[REQ_ERR: SSL] [KTrafficClient] Something is wrong. Enable debug mode to see the reason. Al-Hakam II – Cosas de Cordoba

Al-Hakam II

Escultura de Alhajen II como homenaje al cumplirse 1000 año de su muerte. Se encuentra en Córdoba, en la plaza Campo Santo de los Mártires. Lugar donde se localizar los Jardines del palacio califal y tal vez la rauda donde este enterrado.  fue inaugurada el 1 de octubre de 1976. Se trata de una estatura de medio cuerpo sobre pedestal realizada en piedra, por el artista Javier Soto.

Alhakén II el califa del saber

El 13 de enero del año 915 nacía en Córdoba al-Ḥakam ibn ʿAbd al-Raḥmān, conocido en la historiografía como Alhakén II, hijo del gran califa Abderramán III y destinado desde la infancia a continuar su obra. Ocho años tenía cuando su padre lo proclamó heredero al trono, asegurando así la continuidad de la dinastía omeya en al-Ándalus.

Su educación fue esmerada y propia de un príncipe llamado a gobernar el estado más poderoso de Occidente en aquel momento. Su padre le obligó a residir en palacio bajo su estricta supervisión y a retrasar durante años el matrimonio, con el fin de que dedicase toda su atención a la preparación intelectual y política. Estudió gramática, derecho, historia, teología, poesía y administración, recibiendo además formación militar. Acompañó en diversas ocasiones a su padre en las campañas de frontera, aprendiendo sobre el terreno las tareas del mando.

Cuando en 961 muere Abderramán III, Alhakén tiene ya 47 años, una larga experiencia de gobierno y una sólida cultura. Adoptó el título de al-Mustanṣir bi-llāh («el que busca la ayuda victoriosa de Dios»), y se convirtió en el segundo califa de Córdoba. Lejos de iniciar un camino nuevo, se propuso consolidar la obra de su padre. Bajo su autoridad, al-Ándalus alcanzó no solo su apogeo político y económico, sino también su máximo esplendor cultural.

El reinado de Alhakén II fue recordado como un periodo de paz, estabilidad y prosperidad. Mientras su padre había tenido que afirmar el califato frente a enemigos internos y externos, a él le correspondió gobernar en una etapa de consolidación. Su corte brilló como una de las más refinadas de Europa y del mundo islámico. Se rodeó de sabios, poetas, médicos, arquitectos y juristas, apoyó a las minorías religiosas, y estableció un sistema administrativo basado en la meritocracia más que en los linajes, otorgando cargos a árabes, bereberes, eslavos, judíos o cristianos por igual.

Entre sus grandes obras materiales destacan la continuación de las construcciones de Medina Azahara, la fastuosa ciudad palatina a las afueras de Córdoba, y la ampliación de la Mezquita Aljama de Córdoba, cuyo mihrab decorado con mosaicos bizantinos es considerado una de las joyas del arte andalusí.

Pero su verdadero legado no estuvo solo en la piedra, sino en el saber. Se le considera el gran bibliófilo del califato: reunió una de las bibliotecas más importantes de la Edad Media, con más de 400.000 volúmenes, que incluían manuscritos griegos, latinos, persas y orientales, muchos de ellos traducidos al árabe por encargo suyo. Bajo su reinado, Córdoba se convirtió en un faro de conocimiento, atrayendo a estudiantes y sabios de todos los rincones del Mediterráneo. Fundó además 27 escuelas públicas en las que los maestros enseñaban gratuitamente a los niños pobres y huérfanos, decretando incluso la enseñanza obligatoria, una medida sorprendente para la época.

En el ámbito familiar, primero estuvo unido a Radhia, con quien no tuvo descendencia. Más tarde, al acceder al trono, contrajo matrimonio con Subh —llamada también Aurora o Zohbeya—, una esclava vascona a la que dio el título de Chafar. Con ella tuvo dos hijos: Abderramán, que murió joven, e Hisham, quien acabaría siendo su sucesor como califa bajo el nombre de Hisham II.

En la corte se apoyó en figuras clave: el general Gálib, un liberto de origen eslavo encargado de la defensa de la frontera norte frente a los reinos cristianos, y su chambelán y amigo personal al-Mushafi, hijo de su preceptor, que llegó a ejercer de facto el gobierno durante la enfermedad del califa. También la sultana Subh tendría un peso determinante en la política palaciega.

El 1 de octubre del año 976, Alhakén II moría en Medina Azahara, víctima de una angina de pecho. Lo acompañaban en sus últimos instantes dos de sus cortesanos más cercanos. Su muerte ponía fin al reinado más culto, pacífico y fecundo de la dinastía omeya en al-Ándalus.

Su figura quedó grabada en la memoria como la de un califa amante del saber, protector de la diversidad y constructor de un califato que, en su tiempo, fue considerado un auténtico paraíso terrenal en el Occidente medieval. Soledad Carrasquilla Caballero. sccc.

Píxide llamado de Zamora, una joya del arte califal, tallado en Media Azahara. Contiene inscripciones que indican que fue un regalo del califa Abû al-`Âs al-Mustansir bi-llah al-Hakam ibn `Abd ar-Rahman (, أبو العاص المرتضى الحكم بن هشام), a su esposa Subh, como presente por el nacimiento de su primer hijo según indica la inscripción. Destaca por su increíble detalle y finura en la ejecución.
Fue propiedad de la Catedral de Zamora. En 1911 el cabildo catedralicio lo vendió, previa autorización del Nuncio Apostólico.
Ante el temor de que la pieza saliese de España, inmediatamente se puso en conocimiento del gobierno de Canalejas que, tras debatirlo en las Cortes, se decide comprarlo por 25.000 pesetas y deposita en el Museo Arqueológico Nacional.

Reproducción del Píxide de Zamora.