
La escultura de Antonio de Nebrija’ realizada por José Lafita Díaz. Se encuentra en el Rectorado de la US. Se trata de un vaciado de escayola policromado.
Elio Antonio de Nebrija (también escrito como «de Nebrixa») nació en Lebrija en 1444 y falleció en Alcalá de Henares el 2 de julio de 1522. Fue el autor de la primera gramática de una lengua moderna, pues hasta entonces solo existían gramáticas de lenguas clásicas como el latín, el griego o el hebreo. Su obra Gramática de la lengua castellana, publicada en 1492, es considerada la más célebre de sus muchas contribuciones al saber renacentista.
Hijo de Juan Martínez de Cala y de Catalina de Xarana, su nombre completo, conforme a los estándares civiles que empezaron a establecerse poco después bajo la normativa del cardenal Cisneros, habría sido Antonio Martínez de Cala y Xarana. Sin embargo, adoptó el nombre «de Nebrija», en alusión a su ciudad natal, probablemente durante sus años de formación en la Universidad de Salamanca. Más adelante, añadiría a su firma el nombre «Elio», como homenaje al gran gramático latino Elio Donato.
La Gramática de la lengua castellana fue solo una de las cuatro obras que Nebrija dedicó al idioma. Las otras son: las Reglas de Orthographía en la lengua castellana, el Diccionario latino-español, y el Vocabulario español-latino. Para su elaboración, Nebrija se basó en autores clásicos como Prisciano, Diomedes y el mencionado Elio Donato, de quien tomó incluso el nombre.
La gramática de Nebrija fue la primera publicada de una lengua romance, 37 años antes que la italiana de Gian Giorgio Trissino, 44 años antes que la portuguesa de Fernão de Oliveira, y 58 años antes que la francesa de Louis Meigret.
De su Gramática se recuerda especialmente una frase de su prólogo: “La lengua es compañera del Imperio”.
Conviene precisar que la gramática se publicó el 18 de agosto de 1492, mientras que el descubrimiento de América ocurrió en octubre del mismo año, y la noticia llegó a Castilla en marzo de 1493. Por tanto, Nebrija no se refería a un imperio colonial aún inexistente, sino al «imperium» como poder o mando. Su reflexión apuntaba a la vinculación entre lengua y autoridad, ejemplificándolo con los casos de Israel y el hebreo, Grecia y el griego, y Roma y el latín.
La obra de Nebrija no solo tuvo valor normativo, sino también histórico: sirvió de modelo para las numerosas gramáticas que los españoles escribieron sobre las lenguas indígenas americanas. Durante la colonización, se llegaron a redactar hasta 600 gramáticas de lenguas nativas, muchas de ellas obras de frailes misioneros.
Por ejemplo, el náhuatl fue la primera lengua americana en tener gramática propia, incluso antes que el francés o el portugués. Una primera gramática, hoy perdida, fue escrita en 1531, y en 1547, Andrés de Olmos redactó una segunda. Esto hace del náhuatl la primera lengua moderna, tras el castellano, en contar con dos gramáticas.
Junto al náhuatl, también se compusieron gramáticas de lenguas como el tarasco, purépecha, otomí, ñañú, mixteca, zapoteca, maya, pocomchí, quiché, cachiquel, guaraní, aimara, mapuche, huasteca, tarahumara, guajiro, y muchas otras. También se escribieron gramáticas en las Filipinas, como las del tagalo e ilocano, e incluso en Asia, como la primera gramática del japonés, escrita por el franciscano Juan Fernández hacia 1550, y la del chino, por Francisco Varo en 1703.
Además de su labor lingüística, Nebrija fue un auténtico humanista del Renacimiento, y escribió en numerosos campos del saber: En filología: Introductiones latinae (1481), una depuración del latín al estilo de Lorenzo Valla, que la reina Isabel la Católica mandó traducir al castellano para que pudieran leerla las religiosas sin contacto con varones. En historia: Muestra de la historia de las antigüedades de España, De bello navariense, Rerum a Fernando et Elisabe gestarum Decades duae y De bello granatensi. En derecho: Iuris civilis lexicon. En medicina: edición comentada del Dioscórides, con un extenso glosario médico en castellano. En pedagogía: De liberis educandis. En matemáticas: De Mensuris, De Ponderibus, De Numeris. En astronomía y geografía: In Cosmographia Libri Introductionum y Tabla de la diversidad de días y horas.
También se le atribuye a Nebrija la idea de usar el yugo como emblema del rey Fernando, en paralelo con las flechas de Isabel, símbolo que se convirtió en seña del reinado conjunto.
Tan grande fue su prestigio, que el cardenal Jiménez de Cisneros le otorgó la cátedra de Retórica en Alcalá con el privilegio de que «leyese lo que él quisiese, y si no quisiese leer, que no leyese», y afirmando que no se lo daba «para que trabajase, sino por pagarle lo que le debía España».Una forma extraordinaria de definir la magnitud de este sabio andaluz, pionero del humanismo hispánico y figura clave en la construcción del español como lengua de cultura universal. Soledad Carrasquilla Caballero. sccc.-

Medallón de Antonio de Lebrija en la Plaza Mayor de Salamanca

Antonio de Nebrija impartiendo una clase de gramática en presencia de D. Juan de Zúñiga. Biblioteca Nacional.