
Finis gloriae mundo de Juan de Valdés Leal. Esta obra fue encargada a Juan de Valdés Leal para el sotocoro del Hospital de la Caridad de Sevilla. Aluden a la banalidad de la vida a la universalidad de la muerte.
Con los nuevos días del año renace, silenciosamente, el ciclo de la vida. Las sombras del invierno se repliegan y la luz, aún tímida, comienza a avanzar con paso firme, anunciando el despertar de lo que parecía dormido. Bajo la tierra, donde reina el misterio, las semillas sienten el llamado del sol y se preparan para emerger transformadas en flores y frutos. Se alimentan de la humedad del suelo y del aire que las acaricia, uniendo en su interior la esencia de la tierra y del cielo.
La nada —esa aparente quietud donde nada ocurre— se revela entonces como un espacio fértil, un intervalo lleno de vida en potencia. En ese ciclo eterno, al que todos estamos sometidos, avanzamos sin pausa: nacemos, crecemos, cambiamos, desaparecemos y volvemos, de alguna forma, a empezar.
Por eso, quizá, la mayor sabiduría consista en habitar plenamente el instante. El pasado dejó de ser y el futuro aún no existe; lo único verdadero es este presente que palpita y se desvanece al mismo tiempo. Vivir el hoy, sin aferrarse a un mañana incierto, es aprender a caminar ligero, consciente de que cada amanecer es un regalo y cada día, una oportunidad renovada. Soledad Carrasquilla caballero. sccc..-