
Alcázar de Jerez
El día 5 de enero de 1188 murió en Jerez, Ibn Lubbal al-Sharishi que había nacido en la misma ciudad, en 1114. Gramático y poeta de ascendencia omeya. Junto con Abu Ishaq al-Bunasi, Ibn Malik, Ibn Abd al-Mu’min e Ibn Shakil, forma parte de los sabios intelectuales durante la época de esplendor del Jerez islámico. De una familia venida a menos y con antecedentes literarios. Comenzó los estudios en su ciudad natal completándolos en Sevilla. En 1145 o 46 volvió al Jerez donde se dedico a la enseñanza y a la judicatura, cargo que le impusieron y que aceptó.
Tras el abandono de esta función, retornó a su labor docente, en la que impartía bellas letras, lexicografía y derecho islámico. Entre sus discípulos sobresalen Ibn ‛Abd al-Mu’min al-Šarīšī, ‛Alī b. AÊmad al-Samātī , Ibn al-Fajjār, Ibn al-Gazzāl o Ibn Giyāð.
Como hecho anecdótico, se cuenta que su forma de vida era muy modesta, descuidaba su vestuario, carecía de servidores y rechazaba cualquier tipo de ostentación o distracción mundana. Además, parece que fabricaba el pan con sus propias manos y lo llevaba él mismo a la tahona más cercana para hornearlo.
Murió en su ciudad natal, en fecha en la que no se ponen muy de acuerdo sus biógrafos. Según Ibn al-Zubayr, fue el 3 del 582 (15 de enero de 1187), pero dice Ibn al-Abbr que la muerte le sobrevino el 2 del 583 (2 de febrero de 1188). Quizás el dato más preciso lo aporte Abý al-Býnas, quien afirma que Ibn Lubbal falleció el 3 del año 583 (5 enero 1188). Este autor puntualiza que tuvo un entierro multitudinario, en el que gentes de la más diversa condición derramaron lágrimas por su muerte. sccc
Alugnos de sus versos:
“Me empujaron a la judicatura, aunque no la quería,
y sobre mí cayó el peso de una enorme desgracia.
Mas cuando fui destituido, comencé a declamar:
¡De un gran mal, en verdad, me he librado!”
Cuando el afligido contempla el bello rostro de la tierra de Sidueña, olvida su pena.
Parece que la mano de la lluvia hubiera cubierto de verdes brocados sus valles y majadas.
Como un aladar por las mejillas del hermoso, discurren los arroyos por sus marjales.