[REQ_ERR: SSL] [KTrafficClient] Something is wrong. Enable debug mode to see the reason. Eulogio de Córdoba dice en su Memorial – Cosas de Cordoba

Eulogio de Córdoba dice en su Memorial

Fotografía de la reproducción de «Memoriale sanctorum», escrito por Eulogio de Córdoba en la cárcel de la ciudad califal.

El testimonio de Eulogio de Córdoba, uno de los intelectuales cristianos más influyentes del siglo IX, nos ofrece una ventana privilegiada al esplendor alcanzado por la capital andalusí en tiempos de Abd al-Rahman II. En su Memorial, escribe con una mezcla de admiración y asombro:

“Abd al-Rahman II engrandeció y colmó de riquezas a la ciudad de Córdoba, superando a los emires anteriores en el esplendor de su corte. Córdoba, en otro tiempo Patricia, es hoy bajo las riendas del emir la floreciente capital del reino andalusí, exaltada hasta la cumbre misma de la gloria. La ha sublimado con honores y ha extendido su fama por doquier, la ha enriquecido sobremanera y la ha convertido en un paraíso terrenal”.

Sus palabras, aunque escritas desde la perspectiva de un mozárabe, (del árabe مستعرب [mustaʕrab]), revelan hasta qué punto el emir supo transformar la ciudad en un auténtico centro del poder político, económico y cultural de al-Andalus.

Durante su reinado, Córdoba no solo se convirtió en una urbe monumental, con palacios, jardines y baños que asombraban a propios y extraños, sino que también floreció como núcleo de la cultura. Abd al-Rahman II fomentó la poesía, la música y las ciencias, atrayendo a la corte a sabios y artistas de todo el mundo islámico. Se cuenta, por ejemplo, que invitó al célebre músico bagdadí Ziryab, quien revolucionó el gusto cordobés con nuevas melodías, refinamientos culinarios y modas cortesanas.

La riqueza de la ciudad se reflejaba en sus zocos y talleres, donde artesanos producían tejidos de lujo, orfebrería y cerámica que circulaban por las rutas comerciales de todo el Mediterráneo. Córdoba, descrita como un “paraíso terrenal”, era también un faro político: desde allí se proyectaba el poder omeya sobre las demás coras de al-Andalus, y las aguas del Mediterráneo,  consolidando una imagen de grandeza que alcanzaba incluso a los reinos cristianos del norte y a las cortes musulmanas de Oriente.

Eulogio, a pesar de ser crítico con el islam y defensor del cristianismo mozárabe, no pudo evitar reconocer la magnificencia de un emir que había sabido colocar a Córdoba en la cúspide del prestigio internacional. Gracias a su gobierno, la antigua ciudad romana, antes llamada Patricia, se erigía ahora en una capital floreciente, símbolo de poder, esplendor y prosperidad. Soledad Carrasquilla cabellero. Sccc.-