[REQ_ERR: SSL] [KTrafficClient] Something is wrong. Enable debug mode to see the reason. El saqueo de Almería y el origen de la industria textil catalana – Cosas de Cordoba

El saqueo de Almería y el origen de la industria textil catalana

La industria textil catalana tuvo un inicio marcado por el saqueo y el expolio en tierras andaluzas.

En 1147, la península ibérica estaba sumida en una compleja lucha de poder. Los almorávides, debilitados y en retirada, enfrentaban el avance de los almohades, una dinastía bereber que aspiraba a imponer su dominio sobre al-Ándalus. En medio de esta guerra civil, Alfonso VII de León y Castilla, apodado el Emperador, vio una oportunidad para expandir su influencia en el sur y lanzó una ofensiva contra territorio andalusí.

El primer objetivo fue tomar Córdoba, la antigua capital del Califato Omeya que, aunque había perdido su esplendor, seguía siendo un centro de resistencia. Sin embargo, pese a la facilidad con la que el ejército cristiano llegó hasta la ciudad, los defensores resistieron el asedio. Fue entonces cuando surgió una alternativa: una embajada de Génova y Pisa, interesada en expandir su control comercial en el Mediterráneo occidental, propuso atacar Almería. Esta ciudad era un puerto estratégico y uno de los más importantes de al-Ándalus, famoso por su actividad naval y haber sido sede de la marina califal, su función comercial y en aquella ocasión especialmente, por su próspera industria textil.

Alfonso VII aceptó la propuesta y convocó a sus aliados. La Corona de Aragón, gobernada por la reina Petronila, esposa del conde Ramón Berenguer, respondió con entusiasmo. Así se conformó una coalición cristiana compuesta por fuerzas castellanas, aragonesas y un poderoso contingente naval genovés y pisano.

El ataque se llevó a cabo por tierra y mar. Las tropas castellanas y aragonesas avanzaron desde el interior, mientras la flota aliada bloqueaba el puerto de Almería, impidiendo la llegada de refuerzos y provisiones. El asedio fue brutal. Aunque los almeriense opusieron resistencia, finalmente la ciudad cayó en octubre de 1147.

El botín fue enorme. Castilla y Génova se repartieron el control de la ciudad, pero Aragón se cobró su parte de una manera estratégica: se apropió de los cientos de telares que hacían de Almería un centro de producción textil de primer nivel, junto con varios miles de mujeres que trabajaban en ellos y que fueron convertidas en esclavas. Estas mujeres, muchas de ellas expertas en el tejido y en la confección de telas de lujo, fueron trasladadas a territorios aragoneses, en especial a Barcelona y otras ciudades de la marca catalana, donde sentaron las bases de una naciente industria textil que, siglos más tarde, se convertiría en uno de los pilares de la economía catalana.

Mientras Aragón consolidaba su botín, Castilla y Génova administraban la ciudad. Sin embargo, su control fue efímero. En 1151, tras apenas cuatro años, los almohades, ya victoriosos en su lucha contra los almorávides, lanzaron una gran ofensiva para recuperar Almería. La ciudad fue reconquistada, pero el daño ya estaba hecho.

La destrucción causada por la invasión cristiana dejó cicatrices irreversibles. Los campos circundantes, arrasados por los castellanos y genoveses en su estrategia de tierra quemada, nunca recuperaron su fertilidad. Se dice que en algunas zonas los invasores esparcieron sal para hacerlas improductivas, una táctica utilizada en las guerras medievales para evitar la recuperación económica de los territorios conquistados.

Además, aunque los almohades restablecieron el control sobre Almería, la ciudad nunca volvió a alcanzar el esplendor previo a la invasión. Su red comercial había sido severamente afectada, los telares habían desaparecido, y miles de trabajadores cualificados—las mujeres esclavizadas por los aragoneses—nunca regresaron. Lo que una vez fue un emporio comercial y textil clave en el Mediterráneo occidental quedó reducido a una sombra de su antigua gloria.

Mientras tanto, en Cataluña, los conocimientos textiles robados comenzaron a florecer. Con el paso de los siglos, y con el respaldo de una economía en crecimiento, la industria textil catalana se consolidó, convirtiéndose en un motor clave de la economía de la Corona de Aragón y, posteriormente, de España. Paradójicamente, su origen estuvo marcado por la violencia, el saqueo y la esclavitud, en un episodio que rara vez se menciona en las narrativas tradicionales sobre el auge económico de Cataluña. Soledad Carrasquilla caballero. sccc.-