
Fotografia columnas miliarias en la puerta de la Palma de la Mezquita de Córdoba
En el viaje que Antonio Ponz realizó a Córdoba por encargo de Campomanes, con el objetivo de catalogar los bienes artísticos en Andalucía que habían pertenecido a la Compañía de Jesús antes de la desamortización de Carlos III, le llamaron la atención las inscripciones de los miliarios romanos que flanquean la Puerta de las Palmas o de Bendiciones. Sobre ello, escribe lo siguiente:
“Tiene este gran templo dieciséis puertas, pero la mayoría están cerradas. En una de las principales, que pertenece al patio de los naranjos, hay en los lados del ingreso dos columnas miliarias muy celebradas y que han dado mucho que discurrir a los anticuarios. Tienen los letreros siguientes:
Estas dos columnas miliarias se encontraron sepultadas en el año 1532, en el lugar donde hoy se encuentra el crucero de la catedral. Son de mármol y señalan el número de millas que había desde allí hasta Cádiz, es decir, desde el templo de Jano Augusto, que se supone estuvo en Córdoba, junto al Betis, en el mismo sitio donde hoy se alza la catedral
Hay otros aspectos notables en estas dos columnas miliarias. Además de haber reparado los emperadores mencionados en ellas el camino desde Córdoba —o Jano Augusto— hasta Cádiz, de 114 millas, o hasta el templo de Hércules en la costa del Océano, inmediato a aquella ciudad, que era la célebre peregrinación de la gentilidad en aquellos tiempos, las inscripciones fueron escritas en la época memorable de nuestra redención.
En la última línea de las dos inscripciones, aquella ‘T’ al revés indica el número cien. Como la ‘L’ representaba cincuenta en los números romanos, se tuvo el capricho de extender la rayita inferior para doblar el número, en lugar de colocar la ‘C’, con la que regularmente se entendía ‘cien’. El primero en descifrar este enigma fue el licenciado Franco.
En el año 1730 se renovaron las letras de dichas columnas miliarias y, según Ruano, en la de Augusto se añadió por ignorancia la inscripción: Hoc anno natus est Christus. Sin embargo, un escrupuloso anticuario dirá desde ahora que fue aún más ignorante haber añadido tal circunstancia en la propia columna, cuando podría haberse hecho en otra piedra situada en la pared cercana. Lo más cierto es que, en aquel año, nació Cristo.”
Los miliarios eran columnas de piedra que los romanos colocaban a lo largo de sus calzadas para señalar las distancias en millas romanas (aproximadamente 1.481 metros cada una). Servían como referencia para viajeros y comerciantes, y en muchos casos incluían inscripciones con el nombre del emperador que había ordenado su colocación o restauración.
Las columnas miliarias halladas en Córdoba, utilizadas posteriormente en la Mezquita-Catedral, forman parte de la red viaria romana que unía la ciudad con otras localidades de Hispania, en especial con Gades (Cádiz), a través de la Vía Augusta, una de las principales arterias del Imperio. Córdoba, como capital de la provincia Bética y una de las ciudades más importantes de la península, contaba con una extensa red de comunicaciones que facilitaba el comercio y la administración.
El descubrimiento de estas columnas miliarias en 1532 dentro de la Mezquita-Catedral al construir el crucero de la Catedral, confirma la existencia de un templo romano en ese mismo lugar, que pudo haber estado dedicado a Jano Augusto. Esta deidad, vinculada a los comienzos y los pasajes de un estado a otro, tenía especial importancia en la cultura romana, y su adoración en Córdoba indicaría su papel como punto clave en la red de calzadas imperiales.
Las inscripciones en los miliarios hallados señalan la distancia exacta hasta Cádiz y mencionan a los emperadores que ordenaron su restauración, lo que refuerza la hipótesis de que Córdoba era un punto estratégico para el control y la administración del sur de Hispania.
Si este templo fue verdaderamente dedicado al dios Jano, como parecen indicar las inscripciones referidas —y como sostienen los eruditos que han tratado sobre Córdoba—, o si los habitantes de la Colonia Patricia lo erigieron para adular a Octaviano Augusto, atribuyéndole honores divinos con la denominación de Jano, es un punto curioso y debatible entre aquellos que se deleitan en estos insignes monumentos.
Durante el Alto Imperio, los templos dedicados a los emperadores no eran inusuales, y en muchas ocasiones se mezclaban con cultos preexistentes. El caso de Córdoba no sería una excepción. Es posible que la estructura en la que se hallaron los miliarios fuera tanto un templo a Jano como un homenaje a Augusto, reflejando el sincretismo político y religioso de la época.
En la última línea de las dos inscripciones, aquella ‘T’ al revés indica el número cien. Como la ‘L’ representaba cincuenta en los números romanos, se tuvo el capricho de extender la rayita inferior para doblar el número, en lugar de colocar la ‘C’, con la que regularmente se entendía ‘cien’. El primero en descifrar este enigma fue el licenciado Franco.
Esta peculiaridad en la escritura de los miliarios es un testimonio del uso flexible de la numeración romana en inscripciones oficiales. Tales detalles han sido motivo de estudio por epigrafistas, que consideran estos miliarios de Córdoba una valiosa muestra de la evolución de las inscripciones romanas en Hispania.
La presencia de estos miliarios en Córdoba confirma la importancia de la ciudad dentro del entramado viario romano y refuerza la hipótesis de que en su ubicación actual existía un templo significativo en época imperial. Su posterior reutilización en la Mezquita-Catedral es una prueba más de la continuidad histórica y la superposición de culturas en la ciudad. Soledad Carrasquilla Caballero. sccc._