
El escudo de Pedro Fernández de Córdoba refleja su linaje y poder:
Sobre campo de oro, tres fajas de gules (rojas), símbolo de Córdoba. Según la leyenda, cuando Fernando III conquistó Córdoba, al acercarse a un caballero herido tocó su escudo con la mano ensangrentada. Solo tres de sus cinco dedos quedaron marcados: de ahí las tres fajas.
Todo el escudo se encuentra sobre el águila de sable coronada de oro, representando al señorío de Aguilar, su casa matriz.
El 19 de julio de 1508, por orden directa de la Corona, tres mil personas participaron en la demolición del castillo de Alhorí, el antiguo castillo de Montilla, uno de los lugares donde, según la tradición, pudo haber nacido Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán.
Esta orden no fue un simple acto administrativo: se trataba de una decisión con fuerte carga política y simbólica. El castillo pertenecía a Pedro Fernández de Córdoba y Pacheco, marqués de Priego, sobrino del Gran Capitán e hijo del Gran Aguilar, uno de los linajes más poderosos de Andalucía. Su castigo fue ejemplar: tras enfrentarse abiertamente a los Reyes Católicos, su pena de muerte fue conmutada por la del destierro y la demolición de sus fortalezas, símbolo feudal de poder e independencia.
Pedro Fernández de Córdoba y Pacheco nació en Aguilar de la Frontera en 1470. Ocupó una de las cimas de la nobleza andaluza, siendo VII Señor de Aguilar de la Frontera y X Señor de la Casa de Córdoba. Aglutinó un inmenso patrimonio que incluía Santa Cruz, Monturque, Carcabuey, Montalbán, Duernas y el estratégico enclave de Montilla, con el castillo de Alhorí como símbolo de su linaje.
Ocupó cargos de alto rango: alcalde mayor y alguacil mayor de Córdoba, alcalde de los Reales Alcázares, alcaide de Alcalá la Real y ricohombre de Castilla. En 1501, el mismo año en que murió su padre Alonso Fernández de Córdoba, los Reyes Católicos le concedieron el marquesado de Priego, título nobiliario que le elevó aún más en la jerarquía de poder.
Sin embargo, la confianza entre la Corona y los grandes señores andaluces era frágil. Pedro protagonizó uno de los mayores conflictos nobiliarios del reinado de los Reyes Católicos, cuando se alzó contra decisiones reales, impulsado por un sentimiento de autonomía heredado de sus antepasados. Fue acusado de deslealtad y sedición, y su caída fue tan sonora como lo había sido su ascenso. La destrucción del castillo de Alhorí no fue solo un castigo físico: fue un acto de afirmación de la autoridad monárquica sobre el poder señorial.
En este contexto, su tío, el célebre Gran Capitán, fue consultado por allegados del marqués para interceder ante Fernando el Católico. Su respuesta fue lapidaria:»La mayor desgracia que tiene el marqués es ser pariente mío.»
Esto refleja no solo la distancia política y el aislamiento que sufría Gonzalo Fernández de Córdoba tras caer en desgracia ante el rey, pese a sus hazañas militares en Italia.
Pedro Fernández de Córdoba murió en Toledo en 1517, pero sus restos fueron trasladados a Montilla, donde hoy descansan en el Monasterio de San Lorenzo de la Orden de San Francisco, lugar íntimamente ligado al linaje de los Priego.
Además de sus gestas y caídas, Pedro también fue educador de Miguel Fernández Caballero de Granada, presunto hijo del rey Fernando II de Aragón y de Aixa, hija de Boabdil, último rey nazarí de Granada. Un hecho que ilustra los lazos complejos entre la alta nobleza castellana y las élites mu sulmanas vencidas.Soledad Carrasquilla Caballero. sccc.-

Foto actual de los restos del castillo de los Fernández de Córdoba en Montilla.

Según descripciones literarias y excavaciones arqueologías, el castillo de los Fernández de Córdoba en Montilla, pudo ser así.

Parte de las ruinas del castillo.