[REQ_ERR: SSL] [KTrafficClient] Something is wrong. Enable debug mode to see the reason. El rio del Olvido. – Cosas de Cordoba

El rio del Olvido.

Desembocadura del rio Guadalete en el Puerto de Santa María.

El nombre del río Guadalete parece derivar de Lete, el mítico río del olvido en la mitología griega. Según la tradición, esta denominación se remonta a la memoria de una batalla que nunca llegó a producirse entre los fenicios asentados en Gadir (actual Cádiz) y sus vecinos griegos, establecidos en la desembocadura de este río, en un puerto conocido como Menesteo, hoy El Puerto de Santa María.

La batalla debía haberse librado en las inmediaciones del entonces llamado río Criso, cuyo nombre derivaba de Chyses, un término relacionado con Gerión, el mítico rey de Tartessos. Sin embargo, en lugar de un enfrentamiento armado, tuvo lugar una ceremonia de reconciliación, en la que ambas partes optaron por olvidar sus diferencias y restablecer la paz. Como símbolo de este pacto, el río pasó a ser conocido como el río del olvido.

Se dice que, en su ribera, se erigió una columna conmemorativa para perpetuar el recuerdo de este evento pacífico, aunque no existen evidencias arqueológicas que confirmen su existencia. Sin embargo, la pervivencia de este relato en la tradición oral y escrita sugiere que el Guadalete ha sido, desde tiempos antiguos, un escenario de encuentros y tensiones entre distintas civilizaciones.

El Guadalete ha sido un enclave de gran importancia a lo largo de la historia. Durante la dominación romana, la región donde se encuentra el río era parte de la próspera provincia Hispania Baetica, y el cauce fluvial servía como vía de comunicación y comercio.

En la época de Al-Ándalus, el río pasó a denominarse Guadaletho, siguiendo la costumbre árabe de añadir el prefijo “Wadi” (واد, que significa río o valle). Con el tiempo, esta denominación evolucionó hasta Guadalete, el nombre que ha perdurado hasta la actualidad.

Uno de los hallazgos más destacados en los alrededores del Guadalete es un casco corintio de bronce, datado en el siglo VII a.C. Este objeto, aunque fue encontrado fuera de su contexto arqueológico original, constituye una prueba de los contactos comerciales y culturales entre la Península Ibérica y el mundo griego. Se trata de una de las piezas griegas más antiguas halladas en la región, lo que sugiere que las colonias fenicias y griegas mantuvieron relaciones más complejas de lo que la tradición del conflicto inicial entre ambas comunidades indicaría.

En la Antigüedad, el Guadalete desembocaba en la Bahía de Cádiz, en lo que hoy es el municipio de Puerto Real, a través de un caño conocido en la actualidad como río San Pedro. Sin embargo, esta desembocadura sufrió modificaciones significativas durante la época imperial romana.

En torno al año 19 a.C., bajo el patrocinio del patricio gaditano Lucio Cornelio Balbo el Menor, se construyó un nuevo canal de desembocadura del Guadalete, en consonancia con el desarrollo de nuevas infraestructuras en la región. Esta obra coincidió con la construcción del Portus Gaditanus, actual El Puerto de Santa María, un enclave portuario fundamental en el que la Vía Augusta cruzaba el río.

El Canal de Balbo tenía unas dimensiones notables: se estima que su ancho era de medio estadio y su longitud alcanzaba los cinco estadios. Gracias a esta intervención, el curso final del Guadalete fue alterado para mejorar el tráfico fluvial y potenciar la actividad comercial de la bahía.

Siglos después, el Guadalete volvería a ser protagonista de la historia en la Batalla de Guadalete, donde las tropas musulmanas comandadas por Tariq ibn Ziyad derrotaron al ejército visigodo del rey Rodrigo, marcando el inicio de la conquista islámica de la Península Ibérica.

Este hecho consolidó al Guadalete no solo como una referencia geográfica de importancia estratégica, sino también como un símbolo de las transformaciones políticas y culturales que han definido la historia de Andalucía.

Desde su legendario origen como el río del olvido, el Guadalete ha sido testigo de interacciones culturales, batallas históricas y grandes proyectos de infraestructura. Su historia, rica en mitos y hechos documentados, es un reflejo de la importancia que los cursos fluviales han tenido en el desarrollo de las civilizaciones que han ocupado la región a lo largo de los siglos. Soledad Carrasquilla Caballero. Sccc.-

Casco griego del siglo VII a.C. encontrado en el río Guadalete

Este hallazgo abre un sinfín de interrogantes sobre los vínculos entre la Grecia Arcaica y la Tartessos prerromana.

El casco, elaborado a partir de una sola lámina de bronce batida a martillo, pertenece al estilo corintio, característico de la élite militar griega. Su presencia en el sur de la Península Ibérica plantea múltiples incógnitas sobre su origen y el recorrido que lo llevó hasta el Guadalete. ¿Perteneció a un guerrero griego que encontró su destino en tierras tartésicas? ¿O tal vez fue utilizado por un mercenario al servicio de los fenicios, quienes dominaban el comercio en la región?

Más allá de su procedencia o de una posible función ritual, el Casco del Guadalete se erige como un símbolo tangible de los intensos intercambios culturales y comerciales que caracterizaban el Mediterráneo en la Antigüedad. Un recordatorio de que la historia no es una línea recta, sino un complejo entramado de culturas, influencias y misterios aún por descubrir.

Se encuentra en el Museo Arqueologico Municipal de Jerez. Esta pieza es destacada en la colección del museo, siendo uno de los objetos griegos más antiguos encontrados en la Península Ibérica

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