
Castillo de Gibralfaro con los barcos franceses dispuesto para tomar Málaga
Fernando Berrocal después de ingresar en la orden de los capuchinos, su vida transcurrió en los conventos de Andalucía, donde se dedicó a la predicación y a ayudar a los más desfavorecidos. Sin embargo, la invasión napoleónica cambió su destino.
Cuando las tropas francesas ocuparon España, Berrocal no dudó en utilizar su influencia para alentar al pueblo malagueño a resistir la presencia del invasor. Desde los púlpitos y en las calles, el fraile llamaba a la rebelión, instando a los ciudadanos a defender su tierra. Su ardor lo convirtió en un líder natural dentro de los grupos de resistencia, organizando levantamientos y participando activamente en la insurgencia contra las tropas de Napoleón.
El compromiso de Berrocal con la causa patriótica no pasó desapercibido para los franceses, que lo consideraban un enemigo peligroso debido a su capacidad de movilización. Perseguido por su papel en la resistencia, logró huir de Málaga cuando las tropas francesas entraron en la ciudad, pero su suerte cambió al ser capturado en Motril (Granada) por el gobernador José Juncar Tudó, un funcionario colaboracionista que lo entregó a los franceses.
Sébastiani, decidido a escarmentar a los rebeldes, ordenó su ejecución pública. El fraile fue ahorcado junto con otros patriotas que habían combatido la invasión. Su muerte, lejos de sofocar la resistencia, lo convirtió en un mártir de la causa y en un símbolo del sacrificio por la libertad.
Aunque su vida terminó en el patíbulo, Fernando Berrocal se convirtió en un símbolo de la lucha popular contra la opresión extranjera. Su figura, junto a la de otros mártires de la Guerra de Independencia, refleja el sacrificio de los que, sin ser militares, tomaron las armas o utilizaron su influencia para combatir la invasión napoleónica.
Hoy, su historia sigue siendo un testimonio del espíritu de resistencia durante uno de los periodos más convulsos de la historia de España. Soledad carrasquilla Caballero.sccc.-