
Cartel del la conmemoración de IV centenario del descubrimiento de América.
El 12 de octubre de 1892, la Reina Regente María Cristina de Habsburgo-Lorena, en nombre de su hijo Alfonso XIII, firmó en el Monasterio de La Rábida (Huelva) el decreto que declaraba Fiesta Nacional el día del Descubrimiento de América, coincidiendo con la conmemoración del IV Centenario de la partida de Cristóbal Colón hacia el Nuevo Mundo.
Aquel gesto, cargado de simbolismo, vinculaba la memoria histórica del descubrimiento con la identidad nacional española y con la vocación americana de España.
Los actos oficiales en Andalucía tuvieron un protagonismo especial. En Huelva, Palos de la Frontera y La Rábida, se celebraron ceremonias solemnes, procesiones cívicas, discursos patrióticos y misas conmemorativas. Se inauguraron monumentos en honor a Colón y a los hermanos Pinzón, y se recreó la partida simbólica de las tres carabelas, evocando el inicio de la gran empresa del descubrimiento.
En Córdoba, la conmemoración tuvo también un carácter solemne. La prensa local —El Defensor de Córdoba, La Lealtad y El Diario de Córdoba— relató los actos celebrados en la ciudad. Las campanas de las iglesias repicaron desde primeras horas de la mañana, y en la Iglesia Catedral se ofició una misa solemne presidida por el Cabildo, con asistencia de las principales autoridades civiles, militares y eclesiásticas.
El templo se adornó con banderas nacionales y colgaduras, y durante la homilía se recordó la “gesta de Colón” y el papel de España como “luz de civilización y fe para el mundo nuevo”.
Por la tarde, un desfile cívico recorrió las calles principales, acompañado de bandas de música y asociaciones locales. En el Paseo del Gran Capitán, las autoridades municipales pronunciaron discursos patrióticos y se colocaron coronas ante los bustos de ilustres cordobeses.
El Ayuntamiento de Córdoba aprobó un acuerdo de adhesión a los actos nacionales, resaltando que la efeméride debía recordarse “no solo como una fecha gloriosa de España, sino como el nacimiento de una nueva era para la humanidad”.
Las escuelas y colegios dedicaron el día a lecturas sobre la vida de Colón, representaciones teatrales y concursos literarios. La Sociedad Económica de Amigos del País organizó una conferencia sobre la “obra civilizadora de España en América”, subrayando los lazos culturales, religiosos y lingüísticos que unían a España con las naciones del Nuevo Mundo.
En Córdoba también se recordó la figura del frayle Antonio de Marchena, vinculado al convento de los franciscanos de San Francisco, y la de fray Juan Pérez, ambos religiosos que habían apoyado a Colón durante su estancia en La Rábida. Estas menciones servían para reforzar el vínculo histórico de la ciudad con el descubrimiento y la exploración.
Mientras en España el 12 de octubre se celebraba con solemnidad monárquica y espíritu patriótico, en Hispanoamérica la efeméride tuvo un significado distinto, pero igualmente relevante.
En muchos países recién consolidados como repúblicas, la conmemoración del IV Centenario del Descubrimiento de América se interpretó no tanto como una exaltación de la conquista, sino como un reencuentro cultural con las raíces comunes y una oportunidad para afirmar su identidad nacional frente a las potencias europeas.
En México, el presidente Porfirio Díaz ordenó realizar actos oficiales y escolares en homenaje a Colón, erigiéndose monumentos en su honor. En Buenos Aires, Santiago de Chile, Lima, Bogotá y Caracas, se celebraron desfiles cívicos, discursos y exposiciones de arte que destacaban la lengua, la religión y la herencia cultural hispánica compartida.
En La Habana, todavía bajo dominio español, los actos tuvieron un tono especialmente emotivo, con misas, procesiones y discursos sobre la unidad de la monarquía española y sus provincias de ultramar.
El espíritu que animó muchas de estas celebraciones fue el del ideal panhispánico, una corriente cultural e intelectual que buscaba estrechar los lazos entre España y las repúblicas americanas a través de la lengua y la historia comunes. De este ambiente surgiría años más tarde, el concepto de la “Fiesta de la Raza”, que pretendía dar al 12 de octubre un sentido de fraternidad hispanoamericana, más allá de la connotación imperial del pasado.
El decreto firmado en 1892 por la Reina Regente María Cristina sentó las bases de una tradición que iría evolucionando con el tiempo.
Durante el siglo XX, el sentido de la festividad fue transformándose. En 1958, el gobierno español la declaró Fiesta Nacional, bajo la denominación de Día de la Hispanidad, destacando la comunidad histórica y cultural de las naciones de habla española.
Finalmente, con la llegada de la democracia, la Ley 18/1987, de 7 de octubre, estableció oficialmente el 12 de octubre como Fiesta Nacional de España, definiéndola como la fecha en que “comienza un período de proyección cultural y lingüística más allá de las fronteras europeas”, sin connotaciones coloniales ni raciales, sino como símbolo de unidad, diversidad y proyección internacional del pueblo español.
La jornada del 12 de octubre de 1892 fue mucho más que un simple aniversario histórico: representó el primer intento moderno de unir la memoria de España con su proyección americana, vinculando tradición, identidad y cultura en torno a una fecha común.
Desde los altares de La Rábida hasta las plazas de Córdoba, desde las catedrales americanas hasta las escuelas del Río de la Plata, aquel día simbolizó la voluntad compartida de reconocer un pasado entrelazado y un legado que seguiría vivo en la historia de ambos continentes.
Su evolución posterior —de la Fiesta del Descubrimiento al Día de la Hispanidad y, finalmente, a la Fiesta Nacional de España— confirma que el 12 de octubre sigue siendo, más de un siglo después, una fecha de memoria, diálogo y encuentro entre las dos orillas del mundo hispánico. Soledad Carrasquilla Caballero. sccc.-