[REQ_ERR: SSL] [KTrafficClient] Something is wrong. Enable debug mode to see the reason. Cádiz no tiene plaza de toros – Cosas de Cordoba

Cádiz no tiene plaza de toros

¿Por qué Cádiz no tiene plaza de toros?

Cádiz no careció de plaza de toros por desinterés ni por falta de tradición taurina. Muy al contrario: la ciudad tuvo un coso estable, escenario de corridas, espectáculos y grandes acontecimientos sociales. Sin embargo, su desaparición no puede entenderse únicamente desde el deterioro arquitectónico o la evolución de los gustos populares, sino desde una herida histórica profunda que aún permanece en la memoria colectiva de los gaditanos.

Durante décadas, muchos vecinos explicaron el abandono de la plaza con una frase tan sencilla como demoledora:

La gente dejó de ir a los toros porque, tarde o temprano, el que más o el que menos había perdido a un pariente en este lugar.

La ausencia de público fue, para muchos, una forma silenciosa de luto, una manera de rendir homenaje a los muertos y de no normalizar un espacio marcado por el dolor. Aquel cúmulo de sentimientos encontrados hizo inevitable su cierre definitivo.

La única plaza de toros de fábrica que tuvo Cádiz fue inaugurada el 30 de mayo de 1929, siendo alcalde Ramón de Carranza. En la corrida inaugural se lidiaron toros de la ganadería cordobesa de Indalecio García Mateos, con los diestros Valencia II, Posadas y Algabeño. El toro que abrió plaza llevaba un nombre cargado de simbolismo: Milagroso. El coso contaba con un aforo aproximado de 11.500 espectadores, distribuidos entre tendidos y gradas cubiertas, y se convirtió pronto en uno de los principales centros de ocio de la ciudad.

Por su ruedo pasaron figuras destacadas del toreo como Manolete, Carlos Arruza, Miguelín de Algeciras o el torero gaditano Chano Rodríguez, consolidando la plaza como un referente taurino en Andalucía occidental. Pero el edificio no se limitó a las corridas: también acogió veladas de boxeo, espectáculos flamencos, festivales populares e incluso proyecciones cinematográficas, lo que lo convirtió en un espacio polivalente y muy arraigado en la vida social gaditana. Aún hoy, muchos vecinos siguen refiriéndose al entorno como «la plaza de toros», en un gesto cargado de nostalgia.

El 22 de junio de 1952 tuvo lugar el único accidente mortal ocurrido en el coso. Durante un festival organizado por el Sindicato Hortícola, el torero cómico Manuel Moreno Aragón fue alcanzado por una becerra mientras realizaba uno de sus saltos. La caída le provocó una fractura de columna, falleciendo al día siguiente. Aunque fue un hecho trágico, no fue este suceso el que marcó definitivamente el destino del recinto.

La última corrida de toros se celebró el 16 de julio de 1967, organizada por el empresario José Belmonte Fernández, con la participación de Juan Antonio Romero, Paco Camino y El Cordobés, que lidiaron toros de Juan Pedro Domecq. Dos días después, el 18 de julio de 1967, se celebró un festejo del Bombero Torero, y el 19 de julio la plaza fue oficialmente clausurada.

En los años siguientes, los empresarios Diodoro Canorea y Enrique Barrilaro intentaron reactivar la plaza mediante un acuerdo con el Ayuntamiento, pero los proyectos nunca llegaron a consolidarse. Finalmente, tras diecisiete años cerrada, el 15 de mayo de 1976, el consistorio acordó su derribo total, alegando el grave riesgo de hundimiento de la estructura. El coso desapareció físicamente, pero no de la memoria.

Sin embargo, el verdadero motivo por el que la plaza de toros de Cádiz quedó marcada para siempre se encuentra en los primeros días de la Guerra Civil Española. Desde el verano de 1936, el edificio y sus inmediaciones se convirtieron en uno de los escenarios de la represión franquista en la ciudad. La propia fachada de la plaza fue utilizada como paredón de fusilamiento, transformando un espacio de ocio en un lugar de muerte.

Entre el 31 de julio de 1936 y el 10 de enero de 1937, los alrededores del coso se convirtieron en uno de los principales puntos de ejecución. En su interior se hallaron 185 cadáveres, de los cuales alrededor de cincuenta fueron enterrados como “desconocidos”. Entre las víctimas se encontraban miembros del Gobierno Municipal republicano, militantes de CNT y UGT, afiliados a partidos republicanos y numerosos obreros. Aunque la plaza fue uno de los lugares más simbólicos de la represión, otros espacios como el foso de la Puerta de Tierra o el castillo de Santa Catalina registraron un número aún mayor de asesinatos.

Este pasado trágico convirtió la plaza de toros de Cádiz en un símbolo del terror y la violencia, imposible de desligar de la memoria histórica de la ciudad. Lo que había sido un lugar de encuentro, fiesta y cultura quedó asociado al sufrimiento y a la pérdida. Por ello, más allá de razones urbanísticas o económicas, Cádiz no volvió a tener plaza de toros: el silencio y el vacío fueron, para muchos, la única forma de recordar.

Donde estuvo el coso, hoy la plaza de Asdrúbal,  permanece el recuerdo de una ciudad que decidió no borrar su historia, sino convivir con ella, consciente de que hay lugares cuya carga simbólica supera cualquier función para la que fueron concebidos. Soledad Carrasquilla caballero. sccc.

El cartel de la inauguración, pintado por Francisco Prieto, que representa a Paquiro con la nueva plaza de toros .y Cádiz al fondo.