[REQ_ERR: SSL] [KTrafficClient] Something is wrong. Enable debug mode to see the reason. Ibn Arabi – Cosas de Cordoba

Ibn Arabi

» ¿Dónde está la sabiduría que perdimos con el conocimiento?»

Ibn Arabí nació en Murcia en el año 1165 y murió en Damasco en 1241. Fue hijo de un padre murciano y una madre bereber. Desde pequeño, estuvo acostumbrado a cabalgar, afilar espadas y maniobrar en campamentos militares, como él mismo escribe, ya que su padre ocupó un alto cargo militar al servicio del emir Ibn Mardanix, conocido como «el Rey Lobo» por los cristianos.

Este místico andalusí es reconocido como un monista integral y un teórico de la unicidad del ser. Su obra destaca por reconocer, en toda experiencia, el rostro de Dios y, en toda imagen o forma, la huella divina. Sostenía que el mundo se ofrece al hombre como una celebración perpetua.

El gran pensador de Al-Ándalus describió la comunión entre el hombre y Dios de una forma que, tres siglos después, evocaría Teresa de Ávila. “Las imágenes amorosas, que a primera vista son mundanas, tienen un significado espiritual”. Además, afirmaba que “no está clara la diferencia entre el amor divino y el humano”.

A pesar de sus esfuerzos por mantenerse dentro de la ortodoxia islámica, Ibn Arabí admitió la equivalencia de todas las creencias religiosas, considerando que la diversidad de rituales y leyes es una expresión singular del fervor religioso que habita en los hombres. Al situar esta experiencia religiosa más allá de cualquier medida moral, negó implícitamente la existencia del infierno y afirmó que el paraíso acogería eternamente a todas las criaturas sin distinción.

Heredero del neoplatonismo y del sincretismo greco-oriental, asumió con naturalidad la identificación de las inteligencias angélicas con las esferas planetarias, utilizando ambas para explicar las relaciones entre el Creador y lo creado. Describió, como haría después Teresa de Ávila, las “moradas” de ese itinerario espiritual y las diez inteligencias…

Estas ideas le granjearon la hostilidad de numerosos teólogos sunnitas. Su poemario La intérprete de los ardientes deseos, inspirado por una mujer persa, amalgama figuras bíblicas y coránicas. Por su parte, sus vastas Conquistas espirituales constituyen, sin duda, la enciclopedia más completa del sufismo. Este respeto hacia todas las creencias le valió en su tiempo los títulos de “El más grande de los maestros” y “Sello de los Santos de Dios”. Sin embargo, sus detractores lo acusaron de ser un “destructor de la religión”, “ateo” y “enemigo de Dios”.

El pensamiento abierto e integrador de este sufí andalusí se revela más vigente que nunca, ocho siglos después.

Sobre Ibn Arabí, las reacciones en el mundo islámico siguen siendo muy polarizadas. En Arabia Saudí, sus libros están prohibidos, mientras que en Marruecos y Turquía es una figura de referencia. En Irán, sus ideas están plenamente integradas en la tradición espiritual. Tanto es así que el ayatolá Jomeini recomendó su lectura a Gorbachov en su famosa carta de 1989, en la que pronosticaba la inminente caída del comunismom Soledd Carrasquilla Caballero, sccc.

 

«Cierto día, en Córdoba, entré a casa de Abü’l-Wá¬lid Ibn Rushd Averroes, cadí juez de la ciudad, que había mostrado deseos de conocerme personalmente, porque le había maravillado mucho lo que había oído decir de mí, esto es, las noticias que le habían llegado de las revelaciones que Dios me había comunicado en mi retiro espiritual; por eso, mi padre, que era uno de sus íntimos amigos, me envió a su casa con el pretexto de cierto encargo, sólo para dar así ocasión a que Averroes pudiese conversar conmigo.
Era yo a la sazón un muchacho imberbe. Así que hube entrado, levantóse del lugar en que estaba y, dirigiéndose hacia mí con grandes muestras de cariño y consideración, me abrazó y me dijo: “Sí”: Yo le respondí: “Sí”. Esta respuesta aumentó su alegría, al ver que yo le había comprendido; pero dándome yo, en seguida, cuenta de la causa de su alegría, añadí: “No”. Entonces Averroes se entristeció, demudóse su color, y comenzando a dudar de la verdad de su propia doctrina. Me preguntó: “¿Cómo, pues, encontráis vosotros resuelto el problema, mediante la iluminación y la inspiración divina? ¿Es acaso lo mismo que a nosotros nos enseña el razonamiento?”. Yo le respondí: ‘Sí-No’. Entre el sí y el no, los espíritus alzan el vuelo fuera de su materia, y las nucas se separan de sus cuerpos’. Averroes palideció, lo vi temblar; musitó la frase ritual: ‘Sólo en Dios existe la fuerza’, pues había comprendido a que me estaba refiriendo yo.»
«Más tarde, después de esta entrevista que tuvo conmigo, solicitó de mi padre que le expusiera éste si la opinión que él había formado de mí coincidía con la de mi padre o si era diferente. Porque como Averroes era un sabio filósofo, consagrado a la reflexión, al estudio y a la investigación racional, no podía menos de dar gracias a Dios que le permitía vivir en un tiempo en el cual podía ver con sus propios ojos a un hombre que había entrado ignorante en el retiro espiritual para salir de él como había salido, sin el auxilio de enseñanza alguna, sin estudio, sin lectura, sin aprendizaje de ninguna especie. Por eso exclamó: “Es éste un estado psicológico cuya realidad nosotros hemos sostenido con pruebas racionales, pero sin que jamás hubiésemos conocido persona alguna que lo experimentase. ¡Loado sea Dios que nos hizo vivir en un tiempo, en el cual existe una de esas personas dotadas de tal sentido místico, capaces de abrir las cerraduras de sus puertas, y que además me otorgó la gracia especial de verla con mis propios ojos.»
«Quise después volver a reunirme con él es decir, con Averroes, y por la misericordia de Dios se me apareció en el éxtasis, bajo una forma tal, que entre su persona y la mía mediaba un velo sutil, a través del cual yo le veía, sin que él me viese ni se diera cuenta del lugar que yo ocupaba, abstraído como estaba él, pensando en sí mismo. Entonces dije: “En verdad que no puede ser conducido hasta el grado en que nosotros estamos”.»
«Y ya no volvía reunirme con él, hasta que murió. Ocurrió esto el año 595 del computo islámico, en la ciudad de Marruecos, y fue trasladado a Córdoba, donde está su sepulcro. Cuando fue colocado sobre una bestia de carga el ataúd que encerraba su cuerpo, pusiéronse sus obras en el costado opuesto para que le sirvieran de contrapeso. Estaba yo allí parado, en compañía del alfaquí y literato Abü’l-Husayn Muhammad ibn Jubayr, secretario de Sayyed Abü Sa’id uno de los príncipes almohades y de mi discípulo Abü’l-Hakam ‘Amru ibn al-Sarraj, el copista. Volviéndose éste hacia nosotros, dijo: “¿No os fijáis acaso en lo que le sirve de contrapeso al maestro Averroes en su vehículo? A un lado va el maestro y al otro van sus obras, es decir, los libros que compuso”. A lo cual replicó Ibn Jubayr: “¡No lo he de ver, hijo mío! ¡Claro que sí! ¡Bendita sea tu lengua!”. Entonces yo tomé nota de aquella frase de Abü’l-Hakam, para que me sirviera de tema de meditación y a guisa de recordatorio (ya no quedo más que yo de aquel grupo de amigos, ¡Dios los haya perdonado!) y dije para mis adentros: “A un lado va el maestro, y al otro van sus libros. Mas dime: sus anhelos ¿viéronse al fin cumplidos?”.» Ibn Arabí.

Puerta de la mezquita de Córdoba donde Ibn Arabí, acudía a la oración de los viernes. 
Mi corazón abarca todas las formas,
contiene un prado para las gacelas
y un monasterio para los monjes cristianos.
Hay un templo para los idólos
y un santuario para los peregrinos;
en él está la tabla de la Tora
y el Libro del Corán.
Yo sigo la religión del Amor
y voy por cualquier camino
por donde me lleve su cabalgadura.
Ésta es la verdadera fe.
Ibn Arabí.
¡Oh, Dios! Sea cual fuere la parte
de este mundo que me hayas asignado,
concédesela a tus enemigos; y sea
cual fuere la parte
del otro mundo que me hayas asignado,
concédesela a tus amigos. Tú ya eres
bastante para mí
Ibn Arabi
Nada existe sino Dios. Nada hay fuera de El.
Nada existe sino su esencia y voluntad.
Pues cuanto hay en existencia es Dios
y cuanto en apariencia, criatura.
Ibn Arabí.
“Alabado sea Dios, que me ha aceptado en el reino de la Benevolencia divina. Alabado sea Dios, que me ha admitido en el jardín de la Compasión divina. Alabado sea Dios, que me ha ubicado en la estación del Amor divino. Alabado sea Dios, que me ha hecho saborear las delicias de las mesas donde ha desplegado la Provisión divina. Alabado sea Dios, que me ha conferido la sutil gracia de la sumisión al Deseo divino. Alabado sea Dios, que me ha hecho beber de los manantiales de donde proviene la Satisfacción divina. Alabado sea Dios, que me ha revestido con el hábito del verdadero servicio a Dios. Todo ello a pesar de haber hecho un mal uso de la cercanía divina y de haber descuidado las obligaciones para con Dios.” Ibn.Arabi.

Ibn Arabi exalta las cualidades y aptitudes femeninas para canalizar la presencia divina.

Mata su mirada
pero, como si de Jesús se tratara,
revive con sus palabras.
Su Torá, como una luz,
es el brillante heraldo de sus piernas.
Torá que, al igual que Moisés, leo y estudio.
Sacerdotisa sin adornos entre las hijas de Rûm,
en ella contemplas la aureola del puro bien,
Salvaje es; así que en su regazo no hallarás sosiego.
En el tabernáculo de su retiro,
escogió un hipogeo de su retiro,
escogió un hipogeo por sepultura.
Trastornos dejó a los sabios de nuestra religión,
a quienes estudian los salmos,
a todos los doctores judíos,
a cada sacerdote cristiano.

“Un día fueron a ver al Califa los embajadores francos, y las muestras que vieron de la grandeza de su poder les dejó espantados.
Había hecho alfombrar el camino desde la puerta de Córdoba a la de al-Zahra, a una parasanga (aproximadamente cinco kilómetros y medio de distancia), y colocado hombres a derecha e izquierda del camino con las espadas, largas y anchas, desnudas en la mano, de manera que las del lado izquierdo se juntaban con las del derecho, formando como nervios de bóvedas, y dio orden de que los embajadores anduvieran entre aquellas espadas, bajo su sombra, como si fuera una galería cubierta.
Sólo Dios sabe el miedo que les entró. Llegados a la puerta de al-Zahra el suelo estaba alfombrado con brocado, desde la puerta de la ciudad hasta el trono, de la misma impresionante manera.
Había colocado en sitios especiales chambelanes, que parecían reyes, con vestidos de brocado y seda, sentados en sillones ornados.
Cuando veían a un chambelán, no dejaban de prosternares ante él, creyendo que se trataba del Califa. Pero les decían:
“Alzad vuestras cabezas: este es sólo uno de sus esclavos», hasta que llegaron a un patio sembrado de arena, en cuyo centro estaba sentado el Califa, con vestidos raídos y que le quedaban pequeños: todo lo que llevaba puesto no costaría más de cuatro dirhemes.
Permanecía sentado en el suelo, con la cabeza baja, y tenía delante un Corán, una espada y una hoguera.
Dijeron a los embajadores: He aquí al sultán. Entonces se prosternaron ante él, que levantó la cabeza hacia ellos y, antes de que pudieran hablar, les dijo:
«Dios nos ha ordenado que os invitemos a esto (y señaló el ‘Corán’, el Libro de Dios); y si rehusarais, a esto (y señaló la espada); y vuestro destino, cuando os quitemos la vida es esto» (y señaló el fuego).
Ante aquello se llenaron de terror; les ordenó salir sin que hubieran dicho ni una palabra y fijaron la paz con él en las condiciones que quiso imponerles”
Ibn Arabí.

«Con ciencia tal se me ha favorecido del Todo Compasivo procedente,
sentado sobre Trono y Escabel
que nunca ha sido nadie distinguido con otra semejante más que yo.
He sido conducido a contemplar prodigios de la ciencia de lo oculto que al dominio sensible -pues no cabe referirlos en él- están velados.
¡Qué asombro transitar de noche y día, viajero solitario y extranjero en existencia ya sin clase o género!
Las gentes han negado mi palabra y de un saber me acusan, difamando, por el que no censuro al alma mía.
Ni están entre los vivos, a la luz de lo que veo, ni en tierra oscura de las tumbas están entre los muertos.
Glorificado sea quien la vida otorga por Su luz al corazón y de la luz privándoles que guía a quienes niegan cubra con un velo.
De lo creado, ciencias poseemos que de Occidente Extremo, difundiéndose, han viajado del Sol hasta el Levante.
Con ellas se ha investido y se engalana quien es puro intelecto, liberado de conjeturas y especulación.
En un desierto, semejante a mí, de blanca claridad inmaculada aparecí y halléme convertido en el imam que guía, más la gente con relación a él está velada».
Poema inscrito en la tumba del poeta místico andalusí Ibn Arabí.

Mausoleo de Ibn Arabí en Damasco, aún se conserva y es lugar de peregrinación para el Islam. Sobre su tumba, el Imperio Otomano edificó una madraza en la que se guarda su sepulcro.

Plano de la Plana de la Asamblea en el Día del Juicio de Ibn Arabi. Este esbozo del Futuhat al-Makkiya de ibn-Arabi fue la inspiración para el diseño de la tumba Arjumand Banu más conocida como. El Taj Mahal,