
El 10 de marzo de 1126, las tropas del rey Alfonso I de Aragón derrotaron a las fuerzas musulmanas dirigidas por Abu Bakr ibn Yusuf en el lugar denominado en las fuentes Arnisol, Arinzol o Aranzuel, identificado con el actual Anzul, en la campiña cercana a Puente Genil.
Este episodio formó parte de la gran expedición que Alfonso I realizó en territorio andalusí entre septiembre de 1125 y junio de 1126, una incursión que llevó a su ejército a recorrer durante meses el corazón de Andalucía.
Las fuentes aragonesas describen la campaña como una empresa heroica del monarca aragonés. Crónicas posteriores presentan a Alfonso I como un rey audaz que penetró profundamente en territorio andaluz apoyado por los mozárabes, especialmente los de Granada, encabezados por Ibn al-Qalas.
Según estas narraciones, el objetivo inicial era provocar una rebelión en Granada contra el gobernador almorávide Abu Tahir Tamim ibn Yusuf, hermano del emir Ali ibn Yusuf. Sin embargo, al comprobar la imposibilidad de tomar la ciudad, el rey decidió recorrer amplias zonas del sur, realizando ataques rápidos contra las poblaciones.
Las crónicas destacan la movilidad del ejército aragonés, que atravesó sierras, valles y campiñas saqueando territorios y evitando quedar atrapado por fuerzas superiores.
Las crónicas andalusíes ofrecen una visión distinta y muy reveladora de estos acontecimientos. Autores como Ibn Idari o Ibn al-Jatib describen la expedición como una incursión devastadora que causó gran alarma en al-Ándalus.
En estos textos, Alfonso I aparece como un enemigo temido. Los cronistas relatan cómo su ejército avanzó con rapidez por los territorios del sur, destruyendo cosechas, saqueando aldeas y derrotando a varias fuerzas locales enviadas para detenerlo.
Las fuentes mismas fuentes, también reflejan la preocupación del gobierno almorávide, que tuvo dificultades para reunir tropas suficientes para detener al Batallador. Esta situación evidenciaba la debilidad del sistema político del Imperio almorávide en esos años.
Tras fracasar su intento de tomar Granada, Alfonso I recorrió diversas zonas del actual territorio cordobés. Las crónicas mencionan ataques en lugares que hoy corresponden a municipios como: Luque, Baena, Espejo, Cabra, Lucena
Desde estas zonas el ejército se aproximó a Córdoba, aunque no logró tomarla debido a la fortaleza de sus murallas y a la presencia de guarniciones almorávides.
Fue durante estas maniobras cuando se produjo el enfrentamiento de Anzul, donde las tropas caragonesas derrotaron a un contingente almorávide.
Uno de los episodios más dramáticos de la campaña fue el éxodo de miles de mozárabes que abandonaron al-Ándalus junto al ejército de Alfonso I.
Las crónicas andalusíes describen con preocupación cómo numerosas comunidades cristianas se marcharon hacia el norte por miedo a las represalias de las autoridades almorávides tras haber colaborado con los aragoneses.
Muchos de estos mozárabes fueron posteriormente asentados en territorios del valle del Ebro, contribuyendo a la repoblación de zonas conquistadas por los reinos cristianos.
Aunque Alfonso I no logró conquistar ciudades importantes, su expedición tuvo efectos profundos: puso en evidencia la debilidad militar del poder almorávide; provocó el desplazamiento de poblaciones mozárabes hacia los reinos cristianos; aumentó la inestabilidad política en al-Ándalus.
Pocas décadas después, el debilitado dominio almorávide sería sustituido por una nueva potencia del norte de África: los Imperio almohade.
Hoy la batalla de Anzul, en las cercanías de Puente Genil, es un episodio poco recordado de la historia medieval andaluza. Sin embargo, formó parte de una de las incursiones más profundas y audaces realizadas por un ejército del norte en al-Ándalus durante la Edad Media.
La campaña del Batallador demostró que el equilibrio político en la península estaba cambiando y que el poder almorávide comenzaba a mostrar grietas que, décadas después, transformarían el panorama político del sur peninsular. Soledad Carrasquilla Caballero. sccc.-
Fotografía del Palmeraie de Marrakech. El perfil general de la ciudad de la “adelfa blanca” se debe a los almorávides por los que fue fundada en el siglo XI. Bajo su reinado se plantó un gran bosque de palmeras que aún perdura.