
Enrique de Castilla y Sousa nació en Córdoba en 1378 y falleció en la misma ciudad en 1404. Fue hijo bastardo del rey de Castilla Enrique II de Trastámara y de la noble cordobesa Juana de Sousa, perteneciente a una influyente familia de la aristocracia andaluza.
Su abuelo materno, Vasco Alfonso de Sousa, ostentó el cargo de alcalde mayor de Córdoba, mientras que su abuela, María Gómez Carrillo, pertenecía a la ilustre Casa de los Carrillo, una de las familias con mayor peso en la política castellana de la época.
Pese a ser hijo bastardo, Enrique fue reconocido por su padre, quien, en 1380, cuando Enrique tenía apenas dos años, le concedió los títulos de duque de Medina Sidonia y conde de Cabra. Señor de Alcalá y Mora
Estos títulos lo convirtieron en una de las figuras nobiliarias más destacadas del reino, otorgándole jurisdicción sobre vastas tierras y el control de importantes señoríos en Andalucía. Sin embargo, su temprana muerte en 1404, sin descendencia legítima, hizo que sus títulos revirtieran a la Corona, siendo posteriormente otorgados a otras ramas de la nobleza castellana.
Desde su infancia, Enrique mantuvo una relación muy estrecha con su madre, Juana de Sousa, quien desempeñó un papel clave en su educación y formación política.
La unión entre ambos se intensificó tras la muerte de Enrique II el Fratricida, en 1379. Su viuda, Juana Manuel de Villena, asumió la regencia en favor de su hijo legítimo, Juan I de Castilla, marginando a los hijos bastardos del difunto monarca. Esta situación dejó a Juana de Sousa y su hijo Enrique en una posición vulnerable dentro de la corte, lo que llevó a Juana a refugiarse en Córdoba, su ciudad natal, donde intentó asegurar un futuro para su hijo.
En 1404, a la edad de 26 años, Enrique de Castilla y Sousa falleció en Córdoba. Aunque las fuentes históricas no precisan las causas de su muerte, algunas crónicas sugieren que pudo deberse a una enfermedad repentina, mientras que otras especulan sobre la posibilidad de un envenenamiento o conspiración dentro de la nobleza.
La muerte de Enrique sumió a su madre en una profunda tristeza. Según los relatos de la época, Juana de Sousa permaneció varios días encerrada junto al cadáver de su hijo, negándose a separarse de él.
Finalmente, Enrique fue sepultado en la Mezquita-Catedral de Córdoba, en un lugar de honor dentro del recinto sagrado. Sin embargo, el dolor de Juana no terminó con el entierro. Afligida y devastada, solicitó al Cabildo catedralicio una habitación dentro de la Mezquita para poder velar la tumba de su hijo día y noche. Se dice que pasó los últimos años de su vida en ese pequeño espacio, dedicando su tiempo a la oración y el duelo.
Con el paso del tiempo, la trágica historia de Juana de Sousa y su hijo se convirtió en una de las leyendas más misteriosas de Córdoba.
Se dice que, incluso después de su muerte, el espíritu de Juana siguió visitando la tumba de su hijo cada noche. Testimonios recogidos a lo largo de los siglos aseguran que, en las noches más silenciosas, se escuchan susurros y lamentos en la Mezquita-Catedral, como si una presencia femenina siguiera velando el sepulcro de Enrique.
Algunos vigilantes de seguridad y trabajadores del templo han afirmado haber visto la figura fantasmal de una dama vestida de negro rondando la sepultura, y aseguran que, en ocasiones, se perciben sombras o ruidos inexplicables en la zona.
Esta historia ha sido recogida en diversas obras, entre ellas Enigmas y misterios de Córdoba, de José Manuel Morales Gajete, y sigue siendo motivo de fascinación para quienes visitan la Mezquita-Catedral.
Hoy en día, la tumba de Enrique de Castilla y Sousa, duque de Medina Sidonia, aún puede visitarse en la Mezquita-Catedral de Córdoba, convirtiéndose en un lugar de interés tanto por su valor histórico como por la leyenda que lo rodea.
Para muchos, su historia no es solo la de un noble olvidado, sino la de un amor maternal que trascendió la muerte, dejando una huella imborrable en la memoria de Córdoba. Soledad Carrasquilla Caballero. Sccc.-
Lapida de la tumba de Enrique de Castilla y Sousa duque de Medina Sidonia (Mezquita-catedral de Córdoba)