[REQ_ERR: SSL] [KTrafficClient] Something is wrong. Enable debug mode to see the reason. Campanas las de la torre – Cosas de Cordoba

Campanas las de la torre

Fotografía de la campana histórica Nuestra Señora de la Concepción llamada La Purísima que se encuentra expuesta en la galería del Patio de los Naranjos de la Mezquita de Córdoba, en su ángulo nororiental.

La voz de Córdoba. Toques de campana en la Torre de la Mezquita-Catedral de Córdoba

Desde la conquista de Córdoba por Fernando III de Castilla y León en 1236 —y más concretamente desde 1249— existen documentos capitulares que regulan la vida de la ciudad mediante los diversos toques de campana, auténtica “disciplina sonora” que marcaba la existencia colectiva. En un acta del Cabildo de 1249 se menciona expresamente “la ordenança de los tañidos que han de regir el pueblo e la yglesia”, señal de la temprana importancia que adquirió este sistema acústico en la reorganización municipal y religiosa.

Tras la toma cristiana, el antiguo alminar de Abderramán III fue adaptado como campanario. A finales del siglo XV el Cabildo registraba la existencia de “quatro campanas en lo alto del alminar” además de la del reloj, situada entonces en el cuerpo superior. En el siglo XVI se detallan ya toques específicos: el de alba, maitines, difuntos, prima, nona, la llamada a la doctrina cristiana o los toques para oposiciones a canonjías, como aparece en un acta de 1563: “que el campanero taña a prima y nona como es costumbre, e no omita los tañidos de doctrina por ningún caso”.

La gran transformación llegaría con el maestro Hernán Ruiz III, responsable de envolver el antiguo alminar y darle su silueta renacentista entre los siglos XVI y XVII. A partir de entonces, viajeros y cronistas empiezan a mencionar su presencia sonora como uno de los rasgos más distintivos de Córdoba. El cronista Ambrosio de Morales escribía en 1575: “La torre es agora de las más sonoras de España, y su voz broncínea corre por todo el llano como quien manda y avisa”.

En el siglo XVIII, el viajero británico Richard Twiss anotó sorprendido: “Las campanas de Córdoba suenan con una gravedad y un arte que no he escuchado en parte alguna de España”, subrayando la complejidad de los toques litúrgicos.

Hoy, la Mezquita-Catedral conserva tres grupos funcionales: Campanas de señales, Campanas litúrgicas, Campanas del reloj.

Los toques siguen fieles al calendario católico: los propios del año litúrgico, los solemnes del Corpus, los graves del Día de Difuntos, y aquellos que anuncian celebraciones excepcionales. Crónicas del Cabildo del siglo XVII describen cómo “la ciudad toda muda su ritmo al compás de la torre”, dejando testimonio del papel organizador de este lenguaje de bronce.

Entre las campanas históricas destacan La Esquila, la del Santísimo Sacramento, La Asunción, La Ascensión, La Purísima, San Zoilo, San Antonio, Santa Victoria, la del Alba, Santa María de la Paz, San Pedro, La Gorda y San Rafael. Cada una posee su propio timbre, su propio carácter y una historia ligada a devociones locales.

En 2002 se incorporaron seis nuevas campanas: Santa María Rafaela, San Juan XXIII y San Pío X en la linterna, y San Juan de Ávila, San Eulogio y San Pelagio en el remate que sostiene al Arcángel Custodio.

El sonido de las campanas de la Mezquita-Catedral no es solo un aviso: es memoria, identidad y paisaje emocional. Cada toque parece surgir “desde el corazón mismo de la piedra”, con un eco grave y antiguo. Hay en su vibración un diálogo entre mundos: el bronce cristiano saliendo del antiguo alminar islámico, como si cada repique tejiera un puente sonoro entre dos civilizaciones.

Los viajeros del XIX lo describían con imágenes poéticas. El francés Antoine de Latour afirmaba que “cuando las campanas de Córdoba llaman al alba, la ciudad despierta como si un ángel agitara sus alas sobre las casas blancas”. Otros hablaban de un sonido “dorado”, “profundo”, “con olor a incienso y cal”.

Al caer la tarde, el tañido resuena con una melancolía particular: los toques lentos parecen arrastrar siglos, mientras que los festivos rompen el silencio con una alegría antigua, casi ritual. En noches de Corpus, según anotaba un manuscrito del Cabildo de 1693, “las campanas repican como si celebraran no ya la fiesta del día, sino la gloria entera de la ciudad”. Así, más que un instrumento litúrgico, las campanas de la Mezquita-Catedral son la banda sonora histórica de Córdoba, un latido de bronce que ha acompañado la vida de generaciones y que aún hoy sigue marcando, como hace ocho siglos, el ritmo espiritual de la ciudad. Soledad Carrasquilla Caballero. sccc.-