[REQ_ERR: SSL] [KTrafficClient] Something is wrong. Enable debug mode to see the reason. El tesoro de la fantasía: – Cosas de Cordoba

El tesoro de la fantasía:

Famosa qasida en elogio de Córdoba, que estaba en boca de todos los andalusíes

..Arrastro sobre esta tierra
mis penas y mis fatigas,
sin tener consuelo alguno
mi negra melancolía.
Corro del valle de Akik
a la Ruzafa magnífica
(sólo al mentar estos nombres,
De repente mis mejillas
con lágrimas se humedecen);
ya mis pasos se encaminan
al prado de Addun, al claustro
a la fúnebre capilla,
o a la puerta de aquel hombre
poderoso, que me brinda
con su vino y su amistad,
que siempre son mi delicia.
Alá le guarde y proteja,
y me conceda la dicha
de poder verle y hablarle
todo el tiempo que yo exista.
A la puerta de Damasco
no quiero hallarme en la vida;
ir a regiones extrañas
mi pensamiento no ansía.
El que su patria abandona,
no bien ausente se mira,
arrepentido lamenta
su arrebatada partida.
¿Qué alcanza ni qué consigue
el que mucho peregrina?
Ganar tal vez con trabajo
su sustento solicita;
pero ¿qué saben los hombres
de lo que Dios determina?
Quien emigrar me aconseja,
con mayor razón podría
aconsejar a un eunuco
el ser padre de familia.
Mi salud en este mundo
y en el otro aquí se cifra;
por nada la deliciosa
Córdoba yo dejaría.
Grande es la ciudad; del río
las ondas son cristalinas;
verde espesura, jardines
y flores bordan su orilla.
Para vivir siempre en Córdoba
más que Noé viviría.
De Faraón los tesoros
déme la suerte propicia
para gastarlos en vino
y en cordobesas bonitas,
ojinegras, cariñosas,
que a dulces besos convidan.
Mas, ¡ay! que debo quejarme
de la fortuna maldita,
que con pobreza y cuidados
de continuo me atosiga.
Jamás alcanza mi mano
a donde alcanza mi vista.
Menos que yo valen otros,
y llegan a donde aspiran.
Entre desdichas tan crudas
es la más cruda desdicha
tener, como un pordiosero,
la bolsa siempre vacía,
y de caprichos de rey
la imaginación henchida.
A contemplar no me atrevo,
de Yabrin en las colinas,
a las esbeltas mujeres,
cual las anémonas lindas.
Al verme tan angustiado,
me dicen muchos: Emigra;
y yo respondo: Lo haré,
cuando no esté de la viña
colgado mi corazón;
cuando el aura matutina
con el aroma del mirto
no dé a mi pecho alegría;
cuando los cantares odie
y las redondas mejillas,
como la granada rojas,
y no exciten mi codicia
las pomas de amor fragantes,
que blandamente palpitan.
Para evitar la miseria
trabajaré noche y día;
haré esfuerzos por lograr
una suerte más benigna;
mas no pretendáis de mí
que deje la patria mía;
al caballo de viaje
no pondré jaez ni brida.
Muy sano es vuestro consejo,
mas permitid no le admita;
no puede el alma sufrir
que otros en mi casa vivan.
Quiero ser fiel a mi patria,
aunque me dio poca dicha,
aunque en ella mis deseos
y voluntad se marchitan.
En ella apenado vivo,
y con desprecio me miran;
mas no he de ver otras tierras
y gentes desconocidas.
«Viene a medrar con nosotros
este extranjero», dirían,
mis frases más amistosas
pagando con invectivas;
«lejos de aquí; sólo agradas
si de delante te quitas;
tu presencia me es odiosa
y me despierta la ira».
¡Oh amorosos ojos negros!
¡Oh mujeres peregrinas!
No es para mí vuestro amor;
me atrevo apenas la vista
a tender hacia vosotras;
tanto la inopia me humilla.
Y tú, vino del convento,
confortadora bebida,
para gustarte a menudo,
dinero se necesita.
¡Oh Tú, que con decir «sea»,
cuanto hay en el mundo crías,
ve que en Córdoba me quedo
en necesidad grandísima;
poderoso y grande Alá,
en ti mi alma confía!
Córdoba me quedo
en necesidad grandísima;
poderoso y grande Dios
en ti mi alma confía!