[REQ_ERR: SSL] [KTrafficClient] Something is wrong. Enable debug mode to see the reason. El galeón San Jose – Cosas de Cordoba

El galeón San Jose

Esquema del galeón San José de 1699, similar a como debería de ser el croquis del San José (La Almiranta del Sur) de 1611

El galeón San José, conocido también como La Almiranta del Sur, fue bautizado el 25 de abril de 1611 y botado con un desplazamiento aproximado de 700 toneladas, una cifra considerable para los estándares navales del siglo XVII. Construido para servir en la Carrera de Indias, estaba destinado al transporte de metales preciosos y mercancías estratégicas entre los puertos del Pacífico y el Atlántico, articulando así la economía del vasto Virreinato del Perú.

El 31 de mayo de 1631, el San José zarpó del puerto de Callao, en Lima, cargado con una de las remesas de riqueza más valiosas de su tiempo. Su tesoro incluía nueve toneladas de plata en 1.417 barras y 416 cofres de madera repletos de monedas —los famosos reales de a ocho, moneda de referencia en el comercio internacional— que sumaban alrededor de 51 toneladas de metal. La mayor parte de esta plata procedía de las minas de Potosí, cuyo cerro rico alimentó durante siglos la economía global del imperio español.

La nave llevaba una tripulación de 106 hombres, a los que se sumaban pasajeros, funcionarios reales y posiblemente algunos comerciantes autorizados, como era habitual en los viajes del galeón del Mar del Sur. El plan de navegación era claro: un trayecto de poco más de dos semanas hasta la ciudad de Panamá, donde la carga sería desembarcada y transportada por tierra hasta el Caribe para continuar rumbo a España.

Sin embargo, el viaje tomó un giro trágico. La noche del 17 de junio de 1631, con Juan de Medina como capitán, el San José navegaba bajo un cielo despejado, pero enfrentando las fuertes corrientes típicas del Archipiélago de Las Perlas. Al aproximarse al extremo de la isla Saboga, el galeón rozó un bajío no registrado en las cartas náuticas de la época. El impacto fue devastador: el casco se abrió y parte de la estructura se desgajó, separándose del cuerpo principal del navío.

Mientras la nave se hundía rápidamente, la corriente arrastró fragmentos del galeón y parte de su valiosa carga, que se dispersó por el fondo marino a lo largo de más de 70 kilómetros. Las riquezas del Virreinato del Perú —barras, monedas y mercancías— quedaron esparcidas para siempre en las aguas del Pacífico, marcando uno de los desastres navales más significativos de la Carrera del Galeón del Sur.

El hundimiento del San José no solo supuso la pérdida de un navío y una fortuna colosal, sino también el reflejo de los riesgos constantes del comercio transoceánico en tiempos en que los océanos seguían siendo en gran parte desconocidos y peligrosos.

El San José estaba al mando de Juan de Medina, maestre y capitán responsable de la navegación, la tripulación y la seguridad de la carga durante la travesía entre Callao y Panamá. Su misión estaba regulada por las autoridades reales, principalmente por el Virrey del Perú, aunque el mando directo del navío recaía en su capitán.

Juan de Medina era un marino experimentado de la Armada del Mar del Sur, el cuerpo naval encargado de proteger y gestionar las rutas del Pacífico dentro del Virreinato del Perú. Aunque la documentación conservada sobre su vida es escasa —como ocurre con la mayoría de los capitanes del tráfico marítimo del siglo XVII—, todo indica que pertenecía al perfil de oficiales formados en los puertos del virreinato, con años de navegación entre Perú, Panamá, Guayaquil y la costa de Nueva España.

Los capitanes como Medina solían combinar habilidad técnica, experiencia en navegación costera y conocimiento de los peligros específicos del Mar del Sur, un océano marcado por fuertes corrientes, arrecifes mal cartografiados y cambios repentinos de clima. Su papel era esencial: debía coordinar a los 106 tripulantes, gestionar a los pasajeros, velar por la seguridad de la valiosa carga y garantizar que el galeón completara sin incidentes la ruta entre Callao y Panamá.

El viaje de 1631 representaba una de las misiones más delicadas del año: transportar decenas de toneladas de plata procedente de Potosí, cuya entrega era fundamental para la economía de la Corona. Que esta responsabilidad recayera en Medina indica que era considerado un hombre fiable y competente.

La tragedia del San José, sin embargo, no fue fruto de negligencia, sino del encuentro con un bajío no registrado. En una noche clara, pero con corrientes poderosas, Medina tuvo que tomar decisiones rápidas en una zona mal conocida. El choque con el banco de arena y la apertura del casco fueron inevitables, y el capitán —como era habitual en los códigos navales del siglo XVII— habría sido uno de los últimos en abandonar la nave o en intentar salvar a su tripulación y pasajeros.

Aunque no se conservan testimonios directos sobre su destino personal, el hundimiento súbito del galeón sugiere que Juan de Medina pudo haber perecido junto con buena parte de quienes viajaban a bordo. Su nombre queda así ligado para siempre a uno de los siniestros marítimos más significativos de la navegación colonial en el Pacífico. Soledad Carrasquilla Caballero. sccc.-