
Fotografia de Córdoba vista desde el Campo de la Verdad
La República cordobesa (la primera en la historia despues de la republica romana) surgió en 1031 a raíz de la desintegración que el Califato de Córdoba venía sufriendo desde 1008.
Tras la caída del Califato Omeya, al-Ándalus comenzó a fracturarse en pequeños emiratos independientes, los llamados reinos de taifas. Córdoba, como centro del poder y sede del Califato fue la última Cora en declarase independiente. Tras la abdicación del último califa y su huida de Córdoba, la ciudad se quedó sin liderato. Un consejo de notables de la ciudad decidió dar el poder a, Abú’l Hazm Yahwar bin Muhammad. Éste desarrolló pronto un sistema de gobierno republicano, con un consejo de estado de ministros y jueces, con el cual consultaba antes de tomar cualquier decisión política. Así, bajo Abú’l Hazm, Córdoba fue gobernada por una élite colectiva en lugar de un solo emir. De hecho, más que verse a sí mismo como el señor de su pueblo, Abú’l Hazm se veía como el protector de Córdoba, que cuidaba de la ciudad y sus habitantes.
Abú’l Hazm (que nunca vivió en el alcázar, sino en su propia casa) gobernó la ciudad desde 1031 hasta su muerte en 1049. Fue sucedido por su hijo Abú’l Walid Muhammad, quien continuó el buen gobierno de su padre durante 21 años. A medida que se fue haciendo mayor, Abú’l Walid comenzó a ceder el poder de la República de Córdoba a sus dos hijos: Abd al-Rahman de Córdoba y Abd al-Malik de Córdoba. Los dos hermanos pronto se enfrentaron, hasta que Abd al-Malik consiguió arrebatar todo el poder a Abd al-Rahman. El enfrentamiento desestabilizó la república y Abd al-Malik recurrió al emir de Sevilla, Abbad II al-Mu’tadid. La cooperación entre Córdoba y Sevilla alarmó a al-Mamún, emir de Toledo, quien mandó un ejército para sitiar Córdoba y capturar a Abd al-Malik. La ocupación toledana de Córdoba duró hasta que Muhammad ibn Abbad al-Mu’tamid sucedió a su padre como emir de Sevilla en 1069. Al-Mu’tamid derrotó al ejército toledano en 1070, pero en lugar de liberar Córdoba la la anexionó a la Taifa de Sevilla. Abd al-Malik fue hecho prisionero y posteriormente exiliado a la Isla Saltés, lo que marcó el fin de la República cordobesa. sccc