
Manifiesto de los federales andaluces, en el cual no reconocen más autoridad que la emanada de los cantones.
El 21 de julio de 1873, en pleno estallido de la Revolución Cantonal, los federales andaluces se reunieron en Despeñaperros, paso estratégico y simbólico por ser la frontera natural entre Andalucía y Castilla. Allí, rodeados de montañas, historia y esperanza, proclamaron la independencia del Estado andaluz, dentro de una República Federal Española que soñaban libre, democrática y profundamente igualitaria.
Esta reunión no fue un gesto aislado, sino el punto culminante de un proceso político impulsado desde abajo, por ciudadanos, trabajadores, jornaleros y líderes republicanos que veían en la federación cantonal la única vía para regenerar una España corrupta, centralista y alejada del pueblo. En ese contexto de crisis, desigualdad y abandono, Andalucía alzó su voz para decir que también quería decidir su destino.
Arropados por un ejército de voluntarios venidos de los cantones andaluces —Cádiz, Córdoba, Sevilla, Málaga, Granada, Algeciras, Loja…—, los delegados acordaron no reconocer ninguna otra autoridad que la de los propios cantones. Así nacía, de facto, el Estado Andaluz Federal, con la creación de Comités de Salud Pública como órganos ejecutivos revolucionarios, al estilo de los establecidos en la Revolución Francesa.
“Todo el que se oponga a esta obra patriótica, que encierra la salvación de España, será considerado como traidor, aunque se llame republicano. Todos tenemos el mismo pensamiento: tengamos todos el mismo corazón. ¡Salvémonos o muramos juntos!”
Esta proclama no era solo una advertencia: era un grito desesperado y valiente. El sueño andaluz de soberanía política, justicia social y emancipación económica tomaba forma, aunque fuera efímera. En un país quebrado entre centralismo autoritario y promesas incumplidas, los andaluces asumieron el riesgo de forjar su propio camino. El federalismo andaluz no nació con fines separatistas, sino con la voluntad de salvar a España desde Andalucía, construyendo un nuevo país desde la pluralidad y la libertad.
Las arengas que resonaron entre los peñascos de Despeñaperros lo dejaban claro: “¡Viva la soberanía administrativa y económica del Estado de Andalucía!” “¡Viva la República Federal con todas sus reformas sociales!”
Los federales andaluces buscaban autogobierno de los municipios y provincias, organizados como cantones libres. Reformas agrarias y laborales que dieran tierra, pan y dignidad a los jornaleros. Una república no centralista, donde las decisiones no vinieran impuestas desde Madrid. El fin del caciquismo, de la miseria rural, y del poder de la nobleza terrateniente. Una estructura política democrática desde la base: el pueblo organizado y soberano.
Aunque el proyecto fracasó pocas semanas después, aplastado por el ejército del gobierno central de la Primera República, la proclamación del Estado Andaluz en Despeñaperros es uno de los momentos más inspiradores del federalismo español y de la historia de las luchas por la autonomía en Andalucía.
Fue también una de las primeras veces que se habló de Andalucía como Estado, con voz propia, con ambición política, con dignidad. Y aunque sus protagonistas fueron perseguidos, encarcelados o fusilados, su eco aún resuena como semilla de los futuros andalucismos del siglo XX. Soledad Carrasquilla Caballero. sccc.-