
Jardines del Alcázar de los Reyes Cristianos en Córdoba
Podemos imaginar el paradisíaco jardín de las Hespérides en tierras andaluzas. Según el poeta griego de Sicilia Estesícoro, en su poema La Canción de Gerión, y el geógrafo Estrabón en su Geografía (libro III), este mítico jardín se encontraba en Tartessos, la legendaria civilización del suroeste de la península Ibérica, asociada a las desembocaduras del Guadalquivir y el Guadiana.
Las Hespérides, hijas de la Noche según unas versiones, o de Atlas y Hesperis según otras, eran ninfas del ocaso que custodiaban un maravilloso jardín en el extremo más lejano de Occidente. Aquel vergel era el huerto sagrado de Hera, la reina del Olimpo, donde crecía un único árbol –o una arboleda– de manzanas doradas, símbolo de la inmortalidad y la eterna juventud.
El cuidado de este tesoro no estaba en manos solo de las ninfas: las ayudaba Ladón, un dragón gigantesco con cien cabezas que nunca dormía, guardián implacable del árbol sagrado. Estas manzanas habían sido un regalo de Gea (la Tierra) a Hera con motivo de su boda con Zeus, convirtiéndose en uno de los símbolos más preciados de la diosa.
Las Hespérides eran conocidas también como Melíades, “hijas de los fresnos”, y en algunas tradiciones se mencionan siete de ellas, cada una asociada a un aspecto de la naturaleza y del ocaso. Su canto armonioso resonaba en el jardín, acompañado por el murmullo de fuentes que, según los mitos, manaban ambrosía, el alimento divino.
El jardín cobró especial relevancia en la mitología de Hércules. Una de sus Doce Pruebas consistió en robar las manzanas doradas del huerto de Hera. Para lograrlo, el héroe recurrió al propio Atlas, el titán condenado a sostener la bóveda celeste. Hércules tomó el peso del cielo sobre sus hombros mientras Atlas recogía las manzanas; sin embargo, el astuto semidiós consiguió engañar al titán y completar la hazaña.
La localización del jardín siempre fue motivo de debate en la Antigüedad. Algunos lo situaban en Libia, otros en las Islas Canarias (llamadas por algunos antiguos “Afortunadas”), y, como recogen Estrabón y Estesícoro, también en la legendaria Tartessos. Esta asociación hizo que, desde muy temprano, el mito se vinculara con Andalucía, tierra de riqueza agrícola, fértiles vegas y ríos caudalosos, evocando así un auténtico paraíso en el extremo occidental del mundo conocido por los griegos.
El mito del jardín de las Hespérides en Tartessos refuerza la idea de que los antiguos vieron en Andalucía un lugar mítico y extraordinario, comparable a los escenarios sagrados de Oriente. Soledad Carrasquilla Caballero. sccc.-