
Fotografía de la representación de Sangre y Amor en la Sierra entre el 3 y el 5 de octubre de cada año que se celebra en Grazalema, basada en la figura de José María ‘El Tempranillo, su boda, el nacimiento de su hijo y la muerte de de su mujer.
El 6 de enero de 1832, en un cortijo de Grazalema (Cádiz), nació José Hinojosa Francés, hijo del célebre bandolero José María «El Tempranillo» y de su esposa, María Jerónima Francés, una joven natural del pueblo gaditano de El Gastor. Su nacimiento estuvo marcado por la tragedia y el peligro, pues ocurrió en medio de un enfrentamiento entre su padre y un destacamento de migueletes, las fuerzas encargadas de perseguir a los bandoleros en Andalucía.
María Jerónima, en avanzado estado de gestación, se encontraba en una alquería junto a su esposo cuando los migueletes rodearon el lugar y lanzaron un asalto. «El Tempranillo» y sus hombres respondieron al ataque, y la intensidad del fuego cruzado impidió a los soldados entrar de inmediato, temerosos de que hubiera más bandoleros en el interior. En medio del caos, María Jerónima falleció durante el parto, dejando a su hijo recién nacido en una situación crítica.
Desesperado pero decidido, José María improvisó un plan de escape. Ató el cuerpo sin vida de su esposa a su espalda, envolvió a su hijo en una faja y, montado en su caballo, logró huir del cortijo bajo una lluvia de disparos. Milagrosamente, no fue alcanzado por las balas. Al día siguiente, con el dolor de haber perdido a su esposa, enterró a María Jerónima en la parroquia de Grazalema. El 10 de enero, llevó a su hijo a la misma iglesia para ser bautizado con el nombre de José Hinojosa Francés. En un gesto de respeto y solemnidad, los migueletes, que seguían en la zona, se abstuvieron de perseguirlo durante esos días, permitiéndole vivir su duelo.
Estos trágicos acontecimientos precipitaron un cambio en la vida del bandolero. Hasta entonces, José María «El Tempranillo» había sido una de las figuras más temidas y legendarias del bandolerismo andaluz. Sin embargo, la muerte de su esposa y la necesidad de asegurar el futuro de su hijo le hicieron reconsiderar su vida al margen de la ley. Aceptó finalmente el indulto que llevaba tiempo negociándose y que fue concedido con motivo de la jura de la princesa Isabel como heredera al trono.
Como parte del acuerdo, el rey le nombró Comandante del Escuadrón Franco de Protección y Seguridad Pública de Andalucía, una fuerza encargada de patrullar los caminos y combatir a los bandidos que aún actuaban en la región. En un acto simbólico, «El Tempranillo» y sus hombres, ahora reconvertidos en agentes de la ley, fueron recibidos en Córdoba, donde el obispo les dio su bendición. Tras ello, desfilaron por la ciudad y comenzaron a patrullar los mismos caminos en los que antes cometían asaltos.
Sin embargo, la nueva vida de «El Tempranillo» duró poco. Apenas un año y ocho meses después de su indulto, en septiembre de 1833, cayó en una emboscada en la sierra de Alameda). Recibió un disparo mortal en un enfrentamiento con un grupo de antiguos compañeros de la partida que no habían aceptado su cambio de bando. Murió a los 28 años, dejando a su hijo José huérfano a una edad muy temprana.
En su testamento, «El Tempranillo» dejó a su hijo dos caballos, una pequeña casa en El Gastor y un listado de préstamos que había concedido, aunque muchos de ellos nunca serían recuperados. Al quedar huérfano, José Hinojosa Francés fue entregado a la familia de su madre, los Francés, quienes se encargaron de su crianza y educación en El Gastor.
Poco se sabe sobre la vida adulta de José Hinojosa, pues su historia quedó eclipsada por la leyenda de su padre. Sin embargo, su existencia simboliza el fin de una era en la que los bandoleros dominaban los caminos de Andalucía y el comienzo de una nueva etapa en la que la región fue paulatinamente pacificada . Soledad Carrasquilla Caballero. sccc.-