
Claudio Marcelo, según los escritos del geógrafo Estrabón, fue cónsul y general romano nacido en el año 212 a.C. y fallecido en 148 a.C. mientras viajaba en barco como embajador de Roma ante el rey Masinisa de Numidia.
Este cónsul fundó Córdoba en el año 169 a.C., convirtiéndola en una de las primeras ciudades establecidas por los romanos en Hispania. Con el tiempo, Córdoba se convirtió en la capital de la provincia Hispania Ulterior y, bajo el gobierno de Augusto, en la capital de la provincia Bética, alcanzando un alto grado de romanización.
El cursus honorum o carrera política de Claudio Marcelo fue intensa y completa. A lo largo de su vida, ocupó cargos como pontífice, senador, tribuno de la plebe, pretor y cónsul en tres ocasiones. Su primer consulado fue en 166 a.C. junto con Cayo Sulpicio Galo, el segundo en 155 a.C. con Publio Cornelio Escipión Nasica Córculo y el tercero en 152 a.C. con Lucio Valerio Flaco.
En 152 a.C., Claudio Marcelo fue enviado a Hispania para sustituir a Quinto Fulvio Nobilior, quien había fracasado en sofocar la rebelión de los descendientes de Tartessos (descritos por Estesícoro en su Geroneida luchando contra Heracles). Durante dos campañas militares, la primera en 169 a.C. y la segunda en 152 a.C., estableció un campamento permanente en una zona donde ya existían asentamientos indígenas. Según las fuentes arqueológicas, este asentamiento primitivo daría origen a Córdoba. Polibio menciona que, tras combatir a los lusitanos, Marcelo se retiró a Córdoba para pasar el invierno.
En 169 a.C., como pretor, se le asignó Hispania como provincia, donde ejerció un gobierno eficiente desde la perspectiva romana. Tomó medidas militares prudentes y supo ganarse el apoyo de los habitantes mediante actos de clemencia y una visión política estratégica. Logró controlar el valle del Jalón y estableció tratados con los nativos, similares a los que había conseguido años antes el procónsul Tiberio Sempronio Graco. Pasó el invierno del 152-151 a.C. en Córdoba, donde había fundado una colonia. Sin embargo, cuando una embajada de los arévacos intentó negociar la paz en Roma, el Senado desautorizó a Marcelo, acusándolo de indolencia. Como resultado, el cónsul Lucio Licinio Lúculo fue enviado para continuar la guerra. Marcelo, al enterarse de la decisión del Senado, fingió un ataque contra los pueblos locales, quienes se sometieron sin resistencia en un pacto preestablecido. De este modo, firmó la paz en Numancia y dejó la provincia pacificada a su sucesor. Soledad Carrasquilla caballero. sccc.-
Busto de Marco Claudio Marcelo que se encuentra en el Muceo Nacional del Pardo.
