[REQ_ERR: SSL] [KTrafficClient] Something is wrong. Enable debug mode to see the reason. Andalucía – Cosas de Cordoba

Andalucía

Imagen de la histórica manifestación del 4 de diciembre de 1977 donde millón y medio de andaluces se echaron a la calle reivindicando la autonomía plena para Andalucía.

Andalucía: el alma que fundó a España

Andalucía ha sido siempre un pueblo que inspira respeto y temor a sus conquistadores. Tal vez por eso, a lo largo de los siglos, se la ha querido ridiculizar, menospreciar y reducir a un tópico de sol, pandereta y resignación. Quienes temieron su fuerza espiritual trataron de domesticarla mediante la caricatura, como si el arte, la gracia o el cante fueran sinónimos de sumisión. Pero detrás del mito está la memoria de un pueblo que ha sobrevivido a todos los imperios, desde Roma hasta Castilla, sin perder su voz ni su acento.

Porque lo que hoy se llama “español” —su lengua, sus gestos, su música, su estética— brota de raíz andaluza. El alma de España fue modelada con el aroma de los patios cordobeses, el eco de las campanas sevillanas, las salinas de gaditanas, los navegantes de Huelva, el dolor de Málaga, el suspiro de los olivares de Jaén, el llanto de Granada y de los cantes jondos que aliño todo. Sin Andalucía, España no sería más que un mapa vacío, desprovisto de duende, sin corazón ni identidad.

Los símbolos más reconocibles de lo español —la guitarra, el toro, el vino, el flamenco, la copla, la arquitectura morisca— no nacieron en Castilla ni en Aragón, sino en las tierras del sur, donde confluyeron las tres culturas, donde el mundo antiguo y el nuevo se dieron la mano, y donde el pueblo supo convertir el dolor en belleza, la pobreza en arte y la injusticia en canción.

Andalucía canta porque durante siglos no le dejaron hablar de otro modo. El cante jondo, con su queja milenaria, es el testimonio de quienes sufrieron el olvido y la explotación, pero también la demostración de que el espíritu no se rinde. El andaluz canta para poder vivir, pero también para poder quejarse, porque su voz es al mismo tiempo lamento y desafío, oración y protesta.

El día en que los andaluces comprendan que además de cantar pueden hacer oír su voz en la historia, que pueden transformar su lamento en sinfonía, su silencio en palabra y su identidad en bandera, ese día Andalucía se levantará completa, libre y consciente de sí misma.

Entonces su grito no será ya de dolor, sino de afirmación; no de súplica, sino de esperanza. Y aquel verso que soñó Blas Infante —«Por Andalucía libre, los pueblos y la humanidad»— dejará de ser un deseo para convertirse en destino.

Ese día, Andalucía no pedirá permiso para ser escuchada, porque su voz —la misma que resonó en los templos de Tartessos, en el Senador Romano, en las mezquitas de Al-Ándalus y en las minas de La Unión— será comprendida como lo que siempre fue: el latido más hondo de la historia de España. Soledad carrasquilla Caballero. Sccc.-