
Monumento llamado de los Amantes erigido en memoria del poeta Ibn Zaydun y la princesa Wallada en el Campo Santo de los Mártires en Córdoba.
El 18 de abril de 1071, en Sevilla, fallecía Ahmad ibn Ahmad ibn Galib ibn Zaydun, más conocido como Ibn Zaydun o Abenzaidún. Este destacado poeta y pensador, nacido en Córdoba en el año 1003, es considerado uno de los mayores exponentes de la poesía andalusí, aclamado por su capacidad para expresar el amor y la belleza en formas que adelantaron siglos a su tiempo, anticipando incluso los temas y sentimientos de los poetas románticos. Ibn Zaydun se erige, además, como uno de los más importantes autores en verso y prosa, destacándose también en disciplinas como la historia, la lexicografía y la literatura. Su legado perdura, especialmente por su influencia en el desarrollo de la lírica andalusí y su capacidad para plasmar las complejidades del amor en la poesía de su época.
Ibn Zaydun nació en una familia de renombre. Su padre, Abd-Allah ben Galib Ibn Zaydun, era un reconocido jurisconsulto que gozaba de una gran reputación por su justicia. Esta figura paterna influiría considerablemente en la formación intelectual de Ahmad, quien fue criado en la famosa casa de la Arruzafa, un lugar que se convertiría en sinónimo de cultura y conocimiento. En ese entorno, el joven Ibn Zaydun recibió una educación esmerada, abarcando desde las ciencias más rigurosas hasta las letras, en contacto con destacadas figuras literarias y poetisas del harem, donde los jóvenes intelectuales y poetas de al-Ándalus se formaban hasta los catorce años.
La muerte de su padre cuando Ibn Zaydun contaba con tan solo once años marcó un punto de inflexión en su vida, pero no mermó su determinación de seguir los pasos de su progenitor y continuar su formación cultural. La Córdoba del siglo XI, aunque inmersa en el caos de un califato en decadencia, fue el caldo de cultivo donde el joven poeta creció y se desarrolló, alimentándose tanto de los legados culturales de los grandes maestros literarios como de la melancolía que impregnaba la ciudad tras la caída de al-Ẓaḥrā, la fastuosa ciudad palaciega que había sido un centro de cultura y esplendor. En este ambiente, Ibn Zaydun encontró inspiración en las ruinas y en la nostalgia de lo perdido, creando algunas de sus composiciones más sublimes, las cuales, a pesar de su tono melancólico, son también una profunda celebración de la belleza y el amor.
La figura de Ibn Zaydun está indisolublemente ligada al amor, no solo como un tema literario, sino también como un reflejo de su vida personal. Su relación con la poetisa Wallada, hija del califa Muhammad III, marcó uno de los episodios más dramáticos de su vida y de su obra. Wallada, mujer de gran influencia y talento, fue tanto su musa como su perdición. Los dos mantuvieron una relación amorosa que se destacó no solo por su intensidad, sino también por las tensiones políticas y sociales que generó. A lo largo de su relación, Ibn Zaydun y Wallada rivalizaron con figuras poderosas en la corte de Córdoba, como Ibn Abdus, el ministro y político que también aspiraba al afecto de la princesa.
El amor entre Ibn Zaydun y Wallada estuvo marcado por la pasión y el tormento, alimentado por las intrigas de la corte. La rivalidad entre Ibn Zaydun y Ibn Abdus se hizo pública en los versos del primero, quien, con una mordaz ironía, ridiculizó al ministro en sus poemas, lo que le costó la prisión y el posterior exilio. Durante este tiempo de cautiverio, el poeta no cesó en su producción literaria, enviando a Wallada y a sus amigos sus poemas más profundos y desgarradores, desde Sevilla, ciudad que lo acogió tras su destierro.
La figura de Wallada no solo fue crucial en su vida amorosa, sino que también fue decisiva en la configuración de su estilo poético. Wallada inspiró a Ibn Zaydun a explorar una poesía más directa y visceral, donde no solo se exaltaba el amor platónico, como era habitual en la poesía andalusí, sino que se incorporaban con una sorprendente naturalidad elementos de erotismo y sensualidad que rompían con los convencionalismos establecidos.
Ibn Zaydun fue un poeta que dejó una huella profunda en la literatura andalusí y, más allá de su época, en la tradición literaria del mundo árabe. Su poesía transformó la manera en que se concebía el amor en la lírica, al fusionar el amor espiritual, propio del «amor udrí», con las experiencias físicas y sensoriales del deseo. Esta innovación fue una revolución en la poesía de su tiempo, que hasta entonces había evitado tratar de forma explícita el amor carnal.
Su capacidad para explorar las emociones humanas con una sinceridad cruda y su forma única de describir tanto la belleza del ser amado como los tormentos del amor no correspondido lo colocan como una figura adelantada a su tiempo. Su influencia perdura, especialmente por su capacidad para expresar con elegancia los matices del sufrimiento y la pasión.
En su obra, el amor ya no es solo un concepto abstracto, sino una experiencia tangible, llena de contradicciones y sentimientos encontrados. Los versos de Ibn Zaydun resuenan con una intensidad emocional que conecta con los temas universales de la poesía, anticipando los sentimientos de los poetas románticos y su exaltación del amor en todas sus formas, tanto espirituales como sensuales.
A través de su legado, Ibn Zaydun se ha ganado un lugar destacado en la historia de la literatura, no solo como un poeta de al-Ándalus, sino como un autor que supo capturar la esencia misma de la condición humana, transformando su propia tragedia amorosa en una obra de arte que sigue tocando los corazones de los lectores hasta el día de hoy. Soledad Carrasquilla caballero. Sccc.-

Hoy, triste, me distraigo con las flores,
de los ojos imán, donde la escarcha
juega vivaz hasta inclinar su cuello.
Pupilas son, que, al contemplar mi insomnio
sollozaron por mí; por eso el llanto
irisado resbala por su cáliz.
Ibn Zaydun

Podría haber entre nosotros,
si quisieras, algo que no se pierde,
un secreto jamás publicado, aunque otros se divulguen. (…)
Te bastará saber que si cargaste mi corazón
con lo que ningún otro puede soportar, yo puedo.
Sé altanera, yo aguanto;
remisa, soy paciente;
orgullosa, yo humilde.
Retírate, te sigo;
habla, que yo te escucho;
manda, que yo obedezco.
Ibn Zaydun.

García Gómez definiría esta Qasida : «el más bello poema de amor escrito en Al-Ándalus y uno de los más famosos de la literatura árabe universal»:
…..Desde al-Zaḥrā te recuerdo con pasión. El horizonte
está claro y la tierra nos muestra su faz serena.
La brisa desmaya con el crepúsculo: parece
que se apiada de mí y languidece, llena de ternura.
Los arriates nos sonríen con sus aguas de plata,
que parecen collares desprendidos de las gargantas.
Así fueron los días deliciosos que ya pasaron,
cuando, aprovechando el sueño del Destino,
fuimos ladrones del placer.
Hoy sólo me distraigo con las flores, imán de los ojos,
en las que la escarcha juega vivaz, inclinando sus tallos:
son como pupilas que, al ver mi insomnio, lloran por mí,
y por eso el irisado manto resbala por su cáliz.
En los soleados rosales brillan los rojos capullos,
aumentando la luminosidad de la mañana.
Aromáticas bocanadas se transmiten el pomo del nenúfar,
dormilón cuyas pupilas entreabrió el alba.
Todo excita el recuerdo de mi pasión por ti,
que nunca abandona mi pecho, por mucho que sea su estrechura.
Si la unión contigo, por la que suspiro, se lograse,
ese día sería el más noble entre todos los días.
¡No conceda Dios la calma al corazón que desista de recordarte
y que no vuele a tu lado con las alas trémulas del deseo!
Si el céfiro, cuando sopla, consintiera en llevarme,
depositaría a tus pies un doncel extenuado por la pena.
¡Oh, mi más precioso joyel, el más sublime,
el preferido de mi alma!
Pedirnos el uno al otro deudas de puro amor era,
en otros tiempos,
la pradera feliz donde corríamos como libres corceles!
Pero ahora soy yo el único que puede jactarse de leal.
Tú me dejaste, y yo me he quedado, triste, amándote»…
Ibn Zaydun.

¡Ay, noche! que pasamos gozando del vino
hasta que apareció la fuerza de la aurora sobre la noche
y llegaron los luceros del alba hiriendo las tinieblas;
los astros nocturnos huyeron, dejando a la noche vencida.
Habíamos gozado los más exquisitos placeres
sin pena de aflicción, ni molestia de estorbo.
Si hubiera durado, mi gozo hubiera sido eterno,
pero noches de la unión han de ser siempre cortas.
Ibn Zaydún.

Manda a tu voluntad, yo soy constante,
no temas de mí olvido ni mudanza.
¿Cómo puede olvidar quien desde tu partida
ya no encuentra en la vida sabor, ni olvido en la distancia?
¡Por Dios!, ¡que jamás mi corazón amó de nuevo,
ni pudo aceptar otro amor que el tuyo
Ibn Zaydun

Mis días, tan hermosos cuando estábamos juntos,
han cambiado desde que se alejó tu bello rostro