[REQ_ERR: SSL] [KTrafficClient] Something is wrong. Enable debug mode to see the reason. El tango y el flamenco – Cosas de Cordoba

El tango y el flamenco

Los dos cantes son “Patrimonio inmaterial de la Humanidad

El día 24 de junio de 1935 Carlos Gardel, “cerró los ojos y el mundo siguió andando.

Aquel día fatídico, el aeródromo de «Las Playas», en Medellín, Colombia, fue el escenario final de una de las voces más inmortales del siglo XX. Su avión apenas despegaba cuando ocurrió el accidente que silenció al «zorzal criollo», pero no su canto.

Gardel había nacido, según defienden los uruguayos, en Tacuarembó, entre 1883 o 1887. Para los franceses, fue en Toulouse, en 1890. Sin embargo, fue en Buenos Aires donde el mito echó raíces profundas. Allí creció, entre conventillos y guitarras, con el alma impregnada de lunfardo y nostalgia. Fue en esa ciudad donde se convirtió en el ídolo popular, en la voz de los inmigrantes, de los desarraigados, de los amores imposibles.

En lo que sus biógrafos coinciden es que de muy niño vivía en Buenos Aries y que cuando el éxito lo llevó a París, Nueva York o Madrid volvía a su “barrio plateado por la luna y a la calle Corriente, aunque a media luz, su número no era 348 y se quedaba mirando sus fachadas emocionado con los ojos vidriosos de emoción.

En el año 2003, su voz fue declarada por la UNESCO Patrimonio del Mundo, ingresando al programa Memoria del Mundo, como un bien universal, una joya sonora que pertenece a todos los pueblos. Porque Gardel no cantó solo para el Río de la Plata, cantó para la eternidad.

En España, incluso entre los puristas del cante jondo, se reconoce su grandeza:

“No ha habido en el mundo un cantor como Carlitos”, dicen, aunque les cueste admitirlo frente a leyendas como Mairena, o La niña de los Peines. Pero algo en Gardel excedía los géneros: tenía duende, tenía compás, tenía presencia.

“Nos enseñó a estar en un escenario y a posar para los retratos”, confesó alguna vez un viejo cantaor.

Flamenco y tango, tan distintos en su origen, se dan la mano en el sentimiento. El primero, nacido en las tierras gitanas y campesinas de Andalucía; el segundo, fruto del mestizaje urbano en los arrabales de Buenos Aires y Montevideo. Ambos tienen algo de lamento, algo de sangre, algo de carne viva. Los dos son expresión de la pérdida, de la pasión, de lo que no se puede decir sin música.

Ambos, también, han sido reconocidos como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, el flamenco en 2010, el tango en 2009. Es una manera de decir que pertenecen a todos, que son lenguajes universales. Y Gardel es, sin duda, el puente más elegante entre esos dos mundos.

A casi un siglo de su muerte, Gardel sigue cantando. Porque como bien dice el dicho popular: “Cada día canta mejor”. Soledad Carrasquilla Caballero. sccc.-

Carlos Gardel de gaucho

Antonio Mairena, con la Llave de Oro del Cante

La Naña de los Peines pintada por Julio Romero de Torres