
Batalla de Poitiers, representa un triunfante Charles Martel (montado) dirigiéndose hacia Abdul Rahman Al Ghafiqi (a la derecha) Oleo de Charles de Steuben que se encuentra en el Palacio de Versalles.
El 10 de junio del año 721, Abu Said Abd ar-Rahman ibn Abd Allah al-Gafiqi fue proclamado el sexto valí de Al-Andalus en el mismo lugar donde, años antes, se había librado la Batalla de Tolosa. En esta batalla, el vali As-Samh ibn Malik había perdido la vida enfrentándose al duque de Aquitania, Eudes, también conocido como Odón. La designación de Al-Gafiqi como vali fue un momento decisivo, ya que marcaba el inicio de una nueva fase en la historia militar de Al-Andalus.
Una de sus primeras decisiones fue una maniobra compleja y arriesgada: proteger los restos del ejército de Narbona, que se encontraba en una situación delicada. Esta retirada no sería sencilla, ya que la fortaleza de Carcasona, que se encontraba en una posición estratégica, cerraba el paso y dificultaba cualquier intento de escapar o reagruparse. Sin embargo, Al-Gafiqi logró sortear esta complicada situación, asegurando que sus tropas pudieran reagruparse sin mayores pérdidas, lo que consolidó su reputación como un líder militar hábil.
Su mandato como vali se extendió inicialmente hasta 722, pero su figura seguiría teniendo un papel relevante en los años siguientes, cuando en 730, tras una serie de eventos políticos, sería nuevamente nombrado vali, cargo que desempeñaría hasta su muerte en 732. Durante este tiempo, Al-Gafiqi ganó gran popularidad entre sus soldados, quienes lo respetaban profundamente debido a su generosidad al repartir el botín de las campañas militares. Esta actitud hacia sus hombres no solo reforzó su vínculo con el ejército, sino que también contribuyó a su crecimiento como figura carismática y respetada en el ámbito militar.
No obstante, su cercanía con las tropas y su política de reparto de botines no fueron bien vistas por todos en la corte de Al-Andalus. Envidias y luchas internas se desataron en la esfera política, lo que provocó que sus rivales intentaran obstaculizar su trabajo. Esta situación de tensiones políticas hizo que fuera muy difícil rehacer y reorganizar el ejército para una futura campaña al norte de los Pirineos, lo que minó su capacidad de actuar de manera efectiva en el plano estratégico.
En agosto de 722, se produjo un giro significativo en su mandato: el valí Anbasa ibn Suhaym al-Kalbi fue nombrado para reemplazar a Al-Gafiqi. Sin embargo, Al-Gafiqi no se rindió, y en 730, volvió a ser nombrado vali de Al-Andalus. En ese mismo año y en el siguiente, mantuvo una intensa actividad militar, particularmente en Asturias, buscando consolidar la presencia musulmana en el norte de la península. En 732, decidió lanzar una nueva incursión, esta vez dirigida al monasterio de San Martín de Tours, en lo que sería una de sus últimas campañas militares.
Partiendo desde Pamplona, cruzó los Pirineos, ascendiendo hasta Roncesvalles y luego dirigiéndose hacia Burdeos, con la complicidad de algunos nobles locales que le proporcionaron apoyo. Sin embargo, cerca de Poitiers, a unos 20 km al nordeste de la ciudad, se encontró con el ejército de Carlos Martel, el duque de los francos. La Batalla de Poitiers, que tuvo lugar en octubre de 732, resultó ser un desastre para las fuerzas musulmana. Al-Gafiqi cayó en combate y perdió la vida, lo que significó un golpe devastador para la expansión musulmana en Europa. Tras la derrota, las tropas sobrevivientes se retiraron a Narbona, marcando el fin de una etapa crucial en la historia militar de Al-Andalus.
La figura de Al-Gafiqi quedó como un símbolo de la lucha militar y la resistencia, pero también como un ejemplo de cómo las tensiones internas y las dificultades políticas pudieron haber socavado sus esfuerzos y contribuido a la derrota final en Poitiers. Soledad Carrasquilla Caballero. sccc.-