
Antonio Flores Díaz «El Monicha» vestido de luces en 1935
Antonio Flores Díaz “El Monicha” el torero que cayó en la madrugada
El 2 de octubre de 1936, en plena Guerra Civil, Antonio Flores Díaz, conocido en el mundo taurino como El Monicha, fue fusilado de madrugada en la conocida “paerilla” del cementerio de San Rafael de Córdoba. Tenía apenas 24 años. Su nombre, borrado durante décadas de los registros oficiales, ha sobrevivido gracias a la memoria oral de los suyos y a los pocos documentos que escaparon al silencio.
Nació en Córdoba en 1912, en la calle de Campo Madre de Dios, en el seno de una familia humilde. Su padre, Manuel Flores, fue contratista de obras y trabajó en el Ayuntamiento de Córdoba. Antonio, antes de vestir el traje de luces, se ganaba la vida como albañil, pero su verdadera pasión era el toreo.
Desde joven destacó por su arrojo y natural elegancia en el ruedo. En los años previos a la guerra, toreó en diversas novilladas y becerradas por la provincia, donde su nombre comenzó a sonar con fuerza. Compartió cartel en varias ocasiones con otro joven cordobés que, tiempo después, alcanzaría la gloria: Manuel Rodríguez “Manolete”. Ambos compartían no solo la afición, sino la juventud, la esperanza y la dureza de los primeros años en el toreo. Los viejos cronistas recuerdan que El Monicha tenía “posibilidades de figura”.
Pero la guerra truncó su destino. El 27 de septiembre de 1936, cuando las columnas nacionales consolidaban su dominio sobre Córdoba, Antonio caminaba por el camino de Las Ermitas, en las afueras de la ciudad. Allí se topó con un grupo de hombres armados que creyó pertenecían al ejército gubernamental. Confiado, los saludó con un “¡Salud, camaradas!”. Sin embargo, aquellos hombres eran soldados nacionales. Lo detuvieron de inmediato.
Fue trasladado a la prisión del Alcázar de los Reyes Cristianos, convertida entonces en centro de detención y cuartel militar. Irónicamente, en ese mismo lugar cumplía servicio su hermano, soldado del ejército sublevado.
Su padre, desesperado, acudió en busca de ayuda. Pidió clemencia al alcalde y al gobernador civil de la ciudad, quienes le aseguraron que su hijo no correría peligro. Sin embargo, esas promesas resultaron vacías.
El expediente penitenciario es el único documento que conserva su rastro. Dice así:
“Antonio Flores Díaz, de 24 años, natural de Córdoba, soltero, con domicilio en Campo Madre de Dios nº 11, albañil. Ingresó en la Prisión Provincial de Córdoba el lunes 28 de septiembre de 1936, conducido por la Guardia Civil por orden del capitán jefe de Información. Entregado a fuerzas de la Guardia Civil por orden del jefe de Orden Público (Bruno Ibáñez Gálvez) el jueves 1 de octubre. Fue fusilado la madrugada del día 2 de octubre de 1936, junto a otros tres hombres y una mujer que salieron de la cárcel con él.”
No existe inscripción alguna de su muerte en el Registro Civil, ni aparece anotado en los libros parroquiales. En el libro del cementerio de San Rafael, bajo la fecha 2 de octubre de 1936, constan los entierros de seis hombres y una mujer no identificados, todos “de muerte violenta”. Se cree que uno de ellos fue Antonio Flores Díaz, El Monicha.
Nadie reclamó su cuerpo. Nadie pudo llevar flores a su tumba. Fue enterrado en la fosa común, en la zanja abierta aquella madrugada, junto a cientos de cordobeses ejecutados en los primeros meses del conflicto.
Su historia, como la de tantos jóvenes de aquella Córdoba desgarrada, quedó sepultada bajo el miedo y el silencio. Pero el recuerdo del torero valiente que soñaba con alcanzar la gloria en los ruedos pervive en la memoria popular, en los callejones del Campo Madre de Dios, donde aún se murmura su nombre con respeto y tristeza: Antonio Flores Díaz, “El Monicha”, el torero que cayó sin terno, con la madrugada por testigo. Soledad Carrasquilla Caballero. sccc,-
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Cartel de la segunda corrida nocturna celebrada el sábado 19 de julio de 1930, en la antigua Plaza de Toros «Los Tejares», donde aparece «El Monicha» y otros novilleros noveles.

Cartel de la novillada que se celebró el sábado 27 de junio 1936

Posiblemente así era el Campo Madre de Dios cuando lo pasaba Antonio Flores Díaz soñado con su alternativa.