
En Ceriñola antes de desenvainar su espada, el «Gran Capitán» se quitó el casco en los momentos previos a la batalla y cuando uno de sus capitanes le preguntó la causa, él contestó: «Los que mandan ejército en un día como hoy no se deben ocultar el rostro”.
El 28 de abril de 1503 tuvo lugar la batalla Ceriñola donde El «Gran Capitán» tendría que hacer uso de toda su experiencia militar para lograr salir victorioso de ella. La batalla que sin duda cambió la historia, y es que, si hasta ese momento la fuerza de los ejércitos se medía en base a la cantidad de caballería pesada de la que disponía, tras este combate la mentalidad militar evolucionó, por primera vez se manejó de forma combinada la Infantería, la Caballería y la Artillería. En Ceriñola Gonzalo Fernández de Córdoba se adelantó a Napoleón en cuatro siglos huyendo de la guerra frontal y utilizando las tácticas envolventes y las marchas forzadas de infantería.
El de córdoba demostró antes de la batalla su mentalidad innovadora y revolucionaria. Y es que, para llegar a la ciudad de Ceriñola y poder preparar las defensas concienzudamente antes del ataque de los franceses, el cordobés forzó a sus caballeros a hacer algo nunca antes visto y que suponía una afrenta a su honor, obligando a llevar la infantería a la grupa de sus monturas en la marcha hacia Ceriñola. Eso era algo que no se había hecho nunca, pero mejoró la movilidad y la moral de la tropa y le permitió ganar tiempo. Fue una muestra más de su ingenio táctico.
El movimiento de apertura que ejecutó Gonzalo de Córdoba en Garellano se considera una de las maniobras envolventes más logradas de la historia militar. Es un ejemplo preciso de cómo atacar y luego cubrir un solo flanco del enemigo, tácticas imitadas en el siglo XX por el Mariscal Rommel con el Afrika Korps en la Batalla de Gazala en 1942. Estudiadas en todas las academias militares del mundo y que han perdurado activas, hasta la primera Guerra del Golfo, (2 de agosto de 1990 – 28 de febrero de 1991), donde fueron sustituidas por las armas modernas de destrucción masiva.
La batalla de Ceriñola duró una hora, en ella murieron 4.000 combatientes del ejército de Luis XII y su general Luis de Armagnac, duque de Nemours y virrey de Nápoles; por parte de la corona castellana y aragonesa perdió 100 soldados de los que mandaba el general cordobés.
La batalla de Garellano es la última que dirigió personalmente por El Gran Capitán, pero las tácticas que mostraron en ella las tropas que él mandaba perduraron, junto con el resto de sus concepciones militares, en el ejército castellano. Los oficiales que sirvieron a sus órdenes en las dos guerras de Nápoles recogieron sus enseñanzas y las aplicarían en futuras ocasiones, de forma que los mayores generales de Carlos I y de Felipe II fueron adiestrados y tomaron las enseñanzas militares del Gran Capitán, puestas en práctica en los Tercios de Flandes, que serán invencibles durante los próximos 100 años.sccc