[REQ_ERR: SSL] [KTrafficClient] Something is wrong. Enable debug mode to see the reason. Almanzor y Santiago – Cosas de Cordoba

Almanzor y Santiago

Almanzor, háyib del califato de Córdoba y figura dominante del poder andalusí a finales del siglo X, partió de Córdoba el 3 de julio del año 997 al frente de una de las campañas militares más ambiciosas y simbólicas de toda su carrera. No se trataba de una razzia más dentro de su incesante actividad bélica, sino de una expedición cuidadosamente planificada cuyo objetivo era golpear el camino que Europa incluido el Vaticano imponía como frontera a la Cristiandad.

El ejército avanzó hacia el norte siguiendo una ruta estratégica. Tras pasar por Coria y Viseo, se le unieron varios condes cristianos que se habían declarado vasallos del poder califal, una muestra elocuente de la compleja red de alianzas y con las que Almanzor contaba entre los reinos cristianos. Estos nobles acompañaron a las tropas andalusíes en una expedición que los conduciría hasta uno de los lugares respetados de la Europa medieval.

La campaña fue concebida como una operación combinada de gran envergadura. Una escuadra califal transportó por mar a la infantería, las provisiones y los bagajes, asegurando el abastecimiento del ejército y permitiendo una rápida progresión por territorios difíciles. Mientras avanzaban, las tropas de Almanzor saquearon y destruyeron castillos, aldeas y monasterios, entre ellos los de San Payo, San Cosme y San Damián, símbolos tanto del poder religioso como del control territorial cristiano.

La ofensiva alcanzó un hito sin precedentes cuando el ejército andalusí llegó hasta la península del Morrazo, en Galicia, una zona en la que nunca antes habían penetrado las armas de Al-Ándalus. La profundidad de la incursión evidenciaba no solo la capacidad militar de Almanzor, sino también su intención de demostrar que ningún rincón del norte cristiano estaba fuera de su alcance.

Finalmente, el 10 de agosto de 997, las tropas de Almanzor llegaron a Santiago de Compostela. La ciudad había sido abandonada por sus habitantes, que huyeron ante la inminencia del ataque, llevándose consigo cuanto pudieron. La urbe fue saqueada e incendiada, y la basílica compostelana quedó completamente arrasada. Sin embargo, y este hecho fue ampliamente destacado por las crónicas, se respetó el sepulcro del apóstol Santiago, así como la vida de un monje que permaneció custodiándolo. Este gesto, respondía a una política simbólica: destruir el poder material del santuario sin profanar directamente el núcleo espiritual del culto.

En apenas una semana, Santiago quedó totalmente devastada, convertida en un escenario de ruina y desolación. De las numerosas campañas militares emprendidas por Almanzor —más de cincuenta a lo largo de su vida— ninguna alcanzó la celebridad ni la carga simbólica de esta. Por primera vez, las armas andalusíes habían penetrado hasta el extremo noroccidental de la península Ibérica, atravesando el corazón de Galicia y señalando al resto de los reinos europeos que reforzaban su presencia con los peregrinos a Santiago que, él imponía su frontera.

El objetivo de Almanzor iba pues, más allá del castigo a los reinos leoneses, la obtención de botín o la captura de cautivos, habituales en sus expediciones. Santiago de Compostela era entonces, el principal foco de peregrinación de Europa, que articulaba cultural y políticamente a los pueblos del continente. Golpear Santiago significaba debilitar un eje simbólico de cohesión europea y reforzar las fronteras ideológicas y militares de Al-Ándalus frente al mundo cristiano.

Semanas después del saqueo, Almanzor regresó triunfalmente a Córdoba, acompañado de numerosos cautivos y portando un botín cargado de simbolismo: las campanas de la iglesia de Santiago y las hojas de las puertas de la ciudad. Las campanas fueron trasladadas a la Mezquita aljama de Córdoba, donde se reutilizaron como lámparas, mientras que las puertas se emplearon como armadura de los techos de las nuevas naves que se estaban construyendo en el templo.

Este acto final sellaba el mensaje político de la expedición: la supremacía del califato cordobés sobre los reinos cristianos y la transformación de los símbolos del poder enemigo en elementos integrados en la capital de Al-Ándalus. La campaña de Santiago consolidó definitivamente la leyenda de Almanzor como el gran azote del norte cristiano y uno de los estrategas más temidos y admirados de su tiempo. Soledad Carrasquilla caballero. sccc.-

Puerta de la Mezquita de Córdoba perteneciente a la prolongación de Almanzor