
Pintura de Gustavo Adolfo Bécquer, realizado en 1862 por Valeriano Bécquer. Se encuentra en el Museo de Bellas Arte de Sevilla.
El día 22 de diciembre del año 1870 Gustavo Adolfo Bécquer (Gustavo Adolfo Claudio Domínguez Bastida) moría en Madrid (coincidiendo con un eclipse total de sol). El poeta había nació en Sevilla, 17 de febrero 1836.
Hombre de múltiples contradicciones y sello distintivo del Romanticismo europeo
Sus escritos reflejan el esfuerzo por encontrar, a través de la palabra, la síntesis de un universo dividido entre el sueño y la razón.
En contacto permanente con el mundo de la pintura y gran conocedor de la música, concibe todas las bellas artes como manifestaciones de un único sentimiento entusiasta. De ahí la suavidad y universalidad de composiciones literarias tales como las Rimas.
Destaca, además de como periodista y narrador de leyendas, por ser el precursor de nuestra mejor poesía contemporánea.
Romántico tardío, ha sido asociado igualmente con el movimiento posromántico. Aunque en vida ya alcanzó cierta fama, solo después de su muerte y tras la publicación del conjunto de sus escritos llego el prestigio con el que hoy se le reconoce. Su obra más célebre son las Rimas y Leyendas
Hijo del pintor José Domínguez Insausti, que firmaba sus cuadros con el apellido de sus antepasados como José Domínguez Bécquer. Su madre fue Joaquina Bastida Vargas.
Tanto Gustavo Adolfo como su hermano, el pintor Valeriano Bécquer, adoptaron Bécquer como primer apellido en la firma de sus obras.
Un los días anteriores a su muerte Bécquer pidió a Augusto Ferrán que quemase sus cartas («serían mi deshonra») y que publicasen su obra («Si es posible, publicad mis versos. Tengo el presentimiento de que muerto seré más y mejor conocido que vivo»); pidió también que cuidaran de sus hijos. Sus últimas palabras fueron «Todo mortal».
A la salida del funeral celebrado por Bécquer, el pintor Casado del Alisal propuso a varios de los asistentes la publicación de las obras del malogrado escritor. Así se acordó una suscripción pública para recaudar fondos. Ese propósito respondía a dos motivos: por un lado honrar al amigo fallecido y por otro ayudar económicamente a la mujer e hijos de Bécquer. Bécquer le debe a Casado del Alisal su gloria literaria, ya que sus obras podrían haber sido olvidadas de no ser por la decisión de Casado
Lo enterraron en el cementerio de San Lorenzo y San José, de Madrid. Más adelante, en 1913, los restos de los dos hermanos Bécquer fueron trasladados a Sevilla, reposando primero en la antigua capilla de la Universidad, y desde 1972 en el Panteón de Sevillanos Ilustres. sccc.

Enterramento de los hermanos Bécquer en el Panteón de sevillanos ilustres, cerca de la tumba de cordobe
és José Amador de los Ríos.

De talle del ángel de los recuerdos de la tumba de los hermanos Bécquer,