[REQ_ERR: SSL] [KTrafficClient] Something is wrong. Enable debug mode to see the reason. Conquista de Málaga – Cosas de Cordoba

Conquista de Málaga

Obra pictórica «Liberación de los cautivos de Málaga» de José Moreno Carbonero, que representa la entrada de los Reyes Católicos en la ciudad. Uno de los recuerdos más simbólicos de este episodio. Se encuentra actualmente en el Museo de Málaga.

La conquista de Málaga el 19 de agosto de 1487 fue uno de los acontecimientos más importantes de la Guerra de Granada (1482-1492), marcando un punto de inflexión en la campaña de los Reyes Católicos contra el Reino Nazarí. Esta ofensiva, que resultó ser el asedio más largo y devastador de toda la contienda, permitió a los castellanos tomar el control del principal puerto marítimo del reino granadino, debilitando enormemente su resistencia.

Fernando II de Aragón salió de Córdoba con un imponente ejército compuesto por 20.000 jinetes, 50.000 peones y 8.000 soldados de apoyo, al que se sumó la artillería comandada por Francisco Ramírez de Madrid, procedente de Écija. Antes de atacar Málaga, los castellanos sitiaron Vélez-Málaga, que se encontraba sin su señor, el Zagal, ya que este se hallaba en la capital nazarí atendiendo otros frentes de la guerra.

Los espías nazaríes informaron sobre los movimientos de las tropas cristianas, pero sin la presencia del Zagal, ni Málaga ni Vélez-Málaga estaban suficientemente organizadas para resistir eficazmente. Ante la llegada del ejército castellano, muchos habitantes de Vélez-Málaga huyeron a las montañas o se refugiaron en el castillo de Bentomiz, pero finalmente la ciudad cayó en manos cristianas, allanando el camino hacia Málaga.

El asedio de Málaga comenzó el 5 de mayo de 1487 y se prolongó hasta el 13 de agosto, convirtiéndose en el más largo de toda la guerra. Las tropas castellanas bloquearon completamente la ciudad, cortando las rutas de acceso al agua y los víveres, lo que sumió a la población en la desesperación. Frente al poderoso ejército cristiano, los defensores malagueños sumaban apenas 15.000 hombres, liderados por Hamet el Zegrí, quien resistió encarnizadamente en la Alcazaba y el castillo de Gibralfaro.

A pesar de la tenaz resistencia, el hambre, las enfermedades y los continuos bombardeos hicieron que la ciudad se rindiera el 13 de agosto. Sin embargo, Hamet el Zegrí y sus hombres resistieron unos días más en el castillo de Gibralfaro, hasta que fueron finalmente derrotados.

El 19 de agosto de 1487, los Reyes Católicos hicieron su entrada triunfal en Málaga. A diferencia de otras ciudades nazaríes que obtuvieron capitulaciones relativamente benignas, Málaga sufrió un castigo ejemplar.

Fernando II de Aragón se negó a conceder una rendición honrosa, castigando a la población con la pena de muerte o la esclavitud. De los 15.000 supervivientes, la gran mayoría fueron vendidos como esclavos en mercados de Castilla y Aragón. Solo 25 familias fueron autorizadas a permanecer en la ciudad bajo el estatus de mudéjares, confinadas en el recinto de la morería.

El único grupo que obtuvo un trato diferente fue el de Alí Dordux, un influyente mercader que, a espaldas de Hamet el Zegrí, negoció la rendición de la ciudad. Esto generó tensiones dentro de la propia resistencia malagueña, pero no impidió la brutal represión impuesta por los Reyes Católicos.

La caída de Málaga representó un golpe devastador para el Reino Nazarí de Granada, ya que perdió su principal salida al mar y una de sus ciudades más prósperas. La guerra se acercaba a su desenlace final, que llegaría con la toma de Granada en 1492.

Tras la conquista, Málaga fue repoblada con cristianos, se erigieron iglesias en el lugar de antiguas mezquitas y la ciudad quedó bajo control directo de la monarquía castellana. Con el tiempo, se convirtió en un puerto clave para el comercio y la defensa de la costa sur de la península. Soledad Carrasquilla caballero. Sccc.-

La conquista de Málaga el 19 de agosto de 1487 fue uno de los acontecimientos más importantes de la Guerra de Granada (1482-1492), marcando un punto de inflexión en la campaña de los Reyes Católicos contra el Reino Nazarí. Esta ofensiva, que resultó ser el asedio más largo y devastador de toda la contienda, permitió a los castellanos tomar el control del principal puerto marítimo del reino granadino, debilitando enormemente su resistencia.

Fernando II de Aragón salió de Córdoba con un imponente ejército compuesto por 20.000 jinetes, 50.000 peones y 8.000 soldados de apoyo, al que se sumó la artillería comandada por Francisco Ramírez de Madrid, procedente de Écija. Antes de atacar Málaga, los castellanos sitiaron Vélez-Málaga, que se encontraba sin su señor, el Zagal, ya que este se hallaba en la capital nazarí atendiendo otros frentes de la guerra.

Los espías nazaríes informaron sobre los movimientos de las tropas cristianas, pero sin la presencia del Zagal, ni Málaga ni Vélez-Málaga estaban suficientemente organizadas para resistir eficazmente. Ante la llegada del ejército castellano, muchos habitantes de Vélez-Málaga huyeron a las montañas o se refugiaron en el castillo de Bentomiz, pero finalmente la ciudad cayó en manos cristianas, allanando el camino hacia Málaga.

El asedio de Málaga comenzó el 5 de mayo de 1487 y se prolongó hasta el 13 de agosto, convirtiéndose en el más largo de toda la guerra. Las tropas castellanas bloquearon completamente la ciudad, cortando las rutas de acceso al agua y los víveres, lo que sumió a la población en la desesperación. Frente al poderoso ejército cristiano, los defensores malagueños sumaban apenas 15.000 hombres, liderados por Hamet el Zegrí, quien resistió encarnizadamente en la Alcazaba y el castillo de Gibralfaro.

A pesar de la tenaz resistencia, el hambre, las enfermedades y los continuos bombardeos hicieron que la ciudad se rindiera el 13 de agosto. Sin embargo, Hamet el Zegrí y sus hombres resistieron unos días más en el castillo de Gibralfaro, hasta que fueron finalmente derrotados.

El 19 de agosto de 1487, los Reyes Católicos hicieron su entrada triunfal en Málaga. A diferencia de otras ciudades nazaríes que obtuvieron capitulaciones relativamente benignas, Málaga sufrió un castigo ejemplar.

Fernando II de Aragón se negó a conceder una rendición honrosa, castigando a la población con la pena de muerte o la esclavitud. De los 15.000 supervivientes, la gran mayoría fueron vendidos como esclavos en mercados de Castilla y Aragón. Solo 25 familias fueron autorizadas a permanecer en la ciudad bajo el estatus de mudéjares, confinadas en el recinto de la morería.

El único grupo que obtuvo un trato diferente fue el de Alí Dordux, un influyente mercader que, a espaldas de Hamet el Zegrí, negoció la rendición de la ciudad. Esto generó tensiones dentro de la propia resistencia malagueña, pero no impidió la brutal represión impuesta por los Reyes Católicos.

La caída de Málaga representó un golpe devastador para el Reino Nazarí de Granada, ya que perdió su principal salida al mar y una de sus ciudades más prósperas. La guerra se acercaba a su desenlace final, que llegaría con la toma de Granada en 1492.

Tras la conquista, Málaga fue repoblada con cristianos, se erigieron iglesias en el lugar de antiguas mezquitas y la ciudad quedó bajo control directo de la monarquía castellana. Con el tiempo, se convirtió en un puerto clave para el comercio y la defensa de la costa sur de la península. Soledad Carrasquilla caballero. Sccc.-

La Alcazaba de Málaga, ultimo reducto de la ciudad donde que resistió El Zegrí, se trataba de un antiguo recinto fenicio que fue transformado en fortaleza por Abderramán III  en Jbel-Faro, o monte del faro.

La fortaleza fue un edificio prácticamente infranqueable, ampliada y convertida en Alcázar  por el rey nazarita Yusuf. Tras el asedio,  Ferrando el Católico lo utilizo como residencia, mientras que Isabel optó por vivir en la ciudad.