[REQ_ERR: SSL] [KTrafficClient] Something is wrong. Enable debug mode to see the reason. Beltrán de la Cueva – Cosas de Cordoba

Beltrán de la Cueva

Medallón que representa a Beltrán de la Cueva, En la fachada del antiguo convento del Salvador de Úbeda. 

Beltrán de la Cueva, Duque de Alburquerque: poder, lealtad y leyenda en la Castilla del siglo XV

En 1405 nació en Úbeda (Jaén) Beltrán de la Cueva y Mercado, una de las figuras más influyentes de la Castilla del siglo XV. Murió el 1 de noviembre de 1492 en Cuéllar (Segovia), donde reposan sus restos en el Convento de San Francisco. A lo largo de su vida destacó como militar, político y cortesano, convirtiéndose en uno de los hombres más poderosos del reinado de Enrique IV de Castilla.

Beltrán de la Cueva fue nombrado duque de Alburquerque, además de conde de Ledesma y Huelma, y recibió amplios señoríos en Cuéllar, Mombeltrán, Atienza, Roa, Eladrada, La Codosera y Torregalindo, entre otros. También alcanzó el título de Maestre de la Orden de Santiago, uno de los más prestigiosos del reino.

Su influencia en la corte no fue solo política, sino también personal. Su estrecha relación con Enrique IV, quien le otorgó numerosos privilegios, despertó la envidia y el recelo de buena parte de la nobleza. Los rumores de que era el padre de la princesa Juana, despectivamente llamada “la Beltraneja”, fueron utilizados como arma política para desacreditarlo, aunque nunca se demostró y Beltrán mantuvo siempre su lealtad al monarca.

Como hombre de armas, participó en campañas contra el reino nazarí de Granada, combatiendo en Jimena, Olmedo, Ronda, Cártama, Coín y en los asedios de Alhama, contribuyendo a la expansión castellana hacia el sur.

Las intrigas nobiliarias provocaron su breve expulsión de la corte, pero Enrique IV lo restituyó en su favor. En 1465, apoyó al rey durante la Farsa de Ávila, en la que los nobles rebeldes —encabezados por el marqués de Villena y el arzobispo Alfonso Carrillo de Acuña— escenificaron la deposición simbólica de Enrique IV y proclamaron rey al infante Alfonso. Pese a las conspiraciones, Beltrán permaneció fiel al soberano.

Tras la muerte del infante Alfonso (1468), los rebeldes apoyaron a Isabel, la futura Reina Católica, frente a la infanta Juana. A la muerte de Enrique IV, Beltrán se alineó con Isabel de Castilla, participando en la guerra de sucesión y más tarde en el asedio de Granada (1491), contribuyendo a la culminación de la conquista.

Además de su carrera política y militar, Beltrán de la Cueva cultivó la literatura y las artes. Glosó el Libro de cetrería de Juan de Sahagún, cetrero del rey Juan II, obra de la que se conservan cuatro copias —dos en la Biblioteca Nacional de España y una en la Universidad de Yale—.

En la fachada del antiguo convento del Salvador de Úbeda puede verse un medallón con su efigie, recordando a este hombre que, entre la lealtad y la sospecha, encarnó las tensiones políticas y humanas de su tiempo. Su legado perdura en la Casa de Alburquerque, linaje que mantuvo un papel destacado en la historia nobiliaria de Castilla. Soledad Carrasquilla Caballero. sccc.-

Paneles de la tumba de Beltrán de la Cueva que se encuentran en el Museo de Arte de la Escuela de Diseño de Rhode Island

Pintura de Beltrán de la cueva del siglo XIX