[REQ_ERR: SSL] [KTrafficClient] Something is wrong. Enable debug mode to see the reason. El acueducto romano de Gades – Cosas de Cordoba

El acueducto romano de Gades

Conducción de agua del acueducto romano del Tempul en la plaza de Asdrúbal de Cádiz.

Se tiene constancia de que la antigua ciudad de Gadir, fundada por los fenicios en el siglo -XII,  ya poseía un avanzado sistema de cisternas para la recogida y almacenamiento de agua de lluvia. Este sistema permitía paliar tanto la mala calidad del agua subterránea como su escasez, un problema recurrente en la ciudad debido a su ubicación insular y la salinidad del suelo. Las cisternas fenicias, excavadas en la roca y revestidas con un material impermeabilizante, fueron utilizadas durante siglos y permitieron el desarrollo urbano y comercial de Gadir.

El geógrafo Estrabón, en su relato sobre su viaje a Gades, menciona la importancia de este sistema de almacenamiento de agua, lo que confirma la relevancia que tuvo para la ciudad desde sus orígenes. Con la conquista romana en el siglo -III, Gades se convirtió en una de las urbes más prósperas de Hispania, incrementando su población y sus necesidades de abastecimiento de agua. Para garantizar el suministro, los romanos desarrollaron una de las mayores infraestructuras hidráulicas de la península: el acueducto de Gades.

El acueducto de Gades fue una imponente obra de ingeniería civil construida por el Imperio Romano con el propósito de abastecer de agua potable a la ciudad. Con una extensión aproximada de 80 kilómetros, se convirtió en el mayor acueducto de la península ibérica y uno de los más largos del mundo romano, solo superado por estructuras como el Aqua Marcia de Roma o el acueducto de Cartago.

El acueducto tomaba el agua de los manantiales del Tempul, situados en la sierra de Cádiz, en el actual término municipal de San José del Valle. Desde allí, recorría un complicado trayecto, pasando por los actuales municipios de Paterna de Rivera, Medina Sidonia, Chiclana de la Frontera y Puerto Real, antes de alcanzar la ciudad de Gades, en la actual Cádiz. Este trayecto implicaba salvar considerables desniveles geográficos, lo que requirió la aplicación de sofisticadas técnicas de ingeniería.

Para su construcción se emplearon tres métodos principales: Minas subterráneas, perforaciones en la roca para conducir el agua a través de túneles excavados en el terreno. Galerías abiertas: tramos en superficie donde el agua circulaba a través de canalizaciones de piedra y argamasa. Atanores: tuberías de cerámica o piedra caliza, utilizadas en los tramos donde era necesario canalizar el agua de forma hermética.

El acueducto nacía a 122 metros sobre el nivel del mar en las fuentes del Tempul y finalizaba en los depósitos de almacenamiento situados en la actual Puerta de Tierra de Cádiz, a 16 metros sobre el nivel del mar. La inclinación natural del terreno facilitaba el flujo del agua por gravedad hasta su destino final.

A lo largo de los siglos, los restos del acueducto quedaron ocultos bajo capas de sedimentos y vegetación, lo que dificultó su estudio. Sin embargo, se han documentado diversos vestigios de su trazado en puntos como Tres Caminos, cerca de la antigua carretera N-IV, y en la Plaza de Asdrúbal, en Cádiz.

Un hallazgo reciente de gran relevancia se produjo tras el paso del temporal Emma en 2018. Este fenómeno meteorológico provocó un fuerte movimiento de arena en la costa gaditana, dejando al descubierto partes del antiguo acueducto que hasta entonces habían permanecido enterradas. Esto permitió a los arqueólogos estudiar con mayor precisión su estructura y confirmar detalles sobre su trazado.

Durante mucho tiempo, la construcción del acueducto se atribuyó a Lucio Cornelio Balbo «el Mayor», un gaditano que alcanzó gran influencia en Roma y se convirtió en el primer no italiano en obtener el cargo de cónsul en el -40. Sin embargo, investigaciones recientes sugieren que la obra pudo haberse llevado a cabo en una fase posterior, durante el reinado del emperador Claudio, coincidiendo con un periodo de importantes reformas urbanísticas en Hispania.

Sea cual fuere su origen exacto, la construcción del acueducto supuso un avance clave para la ciudad de Gades, facilitando el crecimiento de la población y el desarrollo de su economía basada en el comercio y la pesca.

A pesar de su importancia, el acueducto cayó en desuso en el siglo IV, coincidiendo con la crisis del Imperio Romano y la progresiva despoblación de muchas ciudades hispanas. Con el colapso del sistema de abastecimiento, los habitantes de Gades se vieron obligados a volver a depender de las antiguas cisternas fenicias, que siguieron utilizándose hasta bien entrado el siglo XIX.

A lo largo de los siglos, ha habido diversos intentos de rehabilitar y reutilizar la infraestructura del acueducto. Uno de los proyectos más importantes tuvo lugar en el siglo XVIII, cuando el capitán general de Andalucía, el Conde O’Reilly, promovió un plan para modernizar el sistema de abastecimiento de Cádiz. Sin embargo, aunque se realizaron estudios y obras parciales, la iniciativa no llegó a completarse.

El interés por la recuperación del acueducto ha continuado en tiempos más recientes. Algunos estudios arqueológicos han planteado la posibilidad de consolidar y restaurar ciertos tramos para su puesta en valor como patrimonio histórico. Sin embargo, debido a las transformaciones urbanísticas y a la fragmentación del trazado original, su rehabilitación completa resulta inviable.

Hoy en día, los restos del acueducto de Gades constituyen un testimonio del ingenio y la capacidad constructiva de los romanos. Su edificación permitió el desarrollo de una de las ciudades más prósperas de la Hispania romana y su impacto se mantuvo durante siglos.

El estudio del acueducto no solo aporta información sobre la ingeniería hidráulica romana, sino que también ofrece una visión más amplia de la evolución urbana y demográfica de Cádiz a lo largo de la historia. A pesar de su abandono y el paso del tiempo, sigue siendo un símbolo del pasado romano de la ciudad y un importante objeto de estudio para la arqueología. Soledad Carrasquilla Caballero. sccc.-

Canalizaciones arqueológicas de las conducciones de agua del Tempul, que se encuentran en la plaza de Asdrúbal de Cádiz.

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Fotografía: Parte del tesoro arqueológico que durante milenios han guardado celosamente las arenas de Cortadura y el más sorprendente al no conocerse de forma precisan su existencia. Se trata de algunas de las piezas que componía el acueducto.

 Esta calzada romana la más larga de la Hispania con una longitud aproximada de 1500 km solamente desde Cádiz a los Pirineos, se prolongaba como Vía Domitia, que bordeaba la costa del sur de la Galia hasta Roma, constituyó el eje principal de la red viaria en la Hispania romana.

Restos de La Vía Augusta emergiendo del mar después de milenios enterrada y mecida por las olas.
Es una de las vías más estudiadas, más transitadas y mejor conocidas desde la Antigüedad, aparece en testimonios antiguos como los Vasos Apolinares y el Itinerario de Antonino.

Estas sillares que componían la vía Augusta ha ido recibiendo diferentes nombres a lo largo del tiempo, como Vía Hercúlea o Vía Heráclea, Camino de Aníbal, Vía Exterior y Ruta del Esparto. Hasta que el emperador Augusto le daría nombre, a raíz de las reparaciones que se llevaron a cabo bajo su mandato. Actualmente las carreteras N-IV N-420, N-340 y la autopista del Mediterráneo (A-7, AP-7, A-70) siguen en muchos tramos el mismo itinerario que la Vía Augusta. De hecho, en algunos tramos de la actual N-340 se utilizó la calzada romana hasta principios del siglo XX, siendo asfaltados en los años 20, durante la Dictadura de Primo de Rivera.