[REQ_ERR: SSL] [KTrafficClient] Something is wrong. Enable debug mode to see the reason. Diez Días – Cosas de Cordoba

Diez Días

Cuadro Un cuento de Decamerón», obra del pintor Prerrafaelista John William Waterhouse, pintado en 1916. Se encuentra en el National Museums Liverpool

Del Decamerón al confinamiento

En el fatídico año de 1348, la peste negra arrasaba Europa con una virulencia sin precedentes, dejando a su paso muerte, caos y una sensación de impotencia absoluta. En Florencia, una de las ciudades más afectadas, la enfermedad se propagaba sin control, obligando a sus habitantes a buscar desesperadamente formas de huir de la catástrofe. Fue en este contexto donde un grupo de siete mujeres y tres hombres, tras coincidir en una misa en la iglesia de Santa Maria Novella, decidió escapar de la ciudad y refugiarse en una villa abandonada en Fiesole.

Allí, aislados del mundo exterior, idearon un método para sobrellevar su encierro: cada día, uno de ellos narraría una historia, creando así un espacio de entretenimiento y evasión. Sus relatos, que oscilaban entre el humor, la sátira, el erotismo y la crítica social, quedaron inmortalizados en El Decamerón, la obra maestra de Giovanni Boccaccio. Esta colección de cien cuentos no solo refleja la necesidad humana de encontrar alivio en la narración, sino que también se convierte en una mordaz crítica a la sociedad medieval, especialmente al clero, al que ridiculiza en múltiples historias.

La peste negra no solo transformó la sociedad de su tiempo, sino que dejó una profunda huella en la historia. En Córdoba, por ejemplo, la epidemia causó la muerte de aproximadamente 70.000 personas y frenó la expansión territorial de la Corona de Castilla. Como respuesta a la tragedia, el Cabildo Catedralicio decidió levantar un altar en la Mezquita-Catedral en honor a San Sebastián, el santo protector contra la pestilencia. Hoy, ese altar es conocido como el del Santísimo Cristo del Punto, un testimonio tangible de una época en la que la enfermedad y la fe caminaban de la mano.

La historia nos demuestra que, aunque el tiempo pase, las crisis sanitarias siguen marcando a la humanidad de maneras similares. Si en el siglo XIV la peste negra transformó la sociedad, en el siglo XXI la pandemia de COVID-19 hizo lo propio, con confinamientos masivos, crisis económicas y cambios profundos en nuestra forma de vivir.

Las imágenes de las calles vacías de Florencia durante la peste encuentran su reflejo en las grandes avenidas desiertas de Córdoba, Madrid, París o Nueva York durante los meses más duros del confinamiento. La incertidumbre y el miedo al contagio, la lucha por entender la enfermedad y la necesidad de encontrar un culpable —antes los judíos y herejes, hoy las teorías conspirativas sobre el origen del virus— son patrones que se han repetido a lo largo de la historia.

Así como los protagonistas del Decamerón buscaron refugio en las historias para escapar, al menos mentalmente, de la devastación que los rodeaba, millones de personas durante la pandemia de COVID-19 recurrieron a los libros, las películas, la música o las redes sociales, a los aplausos en las ventanas para sobrellevar el aislamiento. El auge de plataformas como Netflix, el incremento en la venta de libros y el surgimiento de tendencias como los conciertos virtuales o los clubes de lectura online demuestran que, incluso en medio de la adversidad, la cultura sigue siendo un salvavidas.

Del mismo modo, la pandemia de COVID-19 trajo consigo una oleada de reflexiones filosóficas, científicas y sociales sobre nuestra fragilidad y nuestra capacidad de adaptación. Al igual que la peste negra provocó cambios en la economía medieval —como la crisis del feudalismo debido a la falta de mano de obra—, la pandemia del siglo XXI ha acelerado la digitalización, el teletrabajo y nuevas formas de organización social y política.

En tiempos de incertidumbre, las historias han sido siempre un refugio. Ayer fueron los cuentos narrados en una villa toscana; hoy son los libros, las series, los podcasts y las conversaciones digitales. Durante el confinamiento, muchos encontraron en la literatura una forma de escapar del miedo, tal como lo hicieron los protagonistas del Decamerón.

Quizás, más allá de las diferencias tecnológicas y científicas, el ser humano sigue siendo el mismo en su esencia. Seguimos buscando consuelo en la narración, en la risa, en la música y en el arte. Así como la peste negra transformó la Europa medieval y dio lugar a un nuevo mundo, la pandemia de COVID-19 marcará una huella en nuestra era, redefiniendo nuestras prioridades y nuestra forma de vivir.

Porque, al final, la historia no es solo una sucesión de fechas y eventos, sino un complejo entramado de experiencias humanas que se repiten, cambian y evolucionan. Y en cada crisis, la humanidad ha encontrado en la creatividad, el arte y la imaginación su mejor refugio. Soledad Carrasquilla caballero. sccc.-

Retablo del Altar del Santísimo Cristo del Punto, o de San Sebastián. Fue mandado construir por el cabildo de la Catedral por la horrible pandemia que ya se extendía por Castilla, y se pretendía la protección de la ciudad con esta ofrenda a San Sebastián. Este santo se convierte en uno de los más importantes protectores ante la peste. Es obra de Teodosio Sánchez de Rueda.

Monumento en Córdoba a los sanitarios del Covid-19. Dos manos aplaudiendo, que recuerda a los sanitarios que han hecho frente al Covid-19. Obra de José Antonio Navarro Arteaga. Donación de los empresarios del mármol de Macael.  Se encuentra frente al hospital provincial de Córdoba y al colegio mayor Séneca.