
El día 26 de abril del año 1964, en la perpendicular de la calle de San Fernando (La Feria) a la altura de donde hoy se encuentra el puente de Miraflores, un autobús de la empresa AUCORSA que cubría el último servicio especial de las Tendillas con el campo de futbol del Arcángel donde jugaba el Córdoba y el Levante, después de hacer la parada de la Cruz de Rastro se precipitó al rio.
Enrique Caballero Álvarez que se encontraba en las escalerillas (La tabla de la Dama), después de haber pasado en barco a los últimos vecinos del Campo de la Verdad, que iban al partido, al verlo caer acudió junto con su sobrino Manolín y pudo sacar con vida de dentro de la autobús al cobrador Miguel Espinosa Priego (que resulto ser el marido de una de sus sobrinas) y a José Vázquez Fernández, los dos supervivientes junto con una señora que salvó su vida al arrojarse del autobús antes de que este se precipitara por el murallón. Mas tarde y con la ayuda de su hermano José Caballero Álvarez (los dos molineros del molino San Antonio), sacó a los once restantes ya muertos: Luis Guerra Morilla; Wenceslao Gracia Arroyo (el conductor); Alfonso Pérez Cubero; Manuel Carrasco Ruiz (uno de los propietarios de Casa Carrasco–Bar Correo-); Fernando Baro Artiguez; Isabel Pastor del Río; Fernando Cubo de la Rosa, (un amigo ciclista habitual de los circuitos cordobeses); José Llamas; Pedro Zurbano Barrionuevo y su esposa Ana España; y el joven de 16 años Manuel Soto Domínguez.
Se culpó al conductor, despidieron al cobrador por decir que el vehículo se encontraba en mal estado, los periódicos alabaron el trabajo hecho por los bomberos (que llegaron después de sacar los cadáveres) y la grúa de Automovilismo que fue la única que hizo su trabajo sacando el autobús del rio. Los políticos se pusieron las medallas al ser acompañados a los funerales, celebrados en la Mezquita, por los Príncipes de España que por casualidad se encontraban en visita oficial. Unos días más tarde el Obispo perdonó los pecados públicamente a los muertos,(Se olvido perdonar los pecados a los vivos responsables del accidente) el Ayuntamiento de Córdoba facilitó el enterramiento en San Rafael donde existe una lápida en memoria de esta tragedia, tapando sus deficiencias con tierra. Y para Enrique y Pepe, que hicieron los trabajos más duros y dolorosos, meses después los citó el Gobernador Civil para darles una recompensa y después de tenerlos esperando más de lo que la dignidad de ambos aguantaba rompieron en su cara el cheque de miseria con que quería pagarles y se volvieron tan contentos para el molino. Esto no lo dicen los periódicos pero está en la memoria de Enrique al que ya no le podéis preguntar.
sccc.