
Exposición de las réplicas en Weilburg, Hesse, Alemania, del ejército de terracota del primer emperador de China, Quin Shi Huang Di.
La presencia de la comunidad china en la capital de Córdoba ha experimentado un crecimiento notable en los últimos años. Este fenómeno demográfico no puede entenderse sin observar los cambios que ha atravesado el mapa migratorio cordobés, especialmente tras la crisis económica que provocó la «huida» o retorno de numerosos ciudadanos sudamericanos que hasta entonces habían constituido uno de los pilares de la inmigración en la ciudad.
En contraste, la población china ha mantenido una tendencia ascendente, consolidándose como uno de los colectivos extranjeros más numerosos en Córdoba, solo por detrás de la comunidad marroquí. Según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística correspondientes a 2021, más de un millar de ciudadanos de nacionalidad china están empadronados en la ciudad. Sin embargo, la cifra estadística no refleja por sí sola la profundidad de su integración.
Muchos de estos vecinos llevan décadas asentados en Córdoba, han formado familias y se sienten plenamente identificados con la vida local. Sus hijos —primera y segunda generación— ocupan hoy las aulas de colegios e institutos cordobeses, creciendo en un entorno bilingüe y multicultural que combina las raíces de su herencia familiar con el acento, las costumbres y la sociabilidad propias de la ciudad.
Este proceso ha transformado discretamente el paisaje humano de Córdoba: comercios regentados por familias chinas, pequeños negocios de barrio, restaurantes, bazares y supermercados forman ya parte habitual del entramado urbano. Su presencia contribuye a la actividad económica, a la diversidad cultural y a un intercambio cotidiano que, aunque a menudo pase desapercibido, está modelando la Córdoba del siglo XXI. Soledad Carrasquilla Caballero. sccc._