
Fotografía de la única inscripción en todo el coliseo relativa a la reserva de asientos a los ciudadanos de un municipio. No hay ninguna otra inscripción en la que se hable de ciudades que tuvieran sitio reservado en el coliseo, lo que no quiere decir que no las hubiera, pero no se ha conservado ninguna.
Los ciudadanos de Gades gozaron de un privilegio excepcional dentro del Imperio romano: tenían asientos reservados en el Coliseo de Roma, un honor del que no se tiene constancia para ninguna otra ciudad del mundo romano. Este hecho, que a primera vista puede parecer anecdótico, revela el altísimo nivel de integración y prestigio que la antigua Cádiz alcanzó en la capital imperial.
Las inscripciones conservadas en los peldaños del anfiteatro Flavio —el gran Coliseo mandado construir por el emperador Vespasiano— revelan la palabra “gadinatorum”, término que podemos traducir como “de los gaditanos”. Estas marcas funcionan como auténticos “asientos reservados” y permiten interpretar que existía una zona concreta del graderío destinada al uso de ciudadanos de Gades que residían o pasaban largas temporadas en Roma. En el Coliseo, como en otros espectáculos públicos, el lugar que uno ocupaba indicaba su rango, y que una comunidad provincial contara con un espacio propio era un claro signo de distinción. La peculiaridad es aún mayor al comprobar que no se conservan inscripciones similares para ninguna otra ciudad del Imperio, ni siquiera para colonias romanas de larga tradición o ciudades políticamente destacadas.
Esta deferencia hacia Gades se explica por la temprana y leal relación que la ciudad mantuvo con Roma. Desde finales del periodo republicano, Cádiz se había incorporado plenamente a la vida política, económica y cultural de la Roma continental, hasta el punto de ser llamada por Cicerón “fidelísima y muy amiga de Roma”. Entre los grandes artífices de esta posición privilegiada se encuentra la influyente familia de los Balbos, de origen púnico, que alcanzó cotas de poder sin precedentes para una familia procedente de Hispania.
Lucio Cornelio Balbo el Mayor fue el primer no itálico que consiguió alcanzar el consulado romano, en el año 40 a.C., un logro extraordinario en una época en que los máximos cargos del Estado estaban fuertemente reservados a la aristocracia romana. Balbo mantuvo una estrecha relación con figuras fundamentales de su tiempo, especialmente con Pompeyo y, sobre todo, con Julio César, a quien sirvió como colaborador y consejero. Gracias a esta influencia, César concedió la ciudadanía romana a los gaditanos, reforzando su integración y su rango jurídico dentro del Imperio.
Durante una de sus visitas a Gades, César acudió al templo de Hércules-Melkart, uno de los santuarios más antiguos y respetados del Mediterráneo occidental. Según relata Suetonio, al contemplar en el templo una estatua de Alejandro Magno, César rompió a llorar, lamentando que, a la misma edad que el conquistador macedonio, todavía no había llevado a cabo nada digno de comparación. Años después, sus campañas en la Galia y su ascenso político corregirían esa percepción.
La importancia de la familia Balbo continuó con Balbo el Menor, sobrino del anterior y también protagonista destacado de la vida pública romana. Ocupó diversas magistraturas, participó en campañas militares en África y se convirtió en el primer general no romano en recibir los honores del Triunfo, una de las más altas celebraciones públicas otorgadas por el Estado. Además, mantuvo una estrecha amistad personal con el emperador Augusto, lo que consolidó aún más la posición de Gades en el seno del Imperio.
El reflejo monumental de esta prosperidad puede verse en el urbanismo de la ciudad. Balbo el Mayor impulsó hacia el año 70 a.C. la ampliación de Gades mediante la construcción de la Neápolis, un nuevo barrio que duplicó el espacio urbano de la antigua ciudad fenicia. En esta expansión se levantaron numerosos equipamientos públicos, entre ellos un anfiteatro y, sobre todo, el Teatro Romano de Cádiz, el más antiguo conocido en la península ibérica y uno de los mayores de todo el Occidente romano. Su tamaño, planificación y decoración revelan no solo el poder económico de la ciudad, sino también su plena participación en la cultura arquitectónica romana.
En conjunto, todos estos elementos —desde las inscripciones del Coliseo hasta el desarrollo monumental de la propia Gades— muestran una ciudad plenamente integrada en el mundo romano, orgullosa de su identidad y, al mismo tiempo, reconocida y respetada en el corazón del Imperio. Gades no fue una ciudad provincial más: fue una comunidad con voz, presencia e influencia real en Roma, hasta el punto de tener espacio propio en el edificio más emblemático de la civilización romana. Soledad Carrasquilla caballero. sccc.-

Gradas restauradas donde se e encuentra la inscripción de la zona del anfiteatro reservadas a los ‘Gaditanorum’

Otra perfectiva de las gradas del anfiteatro reservadas a los Gaditanorum