
La libertad se aprende ejerciéndola. Dejad que la mujer se manifieste como es, para conocerla y para juzgarla; respetad su derecho como ser humano. Clara Campoamor
19 de noviembre de 1933: el día que las mujeres españolas conquistaron las urnas
El 19 de noviembre de 1933 marcó un hito trascendental en la historia de España: por primera vez, las mujeres ejercieron su derecho al voto en unas elecciones generales. Aquella jornada no fue solo un hecho político, sino también un símbolo de libertad y de dignidad, el resultado de décadas de lucha, educación y militancia feminista en un país que comenzaba a abrir los ojos a la modernidad.
El derecho al voto femenino fue reconocido dos años antes por el Artículo 36 de la Constitución de 1931, aprobada durante la Segunda República Española. En él se establecía con rotundidad que “los ciudadanos de uno y otro sexo, mayores de veintitrés años, tendrán los mismos derechos electorales conforme determinen las leyes”. Con esta disposición, España se convertía en uno de los primeros países de Europa en reconocer la igualdad política entre hombres y mujeres.
Aquel avance se enmarcó en una etapa de profundas reformas y de un fervor reformista sin precedentes. La Segunda República había nacido con la voluntad de modernizar el Estado, democratizar la sociedad y promover la justicia social. En apenas unos años se impulsaron medidas que transformaron el país: la separación entre la Iglesia y el Estado, la reforma agraria, la ampliación de la educación pública y laica, y una nueva visión del papel de la mujer en la vida social y laboral.
Sin embargo, la aprobación del sufragio femenino no estuvo exenta de polémica ni fue unánime. En las Cortes Constituyentes, dos mujeres —Clara Campoamor y Victoria Kent— protagonizaron un debate histórico que simbolizó las tensiones ideológicas y estratégicas de la época.
Clara Campoamor abogada y diputada del Partido Radical, defendió apasionadamente el derecho al voto femenino desde una perspectiva de principio y justicia universal. “Yo no creo en la superioridad de un sexo sobre otro. Lo que defiendo es la igualdad y la justicia”, proclamó en el hemiciclo. Para ella, negar el voto a las mujeres por temor a su supuesto conservadurismo era perpetuar una discriminación tan injusta como la que ellas habían sufrido durante siglos.
Por su parte, Victoria Kent, diputada por el Partido Republicano Radical Socialista, pidió posponer el voto femenino argumentando que muchas mujeres aún estaban bajo la influencia de la Iglesia y el clero, y que, por tanto, su voto podría favorecer a las fuerzas conservadoras, debilitando el proyecto reformista republicano. Su intervención fue tan racional como controvertida, pues reconocía la necesidad de emancipar a la mujer, pero sin concederle aún plena autonomía política.
A pesar de las presiones y del ambiente en contra, Clara Campoamor logró que el sufragio femenino fuera aprobado el 1 de octubre de 1931 por 161 votos a favor y 121 en contra. Fue una victoria moral e histórica que cambió para siempre la historia política española.
El 19 de noviembre de 1933, por fin, 6.800.000 mujeres españolas acudieron a las urnas. Lo hicieron con ilusión, orgullo y, en muchos casos, con miedo o inseguridad, conscientes de estar protagonizando un momento único. Por primera vez, las mujeres dejaron de ser espectadoras de la historia para convertirse en ciudadanas plenas.
Paradójicamente, los resultados de aquellas elecciones dieron la victoria a la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA), un bloque conservador. Muchos sectores republicanos culparon —injustamente— al voto femenino de ese desenlace. Clara Campoamor fue marginada políticamente, perdió su escaño y se exilió años después tras la derrota republicana en la Guerra Civil. Sin embargo, la historia la reivindicaría como una de las grandes defensoras de la libertad en el siglo XX español.
El triunfo del voto femenino fue efímero. Tras la Guerra Civil y el establecimiento de la dictadura franquista, las mujeres perdieron todos sus derechos políticos y civiles. El régimen relegó a la mujer al ámbito doméstico, bajo la tutela del marido y de la moral católica. No sería hasta las elecciones generales de 1977, y la restauración democrática, cuando las españolas recuperaron su derecho al voto, 44 años después de haberlo ejercido por primera vez.
La conquista de 1933 sigue siendo, hoy, un símbolo de coraje y justicia social. Supuso romper con siglos de exclusión y abrir el camino hacia la igualdad política. Cada papeleta depositada por una mujer aquel 19 de noviembre fue un acto de emancipación, un desafío al pasado y un compromiso con el futuro.
Y aquel día, millones de mujeres españolas aprendieron a ser libres. Soledad Carrasquilla Caballero. sccc.-