[REQ_ERR: SSL] [KTrafficClient] Something is wrong. Enable debug mode to see the reason. Entrega de Cuba a Estados Unidos. – Cosas de Cordoba

Entrega de Cuba a Estados Unidos.

El 1 de enero de 1899, Adolfo Jiménez Castellanos Tapias, natural de Montilla (Córdoba), asumió un papel tan decisivo como doloroso en la historia de España: fue el último gobernador y capitán general español de Cuba. A él le correspondió cerrar, en nombre del Rey, el largo ciclo de cuatro siglos de presencia española en América, entregando oficialmente la isla a los Estados Unidos tras la derrota en la guerra hispano-norteamericana.

Aquel mediodía, con paso firme y gesto contenido, Adolfo Jiménez Castellanos atravesó el salón de los espejos del Palacio de los Capitanes Generales de La Habana, escenario del acto que simbolizaba el final de un imperio. Cruzó la estancia y, con la mirada endurecida por la derrota y el cansancio de toda una vida, se inclinó ante el general estadounidense John R. Brooke, representante del nuevo poder. Sobre la mesa aguardaban una pluma y el documento que rubricaría la cesión. Oficiales norteamericanos observaban en silencio; desde los balcones, los militares españoles asistían al acto con rostros graves, conscientes de estar presenciando un momento irreversible.

En ese instante solemne, Jiménez Castellanos pronunció unas palabras que marcarían la historia:

“Señor, en cumplimiento del Tratado de París, de lo acordado por las comisiones militares de la Isla y de las órdenes de mi Rey, en este momento, al mediodía de hoy, 1 de enero de 1899, cesa de existir en Cuba la soberanía española y comienza la de los Estados Unidos…”

Al sonar las campanadas del mediodía, un cañón tronó a lo lejos. Veintiuna salvas anunciaron el inicio de una nueva era. En el tejado del palacio, un soldado descendió lentamente la bandera española mientras, casi de inmediato, se izaba la estadounidense. El gesto, sencillo y mecánico, encerraba una carga simbólica devastadora.

Para Adolfo Jiménez Castellanos, aquel acto no supuso únicamente la pérdida de una colonia para España; significó también la ruina íntima de una vida entera. General veterano, con más de treinta años de vinculación con Cuba, había pasado veinticinco años en la isla, convertida ya en su hogar. Allí quedaron los recuerdos de su esposa criolla, su casa, sus afectos y una existencia construida en suelo cubano. Al cerrar las puertas del Palacio de los Capitanes Generales, dejó atrás no solo un cargo, sino su pasado, su identidad y la tierra que sentía como propia.

Antes de este desenlace, Jiménez Castellanos había sido testigo directo de los episodios más crudos del conflicto cubano: la Guerra de los Diez Años, las insurrecciones mambisas y los últimos y convulsos días de la soberanía española. Su profundo conocimiento del territorio y de la sociedad cubana le otorgó fama de militar experimentado y respetado. Sin embargo, en los años finales de su carrera, fue más gestor humanitario que soldado.

Como presidente del comité de evacuación, asumió la ingrata tarea de organizar la retirada de 87.000 españoles, convertidos de la noche a la mañana en proscritos por la administración estadounidense. Luchó con firmeza contra las exigencias de los vencedores, que pretendían embarcar a los soldados derrotados sin miramientos, en condiciones indignas, heridos, enfermos y desmoralizados. Gracias a su insistencia, logró que muchas unidades españolas abandonaran Cuba desfilando con orden, música y disciplina, preservando así un último vestigio de dignidad militar.

El episodio más emblemático fue la salida de las tropas españolas de La Habana, marchando por las calles de la ciudad al compás de la música marcial. Fue un acto solemne y silencioso, cargado de simbolismo: la despedida final de España de la isla que durante siglos había sido una de sus joyas imperiales.

Adolfo Jiménez Castellanos falleció en Madrid el 18 de enero de 1929, a los casi ochenta y cinco años. Pero su verdadera muerte ocurrió tres décadas antes, en aquella sala de los espejos de La Habana, cuando entregó la soberanía española sobre Cuba y, con ella, una parte esencial de sí mismo. Porque hay hombres que mueren una sola vez…y otros que mueren el día en que la Historia les obliga a decir adiós. Soledad Carrasquilla caballero. sccc.-

Pintura de la entrega oficial de la isla de Cuba por el Capitán General Jiménez Castellanos