
La revuelta del arrabal de Saqunda (818)
El 25 de marzo del año 818, durante el emirato de al-Hakam I, Córdoba fue escenario de uno de los episodios más dramáticos y sangrientos de su historia medieval: la revuelta del arrabal de Saqunda (o Sequnda), sofocada con extrema violencia por el poder omeya. Este levantamiento no fue un hecho aislado, sino el desenlace de años de tensiones sociales, religiosas y políticas acumuladas durante un reinado marcado por la inestabilidad.
El arrabal de Saqunda se extendía al otro lado del río Guadalquivir, frente a la medina de Córdoba, y había crecido notablemente tras la reconstrucción del puente romano por Hišām I, padre del emir. Se trataba de una zona densamente poblada, con una población estimada por las crónicas en más de 20.000 habitantes, integrada en su mayoría por artesanos, comerciantes y clases populares, junto a una influyente minoría de alfaquíes.
Los alfaquíes eran juristas y teólogos, intérpretes de la ley islámica, que en Córdoba habían desempeñado además funciones de asesores palaciegos durante el gobierno de Hišām I. Con la llegada al poder de al-Hakam I, muchos de ellos fueron apartados de la corte, perdiendo influencia y prestigio. Este desplazamiento, unido a un clima social propicio al descontento, convirtió al arrabal en un foco de oposición política y religiosa.
Desde comienzos del siglo IX, los alfaquíes del arrabal difundieron una intensa propaganda contra el emir, acusándolo de excesos fiscales, de alejarse de la ortodoxia religiosa, de comportarse como un déspota y de llevar una vida disoluta. La tensión estalló ya en el año 805, cuando al-Hakam se vio obligado a ejecutar a 72 personas, entre ellas varios alfaquíes destacados. Aquellos hechos sembraron el odio y prepararon el terreno para la gran revuelta de 818.
El detonante inmediato fue un incidente aparentemente menor pero cargado de simbolismo: la muerte de un armero en el zoco, asesinado por un mameluco de la guardia personal del emir. El suceso encendió la ira popular y el arrabal entero se levantó en armas, marchando hacia el Alcázar con la intención de derrocar o incluso matar al soberano.
Aquella mañana, al-Hakam I se encontraba cazando. Al regresar apresuradamente a la ciudad, tuvo que cruzar el puente romano al galope, literalmente jugándose la vida para alcanzar el palacio. Según relatan las fuentes, una vez a salvo se arregló y perfumó cuidadosamente la cabeza y la barba, afirmando que lo hacía «para que fuera reconocido como emir si era decapitado», tal era la certeza de que los rebeldes acabarían con él.
Recuperado el control de la situación, el emir ordenó a su general ʿUbayd Allāh que actuara sin piedad. La represión fue absoluta. Las tropas arrasaron el arrabal, incendiando viviendas y obligando a la población a huir en desbandada hacia el puente, donde les aguardaba la guardia del emir, cimitarra en mano. Durante tres días, Córdoba vivió una matanza sin precedentes: miles de habitantes del arrabal fueron asesinados, y treinta notables implicados en la conspiración fueron ejecutados y crucificados cabeza abajo como escarmiento público.
Ibn Ḥazm dejó un estremecedor testimonio de aquellos hechos: “Se sacó de las viviendas a quienes las habitaban y se les hizo prisioneros. Luego se detuvo a treinta de los más notables de entre ellos, se les ejecutó y se les crucificó cabeza abajo. Y durante tres días, los arrabales de Córdoba sufrieron muertes, incendios, pillajes y destrucciones…” Y añade: «El emir al-Hakam declaró presa lícita a las mujeres de los del Arrabal y de sus secuaces de los otros arrabales de Córdoba, así como autorizó todo acto de muerte, saqueo e incendio durante tres días…»
Como castigo definitivo, al-Hakam I prohibió reconstruir Saqunda. Sus ruinas fueron sembradas de sal, símbolo de maldición y borrado de la memoria. Más tarde, el espacio sería ocupado por los jardines de los Banū Marwān y por un cementerio, sellando así el destino del barrio rebelde.
Los supervivientes fueron obligados a abandonar la península. Una parte se estableció en Fez, donde fundaron el barrio de los andalusíes. Otro grupo, dirigido por Abū Ḥafṣ ʿUmar al-Ballūṭī, conocido como «el Pedrocheño» por ser natural de la comarca de Los Pedroches, marchó hacia Alejandría, ciudad que llegaron a dominar por su gran número y organización. Este hecho da idea de la enorme población que había tenido el arrabal cordobés.
Sin embargo, el califa abasí al-Maʾmūn ordenó su expulsión. Incapaz de desalojarlos por la fuerza, el gobernador les ofreció naves para que se asentaran en la isla de Creta, entonces en manos del Imperio bizantino. En el año 827, los andalusíes partieron hacia la isla y lograron conquistarla, fundando un emirato independiente que perduraría casi siglo y medio.
Bajo el liderazgo de Abū Ḥafṣ ʿUmar, identificado por Ibn Jaldún como ʿUmar ibn Šuʿayb al-Biṭrawšī, los cordobeses de Creta establecieron una dinastía, administraron la isla y construyeron una poderosa flota naval, convirtiéndose en una amenaza constante para el Mediterráneo oriental. Sus incursiones y capturas de barcos mercantes mantuvieron en jaque a Bizancio durante generaciones, manteniendo relaciones económicas y culturales bastantes continuadas con Al-Andalus.
Durante casi siglo y medio, los cordobeses de Creta mantuvieron en perpetua alarma al Mediterráneo Oriental, capturando barcos mercantes y efectuando audaces correrías por las islas del mar Egeo, hasta tal punto que el embajador Qartiyus, fue enviado a Córdoba por el emperador bizantino Teófilo para, solicitar a Abdal-Rahman II, la devolución a Bizancio de la isla de Creta ocupada por los arrabadies
No fue hasta el año 961 cuando los bizantinos, mediante un ardid, lograron recuperar Creta, aunque una parte significativa de aquellos rabadíes permaneció en la isla, integrándose definitivamente en su historia.
En alguna ocasión se ha señalado que los proscritos de Saqunda llevaron consigo un pendón blanco y verde, colores que siglos después reaparecerían cargados de simbolismo en la historia andaluza.
Así, la revuelta del arrabal de Saqunda no solo marcó profundamente la historia urbana y social de Córdoba, sino que proyectó su eco hasta el Mediterráneo oriental, convirtiendo a aquellos cordobeses desterrados en protagonistas inesperados de la historia de Creta y del mundo islámico medieval. Soledad Carrasquilla Caballero. sccc.-
Localización del arrabal de Saqunda, en el Campo de la Verdad.

Excavaciones arqueológicas del Campo de la Verdad, en Cordoba donde estuvo el Arrabal de Saqunda.

Grabado de Córdoba del año 1711, realizado por Pieter Vander Aa

Andalusíes navegan hacia Creta. Manuscrito Madrid Skylitzes

Abu Hafs, quema sus barcos para verse obligado a permanecer en Creta, en la que se quedarian los cordobeses un siglo y medios . Manuscrito Madrid Skylitzes.

Manuscrito de Madrid Skylitzes Matritensis. Toma de Creta por los cordobeses desde la perspectiva bizantina