[REQ_ERR: SSL] [KTrafficClient] Something is wrong. Enable debug mode to see the reason. Argéntea – Cosas de Cordoba

Argéntea

Argéntea de Bobastro: entre la historia y la leyenda de los mártires andalusíes

El 13 de mayo del año 931, Argéntea fue ejecutada públicamente en Córdoba, acusada de apostasía por haber renunciado al islam ante el cadí. Su muerte, que no se inscribe en el contexto de los mártires mozárabes de Córdoba, ha quedado envuelta en un halo de leyenda, entre la historia real y la literatura hagiográfica que floreció en el siglo IX y X.

Argéntea había nacido en Parauta, un pequeño lugar enclavado en el corazón del valle del Genal, en la actual Serranía de Ronda. Era hija —o quizá nieta— de Umar ibn Ḥafṣūn, el célebre caudillo muladí que se alzó contra el poder omeya y estableciendo su corte en Bobastro, una fortaleza excavada en la roca que desafió durante décadas al emirato cordobés. Su madre, según las fuentes, se llamaba Columba Mastana, lo que apunta a un origen cristiano.

Argéntea creció en un entorno marcado por la resistencia, el sincretismo religioso y los conflictos internos. Sus hermanos, Ja‘far, Sulayman, Hays y Abd al-Rahman, protagonizaron complejas alianzas y traiciones, a veces enfrentándose entre ellos, y en otras ocasiones pactando con Córdoba. La familia ibn Ḥafṣūn personificó como pocas la ambigüedad cultural y política de la frontera.

Tras la definitiva caída de Bobastro en el año 928 a manos del futuro califa ʿAbd al-Raḥmān III, algunos miembros de la familia fueron capturados. El príncipe Ḥafṣ, uno de los hijos del líder rebelde, fue perdonado y llevado a Córdoba, junto con su hermana Argéntea. Allí, durante tres años, vivió tratada conforme a su estatus aristocrático, alojada en la corte califal.

Sin embargo, todo cambió con la llegada a Córdoba de un personaje enigmático: Vulfuran, un visionario de origen franco procedente de las Galias. Según la tradición, afirmaba haber recibido un mandato divino para buscar el martirio en tierras musulmanas. Su presencia alteró el ánimo de Argéntea, quien bajo su influencia renegó públicamente del islam y confesó la fe cristiana, lo cual —según la legislación islámica de la época— se castigaba con la pena de muerte si el apóstata no se retractaba.

El cadí, tras consultar a los ulemas, se vio obligado a ordenar su ejecución. La sentencia se llevó a cabo sin contemplaciones. Argéntea fue decapitada, y su cuerpo, según relatan las crónicas, fue sustraído por miembros del clero cristiano cordobés, encabezados por el obispo, quienes lo enterraron en la basílica de los Tres Santos. Sin embargo, su nombre no figura en los calendarios litúrgicos mozárabes, posiblemente por el carácter irregular del proceso o por dudas sobre su autenticidad como mártir.

A pesar de ello, se cree que sus restos podrían hallarse hoy en la urna de los mártires conservada en la Basílica Menor de San Pedro de Córdoba, junto a otros cristianos que murieron por su fe en tiempos del emirato de Abderraman II y Mohamed I.

En cuanto a Vulfuran, el misionero galo, no fue considerado mártir ni se conservaron sus restos. Quizá por su carácter de extranjero o por haber inducido a Argéntea a su martirio, no recibió los honores que sí se otorgaron a otros mártires mozárabes.

¿Fueron Argéntea y Vulfuran solo víctima y mentor espiritual, o existió entre ellos una historia de amor, como la que unió a Eulogio y Flora? La tradición deja abierta esa posibilidad, haciendo de su relato una mezcla de fe, pasión y tragedia que refleja las complejidades religiosas, políticas y humanas de al-Ándalus. Soledad Carrasquilla caballero. sccc.-

Fotografía de la Escultura de Santa Argentea. Al fondo las ruinas de la basílica rupestre de Bobastro, no lejos el campo donde Abderramán III mantuvo la última batalla con los hijos de Umar ibn Ḥafṣūn, para tomar la peña, unificando de esa forma definitivamente todo el territorio de Al-Andalus, pudiendo ya sin ninguna traba proclamarse califa

La talla de Santa Argentea está realizada por el escultor malagueño, Raúl Trillo, para la Hermandad de Nuestra Señora de Villaverde de Ardales. Esculpida en madera de cedro dorada y policromada. Posee una altura de 80 cm, tal y como se realizaban el en siglo XIII, se encuentra en un lateral del retablo del altar mayor de la parroquia de Nuestra Señora de los Remedios de Ardales.