[REQ_ERR: SSL] [KTrafficClient] Something is wrong. Enable debug mode to see the reason. Butayna Bint Al Mutamit – Cosas de Cordoba

Butayna Bint Al Mutamit

La Odalisca. Pintura de Gustav Carl Ludwig Richter. 

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En el año 1042 nació la princesa Butayna Bint al-Mu‘tamid, hija del rey de Sevilla, al-Mu‘tamid ibn Abbad, y de su única esposa, I‘timad, as-Sayyida al-Kubrà, la Gran Señora. A diferencia de otros monarcas de su tiempo, al-Mu‘tamid solo tomó una esposa, un gesto que no era común entre los gobernantes musulmanes de la época y que refleja el amor singular que profesó a I‘timad.

Desde su nacimiento, Butayna vivió rodeada de esplendor en la corte abbadí de Sevilla, una de las más refinadas y sofisticadas de al-Andalus. Su padre no solo fue un gobernante, sino también un destacado poeta que se rodeó de los más ilustres literatos de su tiempo, como el influyente Ibn Ammar. Su madre, I‘timad, aunque de origen humilde, tuvo un papel crucial en la corte como musa, inspiradora y, según algunas fuentes, también poetisa. No es extraño, por tanto, que Butayna creciera en un ambiente donde la poesía, la música y la cultura formaban parte esencial de la vida cotidiana.

Desde muy joven, la princesa demostró una gran sensibilidad artística. Se dice que heredó de su madre la belleza y la habilidad para la composición poética, cultivando un estilo que combinaba la delicadeza del amor con la melancolía propia de la poesía andalusí. Su educación fue esmerada, como correspondía a su linaje, y recibió instrucción en literatura, filosofía y música, reflejo del esplendor intelectual que caracterizaba la corte sevillana.

Sin embargo, su destino, al igual que el de su familia, se vio truncado por la invasión almorávide.

A finales del siglo XI, la hegemonía de los reinos de taifas en al-Andalus comenzó a verse amenazada por la expansión de los almorávides, un movimiento bereber de carácter austero y fundamentalista que consideraba a los monarcas andalusíes decadentes y alejados de los principios islámicos. En el año 1091, Sevilla fue sitiada por las tropas de Yusuf ibn Tashfin, líder almorávide, quien finalmente logró tomar la ciudad y derrocar a la dinastía abbadí.

El alcázar de Sevilla fue saqueado, y la familia real cayó en desgracia. Al-Mu‘tamid e I‘timad fueron capturados y enviados al exilio en Agmat, una pequeña localidad en el Magreb donde vivirían en condiciones de extrema pobreza hasta su muerte. Pero el destino de Butayna fue aún más incierto.

Las crónicas de la época afirman que, tras la toma de Sevilla, la princesa desapareció y durante mucho tiempo sus padres no tuvieron noticias de ella. Algunas fuentes sugieren que fue separada de su familia y vendida como esclava en el propio territorio andalusí. Su historia, sin embargo, no terminó ahí.

Según la tradición, Butayna fue comprada por un comerciante sevillano que planeaba casarla con su hijo, pero ella, consciente de su linaje y de su dignidad como princesa, se negó rotundamente a aceptar la unión sin el consentimiento de su padre.

Fue entonces cuando escribió unos versos que, de acuerdo con los relatos, lograron atravesar las fronteras y circularon por todo el Occidente islámico hasta llegar a manos de su padre en Agmat. En su poema, Butayna evocaba su pasado, recordaba su linaje y reivindicaba su derecho a que su padre otorgara su consentimiento para cualquier matrimonio. En sus palabras se percibe el orgullo de su cuna noble y la tristeza de una vida arrebatada por la guerra y la caída de su familia.

Al-Mu‘tamid, al recibir el poema de su hija en su exilio, comprendió que poco podía hacer para cambiar su destino y, con el pesar de la resignación, firmó el acta matrimonial. En su respuesta a Butayna, le dejó un mensaje impregnado de la fatalidad del tiempo y la aceptación de la adversidad:

«Hija mía, sé afectuosa con él,

el tiempo ha decretado que lo aceptes.”

Este gesto muestra no solo la impotencia del monarca ante el curso de los acontecimientos, sino también su amor por su hija, a quien trató de proteger dentro de los límites de su desgracia.

El destino final de Butayna sigue siendo un misterio. Tras su matrimonio forzado, no se tienen registros claros sobre su vida posterior. Algunas versiones sugieren que terminó sus días en el anonimato, alejada del esplendor de su infancia y de la gloria perdida de su familia. Otras, más idealizadas, sostienen que logró encontrar un refugio digno en su nueva vida, aunque marcada por la nostalgia de su pasado.

Mientras tanto, en Agmat, su padre siguió componiendo versos hasta su muerte en 1095. Al-Mu‘tamid, quien había sido un rey poderoso rodeado de lujo y arte, terminó viviendo en la miseria, dependiendo de la caridad de quienes aún recordaban su grandeza. En sus últimos poemas, evoca constantemente la pérdida de Sevilla, el sufrimiento del exilio y la tristeza de su esposa, I‘timad.

En uno de sus poemas más desgarradores, el monarca expresa su dolor:

«Los días pasan, Sevilla se aleja,

mi reino es ahora solo un recuerdo.

Mi amor, mi vida, todo ha sido arrastrado

por los vientos crueles del destino.”

La historia de Butayna Bint al-Mu‘tamid es un reflejo del auge y la caída de una de las dinastías más brillantes de al-Andalus. Su vida, marcada por la poesía, la pérdida y la dignidad, encarna la fragilidad de la fortuna y el destino implacable que suele acompañar a los poderosos en tiempos de cambio.

A través de sus versos, su memoria sigue viva, recordándonos que, incluso en la adversidad, la poesía puede ser un refugio y un testimonio imperecedero de la grandeza y la tragedia de quienes la escribieron. Soledad Carrasquillam Caballero, sccc.-

Poema que escribe princesa Butayna a su padre para solicitar su casamiento:
Escucha y atiende mis palabras,
pues ésta es la actitud de los nobles!
Sabréis que fui hecha cautiva,
yo que era hija de un rey de las Banu Abbad,
un gran rey en una época ya lejana,
pues el tiempo conduce siempre a la ruina.
Cuando Dios quiso separarnos
y nos hizo probar el sabor de la tristeza,
se alzó la hipocresía contra mi padre en su reino
y la separación, que nadie quería, se hizo presente.
Salí huyendo y se apoderó de mí un hombre
que no fue justo en sus actos, pues me vendió como esclava,
aunque a alguien que de todo me protege
excepto de la adversidad
y quiere casarme con un hijo suyo,
casto, adornado de las bellas cualidades de los nobles
y que ha ido a ti a pedirte si estás de acuerdo:
ya ves que actuó correctamente.
Ojalá, padre mío,
me hagas conocer si esperar puedo mi amor,
y ojala Rumaykiyya, la real, con su favor,
pida para nosotros la felicidad y la dicha.