfrutaba de libertad religiosa bajo el amparo de las Provincias Unidas. Allí, los Penso retornaron públicamente al judaísmo, recuperando su identidad original tras generaciones de persecución.

En Ámsterdam, José recibió una esmerada formación humanística y teológica. Estudió con destacados intelectuales de la comunidad sefardí, como Isaac Aboab da Fonseca y Mosés Raphael de Aguilar, y pronto destacó por su talento literario y filosófico. A los diecisiete años, escribió su primera obra en hebreo, Los prisioneros de la esperanza (Asiré ha-Tikwah, 1673), una alegoría moral sobre el triunfo de la voluntad sobre las pasiones, donde ya se percibe su inclinación por la reflexión ética y racional, características de la tradición judeoespañola.

Su cultura era vasta y ecléctica. Admiraba a los grandes autores del Siglo de Oro español, Lope de Vega, Calderón de la Barca, y a los poetas italianos del Renacimiento, aunque, como señaló José Amador de los Ríos, su estilo era profundamente personal y su originalidad notable. En su obra conviven el rigor del pensamiento hebreo, la elegancia del castellano clásico y la ironía del comerciante que observa el mundo desde los puertos del comercio internacional.

Instalado definitivamente en Ámsterdam, José Penso se dedicó al comercio, la banca y las finanzas, ámbitos en los que desarrolló una aguda observación de los mecanismos del naciente mercado bursátil. Fruto de esa experiencia fue su célebre tratado “Confusión de confusiones” (Confusión de confusiones, diálogo curioso entre un filósofo, un mercader y un accionista, 1688), considerado el primer libro del mundo sobre la Bolsa de valores.

Redactado en castellano, el libro combina sátira, filosofía y análisis económico, ofreciendo una visión sorprendentemente moderna del comportamiento de los inversores, las fluctuaciones del mercado y los riesgos de la especulación. De la Vega no escribió un manual técnico, sino una reflexión moral y psicológica sobre la codicia, la esperanza y el miedo, motores universales del comercio humano.

El contexto no podía ser más propicio: la Bolsa de Ámsterdam, fundada en 1602 por la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales (VOC), era entonces el corazón del capitalismo mundial. Penso de la Vega, desde su mirada sefardí y humanista, fue el primero en describir sus dinámicas internas, anticipando conceptos que siglos después se consolidarían en la teoría económica.

En Confusión de confusiones, el autor resume su experiencia bursátil en cuatro reglas de inversión, de sorprendente vigencia más de tres siglos después:

Nunca aconsejes a nadie sobre la compra o venta de acciones. Donde adivinar correctamente es una forma de brujería, los consejos no se pueden dar a la ligera.

Acepta tanto las ganancias como las pérdidas. Lo mejor es tomar lo que llega sin esperar que la fortuna dure siempre.

Los beneficios del mercado son como el tesoro de un duende. Primero son un engendro, luego carbón, después diamantes, y al final guijarros. A veces, las ganancias son lágrimas que la aurora deja sobre la hierba.

Para ser rico en este juego hay que tener dinero y paciencia. Sin ambas virtudes, el éxito es una quimera.

Estas reglas, escritas en pleno siglo XVII, anticipan la psicología del inversor moderno y la naturaleza especulativa de los mercados financieros. En su mezcla de ironía y sabiduría moral, José Penso de la Vega muestra la madurez de un pensamiento que une la tradición ética sefardí con la racionalidad mercantil de la Europa moderna.

Su influencia fue redescubierta en el siglo XX, cuando economistas e historiadores reconocieron el valor de Confusión de confusiones como la primera obra sistemática sobre mercados financieros. En el año 2000, la Federación Europea de Bolsas (FESE) creó el Premio Joseph de la Vega, que cada año distingue el mejor trabajo de investigación sobre mercados financieros en su honor.

Hoy, José Penso de la Vega es considerado uno de los padres de la economía moderna, pero también un símbolo de la inteligencia sefardí andaluza, que desde el exilio mantuvo viva la lengua y la cultura españolas. Su vida encarna el tránsito entre dos mundos: el de la Córdoba de las tres culturas, de la que provenían sus ancestros, y el de la Ámsterdam mercantil, cuna del capitalismo moderno.

Su figura recuerda que los hijos del exilio sefardí, aún lejos de su tierra, siguieron iluminando Europa con el legado intelectual de al-Andalus y del Siglo de Oro español. Soledad Carrasquilla caballero. sccc.-