
Don Pedro Téllez Girón, El gran Osuna. Oleo pintado por Bartolomé González y Serrano.
Pedro Téllez-Girón y Velasco Guzmán y Tovar nació en Osuna, 17 de diciembre de 1574 y murió en Barajas, 24 de septiembre de 1624. fue un noble, político y militar español, grande de España, III duque de Osuna, II marqués de Peñafiel, VII conde de Ureña y señor de Olvera, entre otros títulos. Fue caballero del Toisón de Oro y desempeñó un papel crucial en la política y estrategia militar del reinado de Felipe III. Sirvió a la Corona como virrey y capitán general de los reinos de Sicilia (1610-1616) y de Nápoles (1616-1620), periodos en los que consolidó la hegemonía naval española en el Mediterráneo.
Desde su llegada a Sicilia en 1610 como virrey, Osuna comprendió que la Monarquía Hispánica enfrentaba crecientes desafíos en el Mediterráneo. La presión otomana, las incursiones de corsarios berberiscos y la rivalidad con Venecia amenazaban los dominios españoles en Italia y las rutas comerciales clave. Para contrarrestar estos peligros, desarrolló una política de defensa activa que incluyó:
Refuerzo de las fortificaciones en Sicilia y Nápoles: Restauró y modernizó numerosas plazas y bastiones en las costas, especialmente en Messina, Palermo y Gaeta, asegurando la resistencia ante posibles ataques navales.
Construcción y modernización de la flota: Su administración en el virreinato de Nápoles impulsó la creación de una flota más rápida y eficiente, compuesta por galeras y galeones mejor armados, capaces de responder con mayor agilidad a las amenazas enemigas.
Reforma de las milicias locales: Fomentó la profesionalización de las tropas estacionadas en Italia, asegurando un entrenamiento continuo y una mejor logística de aprovisionamiento.
Osuna no solo defendió los territorios españoles en Italia, sino que promovió una estrategia ofensiva para garantizar la supremacía naval de España. Su visión fue más allá de la simple defensa y apostó por una política de dominio marítimo basada en el desarrollo de una flota eficaz y autosuficiente.
Como virrey de Nápoles, estableció una flota permanente que no dependía exclusivamente de las órdenes de la Corona en Madrid. Para su financiación, recurrió a los ingresos del corso y al control del comercio marítimo, logrando que la Armada fuera autosuficiente sin comprometer las finanzas del rey.
Introdujo mejoras en el diseño de los barcos, incorporando naves más veloces y maniobrables. Además, promovió la experimentación con nuevas formaciones de combate y estrategias para maximizar la eficacia en alta mar.
En lugar de depender únicamente de la flota oficial, fomentó la guerra de corso contra turcos, berberiscos y venecianos, utilizando capitanes privados que actuaban bajo patente de corso. Esta estrategia no solo debilitó a los enemigos de España, sino que también generó ingresos mediante los botines obtenidos en el mar.
Durante su gobierno en Nápoles, Osuna libró una serie de enfrentamientos navales contra los turcos y la República de Venecia, consolidando la hegemonía española en la región.
Una de sus mayores victorias fue la batalla del Cabo Celidonia, donde su escuadra, comandada por Francisco de Ribera y Juan Fajardo de Tenza, derrotó a una flota otomana superior en número. Este triunfo confirmó el poderío naval español y debilitó la presencia turca en el Mediterráneo oriental.
Osuna dirigió ataques contra la República de Venecia, bloqueando su comercio y hostigando sus puertos en el Adriático. Su objetivo era minar la influencia veneciana y asegurar las rutas comerciales de España en la región.
Con el apoyo de corsarios y la flota española, organizó una audaz incursión contra el puerto de Constantinopla, corazón del Imperio Otomano. Aunque no se logró una conquista permanente, la operación demostró la capacidad ofensiva de la Armada de Osuna y la vulnerabilidad del enemigo.
Una de sus mayores contribuciones a la Corona fue su capacidad para gestionar los recursos militares con autonomía y eficacia. A diferencia de otros virreyes, que dependían enteramente de los envíos de dinero desde España, Osuna implementó un modelo de financiación alternativo basado en: Autofinanciación de la flota mediante el corso y el comercio marítimo. Reformas en el pago a la soldadesca y marinería, asegurando su lealtad y evitando motines. Establecimiento de alianzas con banqueros genoveses y comerciantes italianos para garantizar recursos en caso de necesidad.
Sus métodos de administración serían posteriormente imitados por otras potencias europeas, incluida la Marina Real británica.
A pesar de sus éxitos militares y administrativos, Osuna se ganó numerosos enemigos en la corte de Felipe III. Sus métodos independientes y su creciente influencia en Italia despertaron recelos entre los cortesanos, especialmente en el círculo del Conde-Duque de Olivares.
La nobleza italiana, especialmente la facción veneciana, lo acusó de conspirar contra la República de Venecia en un plan conocido como la «Conjuración de Venecia». Aunque no hay pruebas definitivas de su participación, la acusación fue utilizada por sus adversarios para debilitarlo políticamente.
En 1620, Osuna fue llamado a la corte y destituido de su cargo. Poco después, fue encarcelado en el castillo de Barajas sin juicio, víctima de la desconfianza de Olivares y las intrigas de sus Pasó los últimos años de su vida encarcelado, sin que se le permitiera defenderse de las acusaciones. Falleció en 1624, dejando tras de sí un legado de victorias militares y una flota que había asegurado la preeminencia española en el Mediterráneo.
Pedro Téllez-Girón no solo fue un brillante estratega y administrador, sino también un personaje adelantado a su tiempo. Su modelo de financiamiento naval, su política de corso y su enfoque pragmático de la guerra marcaron el camino para futuras potencias navales. Soledad Carrasquilla Caballero. sccc.-
Francisco de Quevedo tuvo como gran valedor al duque de Osuna, actuando como agente secreto de Pedro Téllez durante el tiempo que estuvo en Italia. Ambos se habían conocido en su época de estudiante en la universidad de Alcalá de Henares al tener las mismas aficiones a fiestas y aventuras.
Mientras Osuna progresaba en su carrera hacia los altos cargos del estado, Quevedo en Madrid se relacionó con otros genios literarios de la época, como Cervantes y Lope de Vega o Góngora. Es probable que el conde de Gondomar, uno de los jefes del servicio secreto español, lo captara como agente y lo enviara al laberinto italiano donde actúa como hombre de confianza del duque, con quien mantuvo una relación de confianza toda su vida, dando lugar a que Quevedo escribiera esta poesía al andaluz:
Faltar pudo su patria al grande Osuna,
pero no a su defensa sus hazañas;
diéronle muerte y cárcel las Españas,
de quien él hizo esclava la fortuna.
Lloraron sus envidias una a una
con las propias naciones las extrañas:
su tumba son de Flandes las campañas,
y su epitafio la sangrienta luna.
En sus exequias encendió al Vesubio
Parténope, y Trinacria al Mongibelo;
el llanto militar creció en diluvio.
Diole el mejor lugar Marte en su cielo;
la Mosa, el Rin, el Tajo y el Danubio
murmuran con dolor su desconsuelo.