
El alminar más antiguo de Córdoba y el barrio de las brujas
El alminar más antiguo conservado en Córdoba pertenece a la mezquita que el emir Hisham I mandó construir a finales del siglo VIII. El mismo emir que, además de levantar este pequeño oratorio de barrio, realizó mejoras en la Gran Mezquita Aljama, construyendo una fuente de abluciones (midá) junto al muro oriental y ampliando su patio. De aquel minarete aún perviven restos integrados en la torre-campanario de la iglesia de Santiago Apóstol, visibles únicamente desde el interior.
El oratorio islámico pasó a manos cristianas en 1236, tras la conquista de Córdoba por Fernando III, y fue utilizado como iglesia hasta que en el siglo XVI se edificó el actual templo de Santiago sobre los cimientos de la antigua mezquita. Así, como ocurrió con muchos otros lugares sagrados de la ciudad, el espacio continuó teniendo una fuerte carga simbólica, tanto religiosa como social.
Pero la singularidad de este enclave no termina ahí. La iglesia de Santiago se encuentra en la parte más oriental de Al-Sarquiyya, una zona de Córdoba intramuros que durante siglos fue conocida como el barrio de las brujas. Según la tradición, aquí vivieron y trabajaron numerosas hechiceras, curanderas y adivinas, que mezclaban prácticas de medicina popular, astrología y supersticiones heredadas de la Antigüedad y del contacto con las culturas judía, musulmana y cristiana.
Las brujas cordobesas elaboraban y vendían pócimas, ungüentos y filtros de amor; preparaban remedios para enfermedades o partos difíciles, y también eran consultadas para leer el futuro o romper maleficios. Se reunían a pocos pasos de la iglesia, en pequeñas casas o corrales, y su fama se extendió por toda la ciudad.
No es de extrañar que este lugar se convirtiera en un punto conflictivo para la Inquisición, que perseguía estas prácticas como superstición, idolatría o pactos demoníacos. Los procesos inquisitoriales conservados nos hablan de mujeres acusadas de invocar espíritus, hacer conjuros o utilizar hierbas para alterar la voluntad de las personas. Aunque muchas veces se trataba simplemente de saberes de medicina tradicional transmitidos de generación en generación, la sospecha de “brujería” bastaba para arrastrarlas a los tribunales del Santo Oficio.
Hoy, la iglesia de Santiago no solo es guardiana del alminar más antiguo de Córdoba, sino también de la memoria de este barrio oscuro y fascinante, donde se cruzan la huella islámica, la fe cristiana y las leyendas de las brujas cordobesas. Un rincón cargado de misterio que recuerda cómo en Córdoba convivieron la religión, el poder y la magia popular. Soledad Carrasquillas Caballero, scc.-